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Rodrigo Arim reconoce que le causó "estupor" la magnitud de las repercusiones pero reiteró que no se puede justificar con la ironía o el cine una frase a la que no se dio contexto.

La gran controversia generada en torno al pizarrón de Coffee Shop y todas las implicancias que derivaron de él (las acusaciones de supuesto racismo, las actuaciones gubernamentales, el debate sobre la libertad de expresión) se inició en un tuit acompañado de una foto, que dio a conocer la frase polémica en cuestión. Quien lo escribió fue el decano de la Facultad de Economía, Rodrigo Arim, quien también se vio envuelto en muchas críticas por las consecuencias imprevistas que generó el mensaje y por no haber comprobado - antes de tuitear- que efectivamente el pizarrón del local tuviera un afán discriminador.

Fue su mensaje en redes sociales el que puso en alerta a las autoridades de la Intendencia, generando una avalancha de acontecimientos que sigue hasta nuestros días y cuya última adición es el acta de intimación del Ministerio de Trabajo al comercio.

Arim decidió escribir una carta en la que hace referencia a la situación, que fue publicada hoy por el periódico la diaria. El decano de Economía se refirió a las excusas o argumentos esgrimidos por quienes lo criticaron. Por ejemplo, que la frase es una broma o ironía y que es una cita cinéfila de Quentin Tarantino y que "por tanto, ofenderse por su publicación constituye un acto de (inculta) intolerancia con clara vocación policial y búsqueda de amordazar la libertad personal".

Para Arim, "siempre el contexto importa", por lo que "la supuesta intencionalidad graciosa no amerita mayores comentarios". "Chistes machistas o xenófobos han sido siempre canales de agresividad y estigmatización. Imaginemos que alguien coloca un cartel en la puerta de su negocio escribiendo en tiza alguno de esos conocidos chistes, sin más aclaración, como llamador para potenciales compradores. No se haría esperar el repudio social y difícilmente emergieran defensores del emisor del mensaje", señaló.

"Aceptemos por un momento que efectivamente la frase es una invención originada en el brillante humor negro de Tarantino en ‘Los ocho más odiados' (...) Bajo esta premisa, la lógica subyacente es casi tenebrosa por autoritaria. Si cualquier ciudadano se encuentra con una afirmación rotundamente agresiva hacia algún colectivo colocada en un espacio público, no tiene derecho a ofenderse y menos a expresar su disconformidad. Debe respirar profundo y buscar en su maltrecho acervo intelectual para asegurarse que no proviene de alguna selecta obra o de eventos históricos que le den un segundo sentido. Si fracasa en el intento, no ofuscarse aún. Tiene por delante la obligación de pedir asesoramiento a otros conciudadanos con ‘más boliche' (no olvidar consultar a la comunidad tuitera). Sólo si se atraviesan esos pasos puede liberar su indignación ante la aislada frase", agregó.

Arim señala que de todos modos la premisa es falsa porque la frase no es autoría de Tarantino, sino que proviene "de la desgarradora historia social norteamericana, de las más crueles evidencias de discriminación". Recuerda entonces los carteles que había en tabernas sureñas de ese país, con variantes como "prohibido el ingreso de perros, mexicanos y judíos", o "no perros ni negros".

La genialidad de Tarantino, según el decano de la facultad, es hacérsela pronunciar a un personaje negro, "objeto habitual de discriminación en los mencionados carteles", por lo que en ese contexto "adquiere otro significado y dimensión, prácticamente opuesto al sentido literal y original". "Una frase sin contexto tiene un significado dado por su contenido explícito. Un cartel que reza ‘no se permite el ingreso de perros y mexicanos' dice eso y nada menos brutal que eso. Afirmar que nadie se puede ofender ante esa manifestación pública por no haber disfrutado de ‘Los ocho más odiados' excluye a 99% de la población del derecho a la indignación ante una frase con un sentido claramente discriminatorio, aun cuando a todas luces parece una broma", apunta.

"Es en el emisor del mensaje, y no en quienes nos encontramos con una afirmación agresiva, donde radica la responsabilidad de darle sentido. ¿Aceptaríamos una ciudad plagada con frases fuertemente discriminadoras sólo porque provengan de fuentes supuestamente cultas o de culto?", reflexiona.

Luego especula sobre lo que habría sucedido si en alguna otra obra cinematográfica se pronunciaran frases como "no se permite el ingreso de perros y negros", "no se permite el ingreso de perros y judíos", "no se permite el ingreso de perros y pieles rojas". "Supongamos que en los tres casos se repite el evento visto en estos días y un comerciante montevideano escribe al pie del habitual pizarrón la frase de marras. ¿Cuál habría sido la reacción de la sociedad uruguaya en los tres casos? ¿Habría sido simétrica?", se pregunta, y agrega que en el último caso "la discusión en redes sociales se apagaría lánguidamente en el correr de una mañana".

Distinto sería en los dos primeros casos, opina, porque es chocante pensar que alguien lo haría con "referencia a dos colectividades constitutivas de la sociedad e identidad uruguaya". "Nadie lo vería con gusto a broma", dice Arim.

"No sucede lo mismo con los mexicanos porque no son una parte constitutiva relevante de la sociedad uruguaya; son un pueblo que consideramos cercano pero no integrante de nuestra vida social cotidiana. Cuanto más cercanos son nuestros vínculos, más airadamente respondemos y menos dispuestos estamos a aceptar expresiones de esta naturaleza. El hecho de que para algunos sea una broma admisible o de simple mal gusto habla de la lejanía de los sujetos ‘discriminados'. Podrá ser muy ‘humanamente entendible', pero la asimetría, que estoy seguro operaría en la respuesta, habla de la presencia de cierta mentalidad aldeana en nosotros, según la cual la gravedad de la ofensa depende de quién es el ofendido. En esto también me corresponden las generales de la ley: no presumo de purismo, y es muy posible que el grado de mi indignación descanse en el hecho de que mi esposa es mexicana y dos de mis hijas cuentan con la misma nacionalidad", agrega, además de recordar que "la coyuntura internacional ubica a los mexicanos como un grupo humano vulnerable".

"Una afirmación en espacios públicos sobre grupos sociales que no explicite los contextos puede herir por la contundencia de su agresividad intrínseca. Enmarcada en un relato diferente, la misma afirmación puede ser una herramienta poderosa de reconocimiento. Al usar afirmaciones potencialmente hirientes, es al emisor a quien le corresponde asegurar que el sentido del mensaje llegue de forma adecuada", indica Arim.

"Esta historia comienza con un simple tuit, en el que expresé mi molestia con un cartel que considero discriminatorio. Confieso mi estupor ante la magnitud de la discusión generada y su grado de trascendencia, incluso fuera de fronteras. Un cartel es un cartel. Entiendo que el hecho de que un evento de este tipo adquiera una preponderancia como la acaecida banaliza los tópicos de fondo. Hay temas muchos más urticantes con respecto al racismo y las minorías, que no ocuparon en el último año ni una décima parte del espacio y esfuerzos que esta discusión ocupó en los últimos cinco días. Sólo para citar un ejemplo: la vida de los nuevos migrantes en Uruguay no genera este nivel de movilización. Ojalá que sirva para comenzar a relacionarnos mejor en una comunidad cada vez más diversa", concluye el decano.

 

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