Por The New York Times | Frances Robles

Alexander Pupo, un médico de 31 años en Holguín, perdió su residencia en neurocirugía el año pasado después de criticar al gobierno, pero se ofreció como voluntario para ayudar a luchar contra la COVID-19. (vía The New York Times) Disease Rates Coronavirus (2019-nCoV) Medicine and Health Shortages Vaccination and Immunization Oxygen Pan American Health Organization Cuba Havana (Cuba) Diaz-Canel Bermudez, Miguel Después de la contingencia del coronavirus en 2020, Cuba ha sido devastada por la variante delta, que es altamente contagiosa y ha aumentado las tasas de casos e inundado el sistema de salud con pacientes.

Durante mucho tiempo, el sistema de salud de Cuba ha sido un motivo de orgullo nacional pero ahora se encuentra en una situación angustiosa, especialmente en las provincias más lejanas.

Después de la contingencia del coronavirus durante el año pasado, Cuba ha sido devastada este verano por la variante delta, que es altamente contagiosa y ha aumentado las tasas de casos e inundado el sistema de salud con pacientes.

El lunes se reportaron más de 9700 casos nuevos, más de seis veces la cantidad de casos nuevos que se registró hace dos meses, según cifras del Ministerio de Salud Pública.

Los suministros de oxígeno para los pacientes con COVID-19 se están agotando y la fábrica que produce los tanques del país está cerrada actualmente.

Las morgues y los crematorios han sido desbordados. Según un funcionario gubernamental, la ciudad de Guantánamo está lidiando con una explosión de fallecimientos que durante algunas jornadas ha llegado a superar la cifra habitual unas ocho veces. Los cubanos están publicando videos desgarradores de familiares muertos, diciendo que sus seres queridos murieron por falta de atención médica.

Este fin de semana, después de que el primer ministro de Cuba, Manuel Marrero Cruz, dijo que los cubanos se quejaban más de los médicos y su mal servicio que de la escasez, casi dos docenas de médicos jóvenes y estudiantes de medicina acudieron a las redes sociales para decir: “Denuncio mediante este medio que el colapso sanitario en Cuba no ha sido responsabilidad de los médicos”.

Se trata de una reacción atrevida en Cuba, donde cualquier muestra pública de descontento puede provocar la pérdida del empleo o incluso la cárcel. El martes, el gobierno publicó una nueva ley de ciberterrorismo, que ilegaliza el uso de las telecomunicaciones para divulgar material “ofensivo” que perturba el orden público o daña el “prestigio” del país.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, reconoció recientemente que la pandemia “ha sobrepasado las capacidades” del sistema de salud cubano, pero culpó al embargo comercial de Estados Unidos por la escasez que sufre el país.

Debido a la creciente escasez de medicamentos y otros suministros importantes, los hospitales se van quedando sin los médicos, los medicamentos y el oxígeno necesarios para tratar el rápido aumento del número de pacientes.

Un gran número de médicos cubanos trabajan en el extranjero, pero recientemente muchos han dejado de trabajar en el país porque están infectados con COVID-19 o tienen condiciones de salud crónicas que los hacen vulnerables, dijo Alexander Pupo, un médico de 31 años en Holguín que perdió su residencia en neurocirugía el año pasado después de criticar al gobierno.

“Los pacientes se ingresan por puro protocolo, porque realmente no existe una disponibilidad de medicamentos para poder tratarlos dentro de los hospitales”, dijo Pupo, quien se ofreció como voluntario para ayudar a combatir la COVID-19. “O sea, se ingresan para morir, prácticamente”.

Y cuando eso suceda, dijo, pueden pasar hasta tres días para que alguien venga a recoger el cuerpo.

Si bien la pandemia ha puesto a prueba los sistemas médicos de todo el mundo, la calamidad en la atención sanitaria en Cuba es particularmente significativa, porque el gobierno ha mantenido durante décadas su sistema de atención médica gratuita como un logro destacado de la revolución socialista. Pero la creciente crisis evidencia un sistema con fallas que, aunque suele producir avances médicos, también se denuncia como mal equipado y con fondos insuficientes.

Durante mucho tiempo, Cuba ha ganado miles de millones en monedas extranjeras muy necesarias al enviar cerca de 30.000 médicos a países de todo el mundo. Pero esa práctica se está volviendo más difícil a medida que más cubanos mueren de COVID-19. Varios cientos de médicos que sirven en misiones en el extranjero regresaron este mes para trabajar durante sus vacaciones.

Los problemas del sistema de salud se producen mientras Cuba también lidia con una grave crisis económica y un levantamiento social sucedido el mes pasado que llevó a miles de personas a las calles, lo que provocó una intensa represión del gobierno que encarceló a cientos de personas.

El lunes, Díaz-Canel instó a los médicos para que administraran cuidadosamente el oxígeno porque no había suficiente para todos.

“Tenemos de 16 a 20 pacientes que necesitan ventilación y ayer solo nos quedaban cuatro cilindros de oxígeno, pero eso no es suficiente”, dijo Manuel A. Guerra Guerrero, médico de Buenaventura, en el este de Cuba. “La mayoría de nosotros, todos, estamos cansados ??de ver morir a la gente, a personas que podrían salvarse”.

Guerra dijo que los hospitales se han quedado sin pruebas de COVID-19, y que generalmente recurre a Facebook para pedir antibióticos a sus amigos. Su hospital se ha quedado sin vendajes.

Eduardo López-Collazo, un investigador cubano de enfermedades infecciosas que vive en España, dijo que su hermana Norma, de 64 años, dio positivo por coronavirus el mes pasado aunque recibió dos dosis de una vacuna cubana y pasó días en una sala de espera en la provincia de Ciego de Ávila. esperando ser admitida. Incluso cuando su nivel de oxígeno bajó a un preocupante 92, los médicos le dijeron que no cumplía con los “criterios internacionales” para ser ingresada en una unidad de cuidados intensivos, dijo López-Collazo.

“Pasó cuatro o cinco días en una especie de anexo, una escuela, un lugar improvisado que se convirtió en una instalación donde internaban pacientes”, dijo. “No tenía las condiciones adecuadas, ni respiradores, nada de eso”.

Su hermana murió el 30 de julio. A pesar de tener dos pruebas positivas de COVID-19, el certificado de defunción registró que la causa del fallecimiento fue embolia pulmonar. López-Collazo cree que el gobierno cubano está subregistrando las muertes, de manera sistemática, para presentar un panorama más optimista. La cifra oficial de fallecidos por el virus en el país es de 4088.

Estadísticas del Ministerio de Salud Pública del país muestran que alrededor de ocho personas murieron de coronavirus a diario en la ciudad de Guantánamo durante la primera semana de agosto. Pero un funcionario gubernamental de esa ciudad le dijo a una estación de noticias por televisión que, en el mismo periodo de tiempo, Guantánamo registró 69 muertes en un solo día. Antes de esta ola de COVID-19 el número promedio de fallecimientos diarios era de ocho personas.

Si se pasa de “8 fallecimientos diarios a 69 fallecimientos diarios, lógicamente, como decían los compañeros del hospital, nadie estaba preparado”, dijo en la entrevista televisiva Ihosvany Fernández, director de servicios comunales de la provincia de Guantánamo. Dijo que la provincia tenía 29 coches fúnebres, pero solo 17 estaban funcionando. El incinerador del crematorio estatal se dañó por el uso excesivo, dijo.

El Ministerio de Salud Pública de Cuba no respondió a varias solicitudes de comentarios.

El gobierno cubano ha dicho en los medios estatales que el número de casos y las tasas de mortalidad están mejorando en La Habana y otras ciudades, y que se espera que el número de muertos disminuya a medida que más personas se vacunen. El país, sin embargo, tiene una grave escasez de las jeringas necesarias para administrar las dosis, según Global Health Partners, una organización sin fines de lucro que ha organizado una campaña para enviar millones a la isla.

Aproximadamente una cuarta parte de los 11,3 millones de habitantes de Cuba han recibido una de las tres vacunas desarrolladas y producidas en el país.

Arachu Castro, profesora de la Escuela de Salud Pública y Medicina Tropical de Tulane que está estudiando la respuesta de Cuba a la COVID-19, dijo que durante las primeras etapas de la pandemia el país implementó una de las mejores estrategias en América Latina. Pero la situación cambió drásticamente después de noviembre, cuando se permitió que los turistas regresaran al país, y volvió a empeorar después del Día de la Madre y el Día del Padre, cuando muchos cubanos se reunieron con sus familias.

“En la primera semana de agosto, Cuba registró unos 400 casos graves todos los días, que es mucho”, dijo.

El número de casos nuevos diarios aumentó exponencialmente durante nueve semanas consecutivas este verano, y más de 100.000 personas están ingresadas actualmente en los centros de aislamiento de COVID-19 para su seguimiento, según un informe del 9 de agosto de la Organización Panamericana de la Salud, aproximadamente la mitad de los cuales han dado positivo.

Ciro Ugarte, director de emergencias de salud de la agencia, dijo a los periodistas la semana pasada que el número de muertes por COVID-19 en Cuba había aumentado un 20 por ciento la semana pasada, en comparación con la semana previa. La falta de suministros esenciales para tratar la COVID-19 y otras enfermedades agravó los problemas, dijo, y agregó que la organización envió kits de prueba y otros materiales a Cuba.

Alexander J. Figueredo Izaguirre, médico de la provincia cubana de Granma, dijo que fue despedido a principios de este año, luego de criticar el mal estado de los hospitales cubanos tras la muerte de su abuelo.

“El sistema de salud de Cuba se encuentra colapsado”, dijo. “Las funerarias no dan abasto, los hospitales no dan abasto, los policlínicos no dan abasto y los médicos ya están cansados. Han pasado año y medio en esta batalla, sin armas, para luchar contra la enfermedad mientras están muriendo cientos y miles de pacientes”.

Frances Robles es corresponsal con sede en Florida, desde donde cubre también Puerto Rico y Centroamérica. Su investigación sobre el asesinato de un detective en Brooklyn llevó a la anulación de más de una docena de condenas por homicidio y fue merecedora de un premio George Polk. @FrancesRoblesFacebook