Contenido creado por Nicolás Delgado
Libros

Ensayo sobre lo que ciega

A un mes del crimen del sicario brasileño “Muito Loco” en Penal de Libertad, su historia

Compartimos parte del capítulo 5 de Historias de sicarios en Uruguay. Entrevistas y confesiones, el premiado libro de Gustavo Leal.

12.01.2022 16:06

Lectura: 28'

2022-01-12T16:06:00
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Montevideo Portal

Historias de Sicarios en Uruguay. Entrevistas y confesiones, el primer libro de Gustavo Leal, fue una de las novedades literarias más valoradas del 2021 por gran parte de la crítica y de los lectores, por lo que mereció el Libro de Oro, que entrega la Cámara Uruguaya del Libro a las obras más vendidas, en la categoría Libro de autor nacional no ficción.

En esta colección de seis relatos sobre sicarios y sus peripecias en territorio oriental, Leal sumerge al lector en mundos cotidianos donde rencillas de diversa índole sacuden y arruinan vidas. La voz de los protagonistas, de los autores intelectuales o materiales de estos crímenes modernos, se escucha en la obra, en entrevistas con el autor.

La advertencia de las primeras palabras del prólogo es sensata: “Este es un libro difícil de leer. Les pido disculpas. Hay historias de sangre y confesiones increíbles. Hay dolor de víctimas y familias. Me consta la crudeza, pero quise reflejar lo que verdaderamente sucede. No soy escritor ni novelista, soy sociólogo y he actuado en el servicio público. Mi interés es comprender para transformar, y para eso la honestidad sobre el pasado y el presente es clave. Ningún mentiroso o negador cambió nunca la realidad. Prefiero asumir lo que sucede a regodearme con la mentira”.

Leal trabajó ocho años en el Ministerio del Interior como asesor de Eduardo Bonomi, entre 2012 y 2020; fue director de Seguridad y Convivencia Ciudadana de la cartera durante los últimos años, y conoció de primera mano estas historias.

Historias de sicarios en Uruguay…, publicado en 2021 por Debate (de Penguin Random House Grupo Editorial), va por su sexta edición y ha generado interés en productoras audiovisuales que encontraron en sus páginas venganza, muerte y justicia, atravesadas por una modalidad delictiva en la que no suelen hurgar escritores de aquí ni de otras latitudes. “Tuve conversaciones con realizadores interesados. Al momento están en fase de análisis. Hay interés, pero aún no se concretó. Ojalá se concrete”, contó Leal a Montevideo Portal.

Todas las historias contadas son recortes sin terminar. Protagonistas de tres de las seis tramas que presenta el libro llegaron a las páginas de los portales de noticias y a los informativos de televisión durante el año pasado, después de la publicación del ensayo. En primer lugar, Stefanía Quirque, condenada por intentar matar a la esposa de su amante en 2008, fue detenida en Piriápolis por efectivos de Interpol en agosto del 2021, y un mes después se fugó. En segundo lugar, hace un mes, el domingo 12 de diciembre, mataron en el Penal de Libertad a un sicario integrante del Primer Comando de la Capital. Por último, hace pocas horas Erwin “Coco” Parentini, exbarrabrava de Peñarol, fue enviado a módulo de máxima seguridad del Instituto Nacional de Rehabilitación tras amenazar con vengare del asesinato de un joven de 17 años en el barrio La Unión.

Marcio Portes, apodado “Muito Loco”, fue asesinado a los 39 años y meses antes negó que lo respetaran en la cárcel por ser integrante del Primer Comando de la Capital, uno de los grupos criminales más importantes de Brasil. “Aquí nadie respeta a nadie. Aquí se pelean en las visitas, aquí no hay respeto cuando hablan. Aquí no hay respeto a las visitas, a los niños. Aquí son locos por el cuchillo. No respetan a nadie”, le respondió a Leal en la entrevista que le realizó.

Un mes después del crimen, reproducimos parte del capítulo 5 de Historias de sicarios en Uruguay, titulado “El soldado del Primer Comando de la Capital”, motivados en el desafío que expresa el autor en el prólogo: “Es un texto que habla de la muerte, de la desidia y del desamor. Procura ahondar en la condición humana desde un lugar poco frecuente y a la vez que nos ilumina sobre lo peor de la sociedad; también intenta dar pistas para entender a sus protagonistas, sin que eso implique justificar, aceptar o defender las atrocidades que cometieron. Sobre eso que no queremos pronunciar y ni siquiera queremos decir que existe, hablan los testimonios directos de protagonistas que desearíamos no fueran real”.

El soldado del Primer Comando de la Capital

Día: 25 de abril, 2019.

Lugar: casa de la víctima, en el Barrio Mandubí de la ciudad de Rivera.

Víctima: Juan Andrés Bicker da Rin, alias el Canario (32 años).

Día: 2 de mayo, 2019.

Lugar: casa de la víctima, en el Barrio El Cuartel de la ciudad de Rivera.

Víctima: Ricardo Emanuel Fernández López (32 años).

Día: 22 de mayo, 2019.

Lugar: calle Japón próximo a la zona del antiguo Matadero del Norte de la ciudad de Rivera.

Víctima: Franciane Da Rosa Ribeiro Cardoso (21 años).

Autores: Marcio Portes Martins, alias "Muito Loco" (37 años); Ernesto Andrés Vargas Villanueva, alias "Cachorriño" (44 años); Andresa Silva, alias "Preta" (23 años); Cristian Matías Ibáñez (18 años), Yeimes Valentín Brum (29 años), María Sonia Vázquez Sanguinetti (50 años).

En los primeros días de abril del 2018, Marcio Portes recibió una llamada con instrucciones precisas de un “hombre fuerte”. “Me mandaron a cobrar. Ellos no pagaron 35 kilos de pasta base. Vine a cobrarle y a matarlos”, asegura con la mirada serena.

Marcio Portes Martins es un brasileño de 37 años que se presenta como un soldado del Primer Comando de la Capital (PCC). Apodado "Muito Loco", vino al Uruguay a prestar servicio al jefe de un grupo de narcotraficantes de Río Grande del Sur que controla la ruta de tráfico de armas y drogas entre Rivera y Porto Alegre.

Desde joven fue un combatiente y defendió con su vida a la “facción”. No recuerda exactamente cuántas personas asesinó, pero haciendo memoria cree que fueron “ocho o nueve” en Brasil. “No llevo la cuenta” dice, aunque sí recuerda a su primera víctima.

Su periplo en la organización fue ascendente y violento. En enero de 2018, luego de más de once años de prisión, obtuvo salidas transitorias de la cárcel con uso obligatorio de tobillera electrónica para ser monitoreado. A las horas de estar en libertad, arrancó el dispositivo de su cuerpo y pasó a ser un miembro clandestino del PCC con una nueva identidad y un nuevo rol en la organización. La reconversión lo llevó a ser gerente del Morro Cruzeiro, responsabilidad que implicó hacerse cargo de 50 personas para la distribución y control de la droga en esa área de Porto Alegre. Por 600 reales la organización le consiguió nueva documentación y pasó a llamarse Valderi Padilha.

Entre finales de abril y principio de mayo de ese año, este soldado brasileño atentó contra la vida de tres personas en territorio uruguayo. Por cábala decidió hacerlo el mismo día y a la misma hora, pero con una semana de diferencia entre sí. De esa forma, cada miércoles a las 21 horas el sicario entraba en acción.

"Cachorriño" al teléfono

El uruguayo Ernesto Andrés Vargas Villanueva, alias Cachorriño, está preso en la cárcel Central de Porto Alegre. Tiene 44 años y un largo historial criminal en los dos lados de la frontera. Recluido desde 2007, ha sido el responsable del tráfico de armas desde Uruguay hacia Brasil que negocia con distintas bandas criminales. El pago que recibe es con cocaína y pasta base, que comercializa de los dos lados de la frontera binacional en Rivera.

Cachorriño desde la cárcel Central de Porto Alegre organizó la logística para que al llegar el sicario tuviera todo a disposición. Los trabajos implicaban tareas previas de inteligencia para tener la rutina de las víctimas, como así también armas, chalecos antibalas, auto y moto para trasladarse, además de lugares para la permanencia en ambos lados de la frontera.

El sicario viajó en auto casi 600 kilómetros y se alojó del lado brasileño en Santana do Livramento, en el hotel Pousada Hot, ubicado a 50 metros de línea de la frontera.

Al llegar a Rivera ya tenía en su celular las fotos de las personas a las que debía matar y el contacto de "Preta", quien era su enlace en Uruguay.

Una mañana a finales de abril, "Preta" estaba en su casa en el barrio Villa Sonia de la ciudad de Rivera cambiando los pañales a su pequeño hijo. Su otra hija de 6 años aún dormía en la precaria habitación donde vivía. Ese día recibió la llamada de Cachorriño a su celular, con órdenes claras para que prestara asistencia a alguien que llegaría de Brasil.

"Cachorriño" supervisaba cada detalle de la operación desde su celda en Brasil. A través del WhatsApp iba dirigiendo a todo el equipo que desplegaba y asumía el control de cada paso. Desde Brasil había enviado a un sicario y a un asistente, pero inicialmente se habían alojado por error en hoteles diferentes y uno de ellos se había quedado sin dinero. Preocupado, "Cachorriño" se comunicó con "Preta" y le solicitó que contactara a uno de ellos, pagara la cuenta del hotel y lo llevara a otro hotel donde se encontraba el sicario y su asistente de apoyo. El plan original era que ambos alquilaran luego una casa, pero finalmente eso no se concretó.

El diálogo es revelador del monitoreo a distancia que realiza el jefe para no dejar nada librado al azar.

"Cachorriño" (C). Amiga, yo preciso que agarres a tu marido y vayan los dos al hotel a levantar a un gurí, ya que si fuera una gurisa te mandaba sola pero ta. Agarralo allí en el Hotel que el gurí aquel está ahí y tiene que pagar la diaria. El gasto es de tres mil para él. Hay que pagar el hotel para él. Llevá dinero y pagá el hotel. Después llevalo allí que el otro gurí lo va a levantar allí y los voy a soltar a los dos en una casa.

Te pido que llegues allí para mí ahora, en el hotel Brasil, bien frente a la Rodoviaria. ¿ta, amiga? Haceme ese favor.

"Preta" (P). Ta Don, estoy acá frente al hotel Brasil. ¿Será que usted tiene cómo pedirle que salga para afuera, que estoy acá frente al hotel y no lo veo?

(C) Amiga, entrá ahí (al hotel) y preguntá por él, que él no está entrando en contacto conmigo, estoy intentando y no contesta.

(P) Yo estoy acá en el hotel Brasil y di el nombre de él en la recepción y dijeron que no, que hay solo dos señoras de edad y un hombre de más de 40 años hospedados en el hotel Brasil.

Mire que el hotel Brasil no es cerca de la Rodoviaria como usted me dijo. Son unas cuatro cuadras de la Rodoviaria. Capaz que él está en otro hotel cerca de la Rodoviaria. Tiene que decirme el nombre del hotel para yo ir hasta él. ¿Es seguro que es este?

(C) Hotel Livramento, yo me equivoqué. Me equivoqué, me equivoqué yo. Disculpas Preta, ¿ta? Está en el Hotel Livramento. Tu solo cruza y te paras enfrente que ellos te buscan. Es el de la esquina de la Rodoviaria, bien en la esquina, ¿ta?

(P) Ta, entonces ya estoy llegando allí ya.

Finalmente, el sicario que logró entablar diálogo con "Cachorriño" reconoció a "Preta" y establecieron todas las coordinaciones necesarias para lo que sucedería en los días siguientes.

"El Canario" “ya no vuela”

El 25 de abril a las 21.55 horas entró una llamada al 911 solicitando la presencia de la Policía en el barrio Mandubí, ubicado en la periferia de la ciudad de Rivera.

A esa misma hora, Muito Loco mandó un mensaje por WhatsApp hacia Brasil donde informaba que “o 'Canário' não voa mais”.

Minutos antes de las 21.30 horas había llegado hasta la casa de Juan Andrés Bicker da Rin, alias "el Canario", junto a un “motonetista” que lo trasladó y le señaló el lugar. Dejaron la moto en la esquina de Carlos de Mello y Santiago Queirolo y ambos caminaron hacia una vivienda de madera con techo de chapa de zinc y piso de hormigón. En esa casa funcionaba una boca de venta de drogas y vivía "el Canario", de 34 años, con su pareja de 40 años y un hijo de 8 años. También habitaban esa finca dos adolescentes, un varón y una mujer, fruto de una relación anterior de la pareja, a la cual apodaban “la Canaria”. Aquel día todos estaban ahí.

Cuando los sicarios se bajaron de la moto en la esquina, "el Canario" estaba en la puerta de su casa y algo intuyó. Ingresó corriendo a su domicilio y a los gritos le pidió a su familia que se tiraran todos al piso. Segundos después, pateando la puerta ingresaron dos personas, una de los cuales se quedó en la entrada sin hablar, y la otra le apuntó al "Canario" y lo obligó a tirarse en el piso.

Con mucha violencia, "Muito Loco" preguntaba dónde estaba el dinero y la droga mientras movía su pistola apuntando a todos los que estaban en aquel living. La adolescente le dijo llorando que ella tenía dinero y le suplicó que no matara a su padrastro. Fue hasta su dormitorio y le trajo una alcancía que contenía menos de 300 pesos. ¿Esto es lo único que tenés?, le dijo tomándola del cabello y arrastrándola hasta donde estaba el padrastro mientras la golpeaba en la cabeza con la culata de la pistola. La madre intentó tranquilizar al sicario y le dijo que ella tenía dinero en su cartera de jean y se la entregó. Al revisarla observó que la mayoría eran billetes de 20 pesos y monedas y la tiró al piso, obligando a la madre a juntarla de nuevo y además colocar en esa cartera su celular y el de su hija. Le pidió que le dijera cuánta plata había y le contestó que eran unos dos mil pesos.

"Muito Loco" se quedó con la cartera, y apuntando a la mujer pidió que el niño de 8 años se fuera del living. Segundos después disparó tres veces en la cabeza al "Canario", quien murió al instante sobre la alfombra que cubría una parte del piso de hormigón de su living.

Un vecino que salía de su casa vio correr hacia la moto a una persona con un buzo tipo canguro, con la capucha puesta pero sin taparse la cara. Este se detuvo, le apuntó con el arma y le dijo “entrá para dentro si não eu te mato”. El hombre le hizo caso.

La moto recorrió en pocos minutos los cinco kilómetros de distancia entre el barrio Mandubí y la línea de la frontera, donde Preta estaba esperando en una plaza. Ahí el sicario le entregó el arma que había utilizado y cruzó la calle. Ya estaba en Brasil. Se compró unas latas de cerveza y se fue para la Posada Hot. “Salió todo chiche”, dice al describir con detalle lo que considera una acción rápida y sin contratiempos.

El fallo en el barrio El Cuartel

Exactamente una semana después del primer homicidio y poco antes de las 21 horas, "Muito Loco" se dirigió al barrio El Cuartel a matar a Ricardo Emanuel Fernández López, de 32 años. Él estaba mirando un partido de fútbol en la televisión cuando recibió una llamada a su celular diciéndole que saliera de su casa porque "el Patrón" quería hablar con él. Afuera estaba el auto estacionado. El sicario y su acompañante descendieron del vehículo y mantuvieron un corto diálogo donde le informaron que "el Patrón" llamaría en instantes y ellos le traerían un celular para que hablara con él. Le pidieron que no se moviera de ahí y los esperara afuera de su casa, que ya volvían. El auto se fue y regresó a los minutos. El sicario se bajó para entregarle un teléfono que tenía en su mano izquierda, diciéndole que el jefe estaba en línea. Cuando está a dos metros de distancia extrae de entre su ropa un arma y le dispara 12 veces con una pistola 9mm. La víctima corre hacia el interior de la vivienda tratando de protegerse, pero cae antes de llegar a la puerta.

Al escuchar el estruendo de las detonaciones varios vecinos llamaron al 911 y a los pocos minutos arriba un patrullero. Los policías logran hablar con el herido, quien les describe con detalle el auto aportando el modelo, color y chapa. Es trasladado por una ambulancia hacia el hospital y lo ingresan al CTI con múltiples heridas de arma de fuego. Pero no todos los disparos le habían impactado en el cuerpo. Cuatro de ellos quedaron incrustado en la fachada de una casa vecina y uno en un neumático de un auto que estaba estacionado. Además, en el ínterin entre que el auto estacionó por primera vez en su casa y volvió luego a los pocos minutos, la víctima había aprovechado para ponerse debajo de la campera un chaleco antibalas porque sospechaba que esa supuesta llamada podía ser una trampa.

El Chevrolet rojo salió de la escena con mucha rapidez y se dirigió a la línea divisoria, donde el sicario y su acompañante se bajaron. “Hacé desaparecer este auto”, le dijeron a Cristian Ibáñez.

"Muito Loco" luego de terminar el “encargo” se dio un baño en la Posada y se fue a la casa de Preta, en Villa Sonia, para entregarle el arma utilizada. Como lo habían hecho en días anteriores, esa noche volvieron a dormir juntos. “Yo me apasioné la primera vez que vi a 'Preta'”, recuerda. A la espera de enmendar el error ya que el segundo “encargo” no falleció, extiende su estadía al tiempo que dilata para el 22 de mayo el asesinato de la tercera en la lista, que era una mujer.

Al día siguiente la Policía perició el neumático del auto para extraer el proyectil a los efectos de comparar si el arma con la cual se había disparado coincidía con algún otro hecho.

A su vez, la alerta binacional sobre el auto rojo había dado sus frutos. La Brigada Militar de Livramento encontró abandonado un Chevrolet Prisma con el número de matrícula que aportó la víctima. En su interior se realizaron pruebas en busca de huellas y ADN y se ubicó un tique de compras en el Mercado Super Niederauer de Santana do Livramento, fechado el mismo día que atentaron contra la víctima.

Horas después, la Policía accede a las cámaras del comercio donde quedaron registrados con total nitidez el sicario junto a Cristian Ibáñez, haciendo compras de refrescos y galletitas en la tardecita de ese día.

Durante varios días cruzaron información con la Policía brasileña para identificar a esas personas.

La caída

El 22 de mayo, un nuevo homicidio ocurre en Rivera. En horas de la noche es asesinada de tres disparos Franciane Da Rosa Ribeiro Cardoso, de 21 años, oriunda de la ciudad de Porto Alegre, Brasil.

Ella era el nexo para el tráfico de armas y la venta de drogas de una organización criminal que quería desplazar a Cachorriño.

Su cuerpo quedó tendido en la calle Japón, próximo a la zona del antiguo Matadero del Norte de la ciudad de Rivera. Fue ultimada con una pistola automática 357, con la cual le aplicaron tres disparos, uno en la cabeza, otro en el abdomen y el restante en una de las piernas.

En la tardecita, "Preta" junto a Yeimes Valentín Brum, de 30 años, habían ido a hablar con esta mujer cerca del Hotel Solares en Santana do Livramento, a unos 300 metros de la línea divisoria según quedó registrado en las cámaras de filmación. Luego, el mismo hombre la pasó a buscar a las 21.10 en una moto y la trasladó hacia Rivera, donde la esperaba el sicario que le disparó a quemarropa.

El 23 de mayo el círculo se fue cerrando aún más. La Policía obtiene una información que asegura que en una boca de venta de drogas de Villa Sonia había una persona brasilera que se ajustaba a la descripción del sicario que había quedado registrado en las cámaras del supermercado. El informante sostenía que esa misma persona hacía al menos veinte días que frecuentaba el lugar y que esa mañana había llegado un taxi para recogerlo.

Un equipo de investigadores recorre la zona de Villa Sonia sin resultados, pero resuelven ir a la base de radio taxi para conocer si alguien había solicitado un traslado en la mañana desde el barrio. Una llamada desde un celular había pedido un taxi desde la calle Hermanos Artigas para trasladar a un pasajero hasta la Posada Hot, según pudieron constatar. En torno a ese lugar se monta una vigilancia que da resultados cinco horas después, cuando dos personas salen del hotel y se suben a una moto Honda color celeste. A gran velocidad se dirigen al barrio Villa Sonia, donde paran en la calle Hermanos Artigas frente a la casa identificada con el número 95. Un equipo encubierto del área de investigaciones de la Jefatura que logró seguir la moto observa cómo el acompañante entra a la precaria vivienda, permaneciendo en ella durante 15 minutos aproximadamente. Al salir traía en su mano una bolsa. Se sube nuevamente a la moto y parten en dirección a la línea de la frontera.

A diez cuadras de Villa Sonia, la Policía intercepta la moto y detiene a las dos personas. El conductor resultó ser el esposo de la dueña de la Posada y dijo que trabajaba como moto taxi. Declaró que el acompañante estaba alojado en el hotel y le había solicitado un viaje para ir a buscar comida que había comprado a una persona que le cocinaba para él. Toda su declaración fue corroborada como verdadera. Por su parte, el acompañante se identificó como Valderi Padhiha y mostró su carné de identidad.

Además, reafirmó el relato del conductor y mostró a los agentes que en la bolsa tenía empanadas y dos milanesas que aún estaban calientes. Fueron trasladados a la comisaría para chequear su identidad, ya que ambos eran extranjeros. Las autoridades brasileñas confirmaron que las huellas del detenido no coincidían con la cédula que portaba, pero además sus huellas verdaderas estaban en el auto periciado y su rostro se observaba con claridad en las cámaras del supermercado.

Horas más tarde se realizan allanamientos en la casa de "Preta" y en la de su madre. En la primera se incauta droga, dinero en efectivo y un cuaderno con el detalle de los compradores de la boca y de las deudas que mantenían. En la segunda, también se incauta droga y dos teléfonos celulares que contenían conversaciones de la hija que revelaban los preparativos logísticos para la llegada del sicario. La madre de "Preta" es detenida pero no así su hija, que en el momento del allanamiento no estaba.

Horas más tarde, en otro procedimiento es finalmente identificado y detenido Cristian Matías.

Un día después, los investigadores logran obtener la información de que en un campo ubicado en la zona de barrio Lagunón había cierta cantidad de droga y también cabía la posibilidad de que las armas homicidas pudieran estar allí. En el predio comenzaron a realizar la búsqueda y entre unas chircas, Clara, la perra integrante del Plantel K9 de la Jefatura de Policía olfatea el lugar, marcándolo y ubicando 1,092 kg de pasta base, 838 gramos de cocaína, una pistola 9 milímetros, una pistola 357, dos revólveres calibre 38 y un chaleco antibala.

Una vez incautadas las armas, fueron enviadas a Montevideo, donde se realizaron las pruebas balísticas correspondientes. Ahí se constató que la pistola 9 milímetros había sido utilizada para asesinar a Carlos Andrés Bicker Darín, alias "el Canario", y para intentar matar en el barrio El Cuartel a Ricardo Emanuel Fernández López. Por su parte, la pistola 357 fue con la cual el sicario asesinó a Franciane Da Rosa Ribeiro Cardoso.

En primera instancia, la Fiscalía formaliza a los detenidos y reitera la orden de captura de Preta, quien es buscada intensamente pero sin éxito durante cinco meses. Pero el 2 de octubre se obtiene la información de que ella había vuelto a Villa Sonia.

A través de un operativo de control se logra detenerla cuando viajaba en una moto junto a un ciudadano brasileño que no estaba requerido, aunque tenía antecedentes en su país por homicidio y tráfico de drogas.

Casi dos años después, todos quienes participaron fueron condenados por la Justicia.

Marcio Portes fue condenado por dos delitos de homicidio muy especialmente agravado y uno en grado de tentativa. A su vez, se le imputó un delito de uso de documento o certificado falso público o privado, todos en régimen de reiteración real entre sí en calidad de autor. Fue condenado en febrero de 2021 a 27 años de prisión. Saldrá de la cárcel en el año 2045, cuando tenga 63 años.

Andresa Silva, alias "Preta", fue condenada como autora penalmente responsable de un delito de asociación para delinquir, en concurrencia, fuera de la reiteración, con un delito de homicidio muy especialmente agravado, en grado de tentativa, en calidad de cómplice; autora de un delito de tráfico de armas y municiones en calidad de depositaria y autora de un delito continuado de negociación de estupefacientes, estos tres últimos en régimen de reiteración real, a cumplir la pena de siete años de penitenciaría. Saldrá de la cárcel en el año 2025, cuanto tenga 30 años.

A su vez, la Justicia dispuso la condena de Cristian Matías Ibáñez como autor responsable de un delito de asociación para delinquir, en concurrencia, fuera de la reiteración con un delito de homicidio muy especialmente agravado en grado de tentativa, en calidad de coautor, autor de un delito continuado de negociación de estupefacientes, y autor de un delito de receptación en régimen de reiteración real entre sí, a la pena de cinco años de penitenciaría. Saldrá de la cárcel en el año 2023, cuanto tenga 24 años.

El magistrado dispuso también la condena de Yeimes Valentín Brum como autor penalmente responsable de un delito de asociación para delinquir, en concurrencia, fuera de la reiteración con un delito de homicidio muy especialmente agravado en calidad de cómplice y un delito continuado de negociación de estupefacientes, en calidad de autor, estos últimos en régimen de reiteración real entre sí, por lo que deberá cumplir una pena de seis años y seis meses de penitenciaria. Para este caso la Justicia tuvo en cuenta el estado sanitario del penado, por lo que resolvió la prisión domiciliaria.

La madre de "Preta", María Sonia Vázquez Sanguinetti, fue condenada por un delito previsto en el artículo 31 del decreto Ley 14.294 en la modalidad de depósito, un delito de receptación y un delito de tráfico interno de armas, a una pena de dos años y seis meses de penitenciaria. Ya cumplió su condena y está libre.

“Se quedaron con droga. Tenían que pagar con sangre”

Entrevista a Marcio Portes Martins en el módulo 8 de la Unidad Penitenciaria N° 4 Santiago Vázquez (ex-Comcar), en la ciudad de Montevideo.

Nació en Porto alegre, tiene 39 años, le dicen "Muito Loco" y es un soldado del Primer Comando de la Capital (PCC) desde adolescente. Es un sicario profesional. Cursó solo tres años de escuela y es prácticamente analfabeto.

Ha defendido con su vida el control territorial de Vila Cruzeiro, el bastión de distribución de armas y drogas en Porto Alegre de Bala Na Cara, facción criminal aliada al PCC.

Fue enviado a Uruguay para asesinar a dos o tres personas que no pagaron un cargamento de treinta y cinco kilos de pasta base. Al primero lo mató de seis tiros en la cabeza, al segundo le disparó doce veces, pero sobrevivió, y la tercera víctima es una mujer que asesinó de tres disparos, aunque él no reconoció la autoría. Entre Brasil y Uruguay ha sumado casi una decena de homicidios.

Cree que como soldado falló en Uruguay porque es “muy apasionado” y se involucró con una mujer que le hizo perder la concentración y el foco. Esa mujer era su enlace en Rivera para suministrarle apoyo logístico, pero al mezclar el “trabajo y la pasión” asegura que cometió errores.

Marcio nunca pierde la sonrisa, según él “un combatiente no puede estar triste” y por eso no se arrepiente ni llora por nadie. Aunque tiene una condena de 27 años en Uruguay, tiene un horizonte de “salir rápido” de la cárcel porque considera que los presos aquí son “una basura que no tienen códigos”.

"Muito Loco" tiene dos marcas grabadas en su cuerpo: un rayo y un tribal con alambre de púas. Hace algunos años se tatuó el primero como símbolo del poder devastador y de la fuerza temida. Le habían dicho que, en la mitología griega, Zeus fue denominado como “rey del Olimpo y dios de todos los dioses” con el poder del rayo, luego de matar a su padre. El otro tatuaje de alambres de púas es el símbolo de estar encerrado y de no poder salir por voluntad propia. La cantidad de púas representan los años que ha estado en prisión.

Cuando recobre su libertad promete no venir “nunca más” al país, pero sí seguir peleando en su Brasil natal. El soldado del Primer Comando de la Capital, ese que ha matado por su bandera, sigue siendo fiel a la organización criminal.

“Me sedujo la vida del crimen”

–¿Dónde nació?

–En Porto Alegre. Nací en la favela Vila Cruzeiro. No tuve hermanos, soy hijo único. No conocí a mi padre, él me abandonó.

–¿Fue a la escuela?

–Sí, hice hasta tercer año. Sé leer un poco y escribir también un poco.

–¿Por qué abandonó la escuela?

–Me sedujo la vida del morro, mucha droga y mucho dinero fácil. Y de repente comencé a vivir la vida del crimen, eso me sedujo.

–¿De niño?

–Sí. Es que empiezas la vida como una corriente, mucho auto, mucha moto, mucha tentación, mucha playa, mucho dinero fácil. Yo desde que era niño comencé a traficar, y desde que me conozco he vivido la vida del crimen.

–¿A qué edad empezó a vender droga en las calles?

–A los 6 años.

–Me dijo que su padre lo abandonó y fue criado por su madre.

–Ella trabajaba como empleada doméstica haciendo limpiezas. Ella no sabía que a veces yo estaba en las esquinas vendiendo con unos amigos. Si yo hubiera seguido los buenos consejos esta vida mía era diferente. Pero no lo hice. Podría haber tenido una vida digna, pero tengo una vida sucia. Yo estuve 11 años preso en Brasil y me fugué.

–¿Cuándo fue la primera vez que estuvo preso?

–Tenía 19 años y caí por tráfico de drogas.

–¿Siendo menor de edad no estuvo detenido?

–No, porque la Policía no te agarra.

–¿Y usted estaba vinculado a algún grupo criminal?

–Sí, claro, al PCC, al Primer Comando de la Capital.

–¿Cómo ingresó al PCC?

–Yo empecé a vender droga de niño en la favela y ya ahí me metieron para adentro.

–¿Tuvo alguna iniciación para ingresar?

–En mi caso no porque entré de niño, yo empecé vendiendo y era parte, son mi familia. Para mí era un trabajo, ellos me daban la droga, yo la vendía y ganaba plata. Yo ingresé porque era plata fácil y era un trabajo. De niño empecé mirando en las esquinas, luego ya era vigilante en algunos lugares y al poco tiempo ya vendía.

–¿Cómo es la estructura del PCC?

–El jefe de la estructura es Marcola, él es jefe, él es todo. Yo era un soldado del PCC.

–¿Hay niveles de jerarquía?

–Sí, están los soldados, luego los gerentes y las sintonías.

–¿Usted nunca fue gerente?

–No, yo ingresé soldado y siempre fui soldado. Los otros niveles implican muchas responsabilidades porque manejás más información, más dinero, y otros tipos de cosas. Solo un pequeño tiempo fui un poquito gerente antes de venir a Uruguay por los trabajos que me encargaron (...)

Estructura del capítulo 5

El soldado del Primer Comando de la Capital

"Cachorriño" al teléfono

"El Canario" “ya no vuela”

El fallo en el barrio El Cuartel

La caída

“Se quedaron con droga. Tenían que pagarcon sangre”

Entrevista a Marcio Portes Martins en el módulo 8 de la Unidad Penitenciaria N° 4 Santiago Vázquez (ex-Comcar), en la ciudad de Montevideo.

“Me sedujo la vida del crimen”

Mi familia es el Comando

Su experiencia como “gerente” del PCC

El encargo para “sicariar” en Uruguay

“Yo maté por mi bandera”

“Aquí en las cárceles no hay respeto”

“La sangre siempre salpica”

En Uruguay se “toca mucho pito”

“Los sicarios no tienen ni amor por ellos”

Entrevista a Andresa Silva Vieira, alias "Preta", en el anexo femenino de la Unidad Penitenciaria N° 12 Cerro Carancho en la ciudad de Rivera

“No le podés decir que no a una llamadade Cachorriño”

Entrevista a Cristian Matías Ibáñez, en el módulo 1 de la Unidad Penitenciaria N° 12 Cerro Carancho, en la ciudad de Rivera

El Cachorriño, un narco doble chapa

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