Existen cinco tipos de hepatitis, pero las más comunes son las de tipo B y C, causantes de daños en el hígado, que en algunos casos deviene en cáncer; y con las que viven 325 millones de personas en el mundo.

 

Las muertes atribuidas a esta grave enfermedad son 1,3 millones al año.

 

La reducción a menos del 1 % de casos de hepatitis entre menores de cinco años fue marcada como un objetivo internacional hace veinte años, cuando esto parecía imposible, pero que hoy se confirmó como una realidad, en la víspera de conmemorarse el Día Mundial contra la Hepatitis, este 28 de julio.

 

La hepatitis C actualmente tiene un tratamiento de doce días que es efectivo en la mayoría de casos y que hace años empezó a ser comercializado a precios que podían alcanzar los 3.000 dólares, pero al que ahora algunos países de escasos recursos pueden acceder por 60 dólares con el apoyo de la OMS.

 

Para la hepatitis B el enfoque es sobre todo preventivo y se basa en la inmunización, que ha tenido excelentes resultados en Asia, donde la tasa de vacunación contra esta enfermedad es elevada.

 

Lo contrario ocurre en África subsahariana, donde muchos niños no reciben la vacuna y que tiene el desafío adicional de eliminar la transmisión de hepatitis B de madre a hijo.

 

Se calcula que el 90 % de niños que contraen la hepatitis B se convierten en portadores crónicos de la enfermedad de por vida.

 

La OMS recomienda que todos los niños reciban la vacuna contra la hepatitis B de preferencia en las primeras 24 horas de vida, seguida de dos dosis adicionales.

 

A nivel mundial, la cobertura de las tres dosis en la infancia alcanzó un 85 % en 2019, frente a un 30 % hace dos décadas, pero el problema se concentra en la dosis a las pocas horas del nacimiento, que solo reciben el 43 % de niños en el mundo, con las tasas más altas en Europa, las Américas y Asia.

 

La OMS ha aprovechado esta ocasión para renovar sus recomendaciones relacionadas con esta enfermedad, con dos cambios esenciales.

 

El primero consiste en que toda mujer embarazada que dé positivo al test de hepatitis B y que tenga un nivel alto de carga viral en la sangre reciba una terapia preventiva con el antiviral tenofovir (3 dólares al mes) desde la semana 28 del embarazado hasta el fin del mismo.

 

En segundo lugar, la OMS sugiere que cuando no haya disponibilidad del test de carga viral se use uno alternativo (HBeAg) de bajo coste para determinar si la embarazada es elegible para recibir un tratamiento de profilaxis.

 

Como tantas otras enfermedades, también la lucha contra la hepatitis está amenazada por la pandemia de COVID-19, que ha interrumpido los programas de vacunación en muchas partes del mundo.

Con información de EFE