"El olor a pasto mojado todavía me conmueve y me retrotrae al Franzini de hace 30 años" dice, notoriamente asaltado por la emoción, el exfutbolista de Defensor Gerardo Caetano. Es una de las últimas, entre muchas frases contundentes que ha dejado caer durante una hora y pico de charla. No fue para hablar de fútbol que llegué hasta su oficina del Instituto de Ciencia Política, pero siendo que integró aquel Defensor que cruzó el Rubicón del fútbol uruguayo y destronó por primera vez a los grandes en 1976 la tentación era irresistible.

Para los futboleros, un poco de aquella historia al final de esta entrevista. Para los demás -que uno supone deberían ser muchos en este cierre de campaña electoral- bastante de política, con un hombre que hace muchos años, después de colgar tempranamente los botines, se convirtió en referencia a la hora de analizar los avatares del juego partidario.

Historiador y politólogo, entregó afirmaciones categóricas, como que los políticos de este país "siempre están en campaña", lo que dificulta acordar políticas de Estado, porque si bien todos hablan de ellas previo a las elecciones, después les da más rédito la diferencia. O como que el tótem de la mayoría parlamentaria tiene pies de barro, pues el país funcionó durante buena parte de su historia sin necesidad de él. O esta otra, en clave de duda y tan provocativa a horas de la elección: "Aquellos que mantienen una inspiración wilsonista, ¿se sienten tan cómodos votando a Lacalle Pou?"

Para Caetano, un hombre "de izquierdas, en plural" que alguna vez Mujica quiso para presidente del FA, la oferta frenteamplista tiene dificultades para recuperar a los descontentos y evangelizar a los "no creyentes", el candidato blanco logra una propuesta de campaña inteligente desenfocándola de su matriz "liberal conservadora", y Pedro Bordaberry, "más allá de todas sus virtudes, no puede convocar al batllismo".


1) ¿Cómo estás viendo el tramo final de la campaña?
Una campaña muy abierta, con una situación de incertidumbre que hace ocho o diez meses no era esperable. Mi evaluación de la campaña no es buena, creo que es muy light en términos de debates y propuestas de fondo.

2) ¿La ves más light que otras anteriores, especialmente las últimas?
Con Gustavo de Armas y Sebastián Torres acabamos de editar un libro, Los retos del desarrollo, en el que manejamos la hipótesis de que un desarrollo más o menos próximo es plausible en el Uruguay de hoy. Pero para aprovechar esa oportunidad hacen falta reformas estructurales en las que Uruguay viene fallando: transformación educativa, diversificación de la matriz productiva y exportadora, profundización de la democracia en algunos aspectos, un gran salto en innovación en ciencia y tecnología, infraestructura, combinar nuevos emprendimientos con la sustentabilidad medioambiental. Sobre estas cosas la verdad que estoy viendo discusiones muy poco profundas. Todos los candidatos parecen querer parecerse demasiado.

3) Hay una estrategia, por lo menos de algunos candidatos, que apunta a no diferenciarse demasiado.
Bueno, y una identidad política también es parecerse y diferenciarse. Y acá todos quieren parecerse. Incluso en los programas, las diferencias, que efectivamente existen, están como diluidas. Así de alguna manera se pueden conseguir consensos fáciles, pero estos no son el sustento para políticas de Estado realmente positivas. Las políticas de Estado requieren acuerdos exigentes y para ellos hay que discutir las diferencias.

4) Desde por lo menos 1985, luego de la dictadura, escuchamos hablar de la necesidad de políticas de Estado. ¿Por qué es una materia que siempre está pendiente?
Los países desarrollados, en particular los países pequeños que apuestan a un desarrollo calificado, establecen tres o cuatro puntos estratégicos y sobre ellos se ponen de acuerdo porque requieren políticas que van más allá de un período de gobierno. Nadie puede reformar la educación en cinco años, o diversificar la matriz exportadora o hacer una revolución en el campo de la investigación. No, se requieren más de cinco años. Y sobre esas cosas nos podemos poner de acuerdo, pero ocurre que tenemos una política en la que existe una campaña permanente. Siempre estamos en campaña.

"Tenemos una política en la que existe una campaña permanente. Siempre estamos en campaña"

5) Los políticos miran todo con óptica electoral.
Exactamente. Se instaló una sabiduría convencional en la que las políticas de Estado no reditúan a la hora electoral. Pero a la hora electoral todos hablan de políticas de Estado. Y así vamos perdiendo tiempo. No hablo de unanimidades, eso es un error, sino de grandes mayorías para un rumbo.

6) ¿La mayoría parlamentaria del Frente Amplio en estos dos períodos conspiró contra la posibilidad de acordar esas políticas de Estado?
Yo creo que no. El país tiene que aprender a manejar de otra manera la mayoría legislativa. Cuando blancos y colorados gobernaron en coalición tuvieron una gran dificultad para incorporar al tercero, que desde 1999 era la primera fuerza política del país. De hecho no hubo esa incorporación y fue un gobierno del segundo y el tercero.

7) No es un problema del Frente, sino del sistema político uruguayo: incorporar a la mitad que quedó afuera.
Claro. Hay que desdramatizar esta idea de que no tener mayoría legislativa genera ingobernabilidad. El país no tuvo partidos con mayoría legislativa durante la mayor parte de su historia y tuvo un margen de gobernabilidad muy grande. Segundo, hay que romper con la idea de que a este país lo gobierna una coalición de blancos y colorados o lo gobierna el Frente Amplio con mayoría parlamentaria propia. Esta idea instalada iba a llegar un momento en que se iba a romper, y muy probablemente ese momento llegue después de esta elección. Hay transformaciones que no pueden definirse por 50 diputados contra 49. Hay políticas que requieren acuerdos no unánimes pero sí de largo alcance, eso es lo que hacen los países desarrollados. Acuerdos a diez años, con rendición de cuentas y con un monitoreo permanente, y esos temas deben quedar sustraídos de la política partidaria menor. Sobre el resto de los temas discutamos.

8) Pero también se puede argumentar que la gente vota a un gobierno para que lleve adelante su programa.
Bueno, la gente vota muchas cosas y la ecuación de poder en una democracia, por suerte, está repartida. La lógica es encontrar mayorías para rumbos en los que la sociedad encuentra consistencia. En el Frente Amplio no hay acuerdo en materia educativa, no hay una política educativa sobre la cual pueda encolumnarse. Sin embargo, el porcentaje del Frente que está de acuerdo debe ser un 85 %, y además tiene acuerdos por ejemplo con buena parte de Alianza Nacional o de Batllistas de Ley. ¿Por qué no sustentar una gran política educativa sobre acuerdos de máxima, no de mínima que terminan siendo tan generalistas que luego no dan resultados?

9) En el ejemplo concreto que manejás, ¿el Frente no puede acordar con otros partidos porque se lo impide su propia interna?
En su discurso inaugural, Mujica habló de que los partidos tenían que ser como tuercas y tornillos y puso el ejemplo claro de la educación, y eligió bien las políticas de Estado: educación, energía, medio ambiente, seguridad... Uno de los jerarcas de la actual administración, que integró el Codicen, cuando fue cesado concurrió a un comité de base y dijo: "En una sociedad de clases no puede haber políticas de Estado". ¿Cómo iba a llevar adelante políticas de Estado si él no creía en ellas? Las personas que tienen que llevar adelante una política deben involucrarse con ella. Creo que Mujica sí lo quería pero buena parte de la izquierda no.

10) ¿Esta elección la definen electores que le "prestaron el voto" al FA pero que dudan si volver a votarlo?
Las encuestas revelan que hay entre 75 y 85 % de votantes definidos, que pase lo que pase votan a su partido. Tienen más o menos militancia, más o menos adhesión, pero son votantes firmes. Lo que ocurre es que ese 15 o 20 % restante en esta elección es muy heterogéneo, porque ahí están por un lado los no creyentes, aquellos para los que la política no es relevante. Son los indecisos clásicos, con poco conocimiento e interés en la política, pertenecen fundamentalmente a sectores populares y votan de acuerdo a las circunstancias: hoy a uno y mañana a otro. Pero lo que revelan los estudios es que en ese 15 o 20 % en el que hoy se percibe un estado de gran fluidez política hay también frenteamplistas descontentos por primera vez, que tuvieron una expresión en la interna y, sobre todo respecto a octubre, están dudando. Noviembre será otra elección. Y ahí hay varios puntos. Y además tenemos partidos tradicionales en los que ya van dos elecciones que pierden los mismos sectores, y de manera concluyente.

"El país no tuvo partidos con mayoría legislativa durante la mayor parte de su historia y tuvo un margen de gobernabilidad muy grande"

11) Te referís a los sectores que podrían ubicarse del centro más hacia la izquierda.
Imaginate lo que significa para un batllista en el Partido Colorado que Bordaberry durante 10 años sea el líder más votado, en una relación de 75 a 25. O lo que significa para el wilsonismo tradicional, incorporado en Alianza, que Larrañaga haya perdido con Lacalle padre y cinco años después haya perdido con Lacalle hijo. Por cierto que hay batllistas y wilsonistas que ya se habían pasado al Frente Amplio, porque si no es imposible entender ese salto del Frente del 94, con un 29 %, al de 2004 con un 52 %. Lo que da incertidumbre a esta campaña es que ese núcleo de fluidez política de un 15 o 20 % que va a definir la elección es mayor que en otras ocasiones. Tiene ese factor nuevo de descontento frenteamplista que, a no equivocarse, es un descontento hacia la izquierda y hacia el centro. A los que se suman los no creyentes de siempre. Ahí se juega el partido. César Aguiar decía que en la política uruguaya, con estas dos mitades más o menos paritarias, los que definen son los no creyentes. Esto es muy importante, porque si hacés una campaña para convencer a los convencidos, seguramente a los no creyentes no les vas a llegar. El Frente Amplio, con diez años de gobierno, debe reconocer a los descontentos, los debe legitimar.

12) ¿Crees que no lo está haciendo?
Creo que la campaña del Frente no ha sido sólida. Primero fue de rumbo equivocado: la filosofía del "vamos bien" era equivocada. Y luego, a pesar de que hubo un cambio, siguió siendo una campaña muy orientada a los convencidos, a la masa frenteamplista que ya definió su voto. Y con poca orientación hacia los descontentos, que los debe recuperar para ganar, y hacia los no creyentes. Por otra parte, el triunfo de Lacalle Pou en la interna nacionalista cambió la elección y le complicó el libreto a los otros dos partidos, que claramente se habían adecuado a competir con Larrañaga y no con Lacalle Pou.

13) Sé que no te gusta hacer razonamientos contrafácticos, pero no resisto la tentación de preguntarte: ¿Larrañaga estaría hoy compitiendo con Vázquez con tantas posibilidades como lo hace Lacalle?
Es muy difícil saberlo, porque en realidad si tú ves los números, lo que hoy muestra en términos de adhesión el Partido Nacional no es nada excepcional. Incluso es menor de lo que hace cinco años llegó a mostrar Lacalle padre. Nos olvidamos, pero Lacalle padre llegó a tener una intención de voto del 37 o 38% y el Frente Amplio tenía 43%. En julio de 2009 la elección estaba totalmente abierta. Lo que pasa es que a partir de ese momento el Partido Nacional cae y el Frente Amplio, aunque levemente, se recupera. Creo que la candidatura de Lacalle Pou marca un cambio en el sentido de un libreto diferente, que creo sintoniza con algo que vengo proponiendo desde hace muchos años: a su ritmo y en sus formatos, la política uruguaya está cambiando. Y lo está haciendo más en la ciudadanía que en los partidos. Un signo de ese cambio es esta novedad que representa el liderazgo de Lacalle Pou -alguien que salta desde la diputación sin haber construido todavía un liderazgo dentro de su Partido, que es muy joven para los promedios uruguayos, y encima parece más joven de lo que es, apelando con mucha convicción a esta lógica de "la positiva" que la política uruguaya nunca ha utilizado- y este éxito que logra situándose en el centro de la campaña.

14) ¿Qué está indicando el hecho de que el Partido Colorado no logre superar el 17 % desde hace diez años?
Que Pedro Bordaberry, más allá de todas sus virtudes, no puede convocar al batllismo.

15) ¿El Partido Colorado se quedó en la derecha?
Y... sí. Esto no quiere decir que no haya batllistas, pero el batllismo está en otros lados. Mucho batllismo está en el Frente Amplio. Amorín Batlle decía que iba a recuperar a los batllistas que se habían ido al Frente y claramente no lo ha logrado. Y Bordaberry, más allá de lo que se diga, tiene techo.

16) ¿Eso lo revierte alguien que aparezca dentro del Partido con un discurso batllista y capacidad de liderazgo, o es algo más estructural? César Aguiar hablaba de la desaparición del Partido Colorado.
Bueno, en Uruguay los pronósticos que hablan de la desaparición de un partido siempre se equivocan. Acá no desaparece nada, todo se transforma. Lo que ocurre es que para lograr algo tenés que creer que eso es posible. En el Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle padre cambió al Partido en cinco años. Él heredaba el Partido de Wilson y en cinco años lo cambió radicalmente, y desde entonces hasta ahora han pasado 25 años. Más allá de que Jorge Larrañaga ganó la interna partidaria nítidamente en 2004, no logró revertir eso. El herrerismo, en su versión anterior o en su versión nueva, se quedó con un Partido que ya no es el Partido de Wilson.

"Nos olvidamos, pero (en 2009) Lacalle padre llegó a tener una intención de voto del 37 o 38 % y el Frente Amplio tenía 43 %"

17) El batllismo es prácticamente sinónimo de Partido Colorado durante casi todo el siglo veinte, pero el wilsonismo, dentro del Partido Nacional y mirando en el largo plazo, fue algo casi coyuntural...
(Interrumpe) Ciertamente, pero el origen del wilsonismo no es la mera continuidad del nacionalismo independiente. Cuando surge el wilsonismo, en los años 69-70, es una nueva síntesis que perdura hasta la muerte de Wilson y configura un liderazgo que muchas veces se lo destrata, diciendo que era meramente de resistencia. No, no, Wilson Ferreira había demostrado con creces que era un estadista y que podría haber sido un presidente con capacidad de proyectos de Estado. No era un liberal conservador, como es la autoidentificación del herrerismo de siempre.

18) Por eso te digo: esa identificación acompañó al Partido Nacional durante casi todo el siglo veinte hasta la llegada de Wilson, y después de la muerte de Wilson volvió.
Exactamente. Lacalle padre, después de su derrota frente a Mujica en 2009, dijo algo impresionante: "Yo no entiendo a esta sociedad y esta sociedad no me entiende a mí". Ese era prácticamente el anuncio de su retiro, pero eso que dijo lo dijo de su persona pero también de lo que él expresaba política e ideológicamente, que era el herrerismo. Aparece su hijo, que tiene muchas virtudes políticas pero que en términos ideológicos no creo que signifique algo demasiado distinto.

19) Él intenta transmitir algo distinto.
Sí, pero ¿dónde está la renovación ideológica? ¿Dónde está el espíritu wilsonista? Yo no lo veo ahí. Lo que sí veo es un político joven, de nuevo estilo, con capacidad de gestión, muy inteligente, muy dúctil como candidato. Pero en términos ideológicos, él mismo cuando sale del casete y empieza a hablar de los asuntos se define como un liberal conservador. Él se ha definido así. Por supuesto que ahora nunca lo reconocería, pero hay programas en los que se ha definido así, y es la familia ideológica que lideró el herrerismo durante más de cien años. La pregunta es: ha logrado ganar el protagonismo en la campaña a través de los aspectos de sintaxis de la política y no de los aspectos semánticos de ella, pero ¿podrá establecer una hegemonía en el gobierno? Después de diez años de Frente Amplio y de las trasformaciones que el país ha vivido, ¿el liberalismo conservador puede retomar la tarea y construir hacia delante?

20) ¿Tenés respuesta para esa pregunta?
Yo diría que es muy difícil.

21) ¿Eso qué quiere decir? ¿Que aunque quisiera no va a poder desmontar algunas reformas hechas por el Frente?
Lacalle Pou ha dicho que no tiene intereses fundacionales, sin embargo muchas de sus ideas tienen un efecto disruptivo respecto de las políticas frenteamplistas. La sociedad uruguaya, un poco distraídamente, se acerca a una definición electoral muy abierta en la que tiene ante sí dos opciones que son muy diferentes, en muchos aspectos antagónicas. Incluso en los programas, en los que muchas veces se amortiguan las diferencias. En materia educativa, por ejemplo, una cosa es Daniel Corbo y otra cosa es Pablo Da Silveira. Corbo en muchos aspectos está más cerca de las políticas educativas de una parte del Frente Amplio que de Da Silveira. El plan Pro Mejora es un plan que claramente debió haber sido apoyado al menos por una parte del Frente Amplio. Y digo "una parte" porque el Frente no tiene un solo modelo educativo, hace veinte años que no puede definir un documento sobre educación que compartan todos los sectores. Si Lacalle Pou gana, ¿le resultará sencillo armar un gobierno de coalición con Jorge Larrañaga, con quien tiene diferencias, con Pedro Bordaberry y con Batllistas de Ley? Está por verse.

"Pedro Bordaberry, más allá de todas sus virtudes, no puede convocar al batllismo"

22) Sin embargo uno mira el Frente Amplio y puede pensar que las diferencias en algunos aspectos entre Asamblea Uruguay y el Partido Comunista, por ejemplo, son más grandes que esas.
Son más grandes, lo que pasa es que en el Frente hay una práctica de múltiples ideologías y un solo programa. Esto funcionó sin problemas con el Frente en la oposición. Con el Frente en el gobierno funcionó bastante bien igual, porque en la gran mayoría de los casos el Frente administró sus diferencias como para que la mayoría legislativa funcionara. Pero el país tiene que romper con ese corset de que gobiernan blancos y colorados juntos o lo hace el Frente Amplio con mayoría legislativa. Hoy tiene que haber puentes entre las dos mitades.

23) Parece ser que esta elección va a dar la oportunidad de poner eso sobre la mesa.
Exactamente, y los puentes son fundamentales. Es inevitable, porque seguirlo postergando le hace daño al país. ¿Por qué dramatizar que gane un partido sin mayoría legislativa, que es lo que ha pasado en la mayor parte de nuestra historia? Pero además no necesariamente tiene que formar una coalición para gobernar, puede ir negociando caso a caso, buscando mayorías para cada tema. La negociación es la clave de la política.

24) ¿Qué cambiaría en el escenario político un triunfo de la Concertación, la unión de blancos y colorados en Montevideo, en las departamentales del año que viene?
En términos de competencia, la Concertación obviamente da a blancos y colorados mayor capacidad. Pero la Concertación tiene un problema: el Partido Nacional y el Partido Colorado no son lo mismo, y yo creo que aquellos que detrás de la Concertación están viendo la lógica de conformar un nuevo partido le están dando al Frente Amplio la mejor noticia que puede recibir.

25) ¿Por qué lo decís?
Siempre recuerdo que en 1919 hubo un partido empresarial, la Unión Democrática, que juntó a los principales empresarios porque querían tener representación directa en el Parlamento. Y Herrera les decía: "Para curar un resfrío se van a agarrar una pulmonía". La lógica de la izquierda pasa por unificar siempre a blancos y colorados como "la derecha", cosa que rompe los ojos que funciona en una lógica de competencia política, pero es una simplificación. Es como los que dicen que la izquierda son comunistas y tupamaros. Pero si blancos y colorados se juntan y pierden sus matices, ¿dónde van a ir wilsonistas y batllistas? ¿Es tan claro que un batllista prefiere a un herrerista antes que a un frenteamplista? Las encuestas revelan que un 10 % de votantes firmes del Partido Colorado en un balotaje votarían a Tabaré Vázquez. Y me pregunto: aquellos que mantienen una inspiración wilsonista, ¿se sienten tan cómodos votando a Lacalle Pou? Para Larrañaga fue un golpe muy duro perder la elección interna. Lo vimos todos. ¿Cómo hace el wilsonismo para reconstruirse y volver a cambiar al Partido? Vuelvo a decir: Lacalle padre cambió al Partido en cinco años, es otro Partido.

26) El economista Gustavo Licandro, que fue subsecretario del Ministerio de Economía, me dijo una vez que, en el gobierno de Lacalle padre, el herrerismo perdió la batalla política pero ganó la batalla ideológica.
Claro, y eso es sustantivo. El herrerismo ha ganado la batalla ideológica dentro del Partido Nacional, y ese es un hecho político fundamental para entender la configuración del sistema político uruguayo. En el Partido Colorado, ya van diez años que Pedro Bordaberry le gana al batllismo 75 a 25 en la interna. Esto demuestra que Bordaberry tiene un techo. El Partido Colorado, con Pedro Bordaberry y sin un ala batllista, es el tercer partido.

27) Hace un rato decías que el Frente Amplio pierde votantes por izquierda y por el centro, y uno podría suponer que los primeros van a las opciones a la izquierda del FA, como Asamblea Popular, por ejemplo. Sin embargo, las encuestas no muestran crecer a esas opciones en la misma proporción.
Antes se decía "a la izquierda del Frente Amplio no hay ni un diputado". En estas elecciones esto aparece con un signo de interrogación. Y en este contexto tan parejo, un diputado cuenta y mucho. Pero por otro lado, tal vez esos descontentos no se fueron todavía a ningún partido: votan en blanco, votan nulo, están indecisos...

28) Pero tampoco el voto en blanco o nulo parecen crecer mucho.
Bueno, aquí las encuestadoras se diferencian. Lo que digo es que esos frenteamplistas descontentos habían dado señales evidentes que el Frente no recogió debidamente. El 15 % de voto en blanco que hubo en la elección (departamental) de Montevideo en 2010 fue una señal fortísima. Siempre se decía que era mucho más fácil que un elector blanco o colorado se volviera frenteamplista que un elector frenteamplista se volviera blanco o colorado. Los encuestadores hoy dicen que esto último está ocurriendo, no en gran magnitud pero está ocurriendo. Y una encuesta de Factum dice que el Frente pierde apoyo en Montevideo, en la clase media y media alta, y en los sectores con mayor nivel de educación.

29) Que son segmentos donde el FA era fuerte.
Claro. Hay un cambio también de extracción social. El Frente Amplio se ha vuelto un partido de base popular muy marcada, pero tiene problemas con la clase media. Sus políticas han tenido problemas con la clase media y tal vez el Frente no se ha tomado en serio este tipo de problemas. Parece claro que el Frente pierde votos por ahí y que esos votos por primera vez van a cruzar lo que parecía un muro infranqueable. Ahí el tema del pacto fiscal es clave. Un pacto entre el ciudadano y el Estado. La presión fiscal en los países desarrollados es muchísimo más alta que en Uruguay, donde es un 28 %. Incluso en Argentina y Brasil es 35 %. En las sociedades nórdicas es muchísimo más alta, pero tienen servicios públicos muy buenos. En Finlandia, el 92 % de la educación es pública, pero es de excelente calidad. Lo mismo la atención a la salud. En Uruguay los hospitales públicos no dejan de ser hospitales para pobres. Está claro que en 2004 la prioridad era la emergencia social, pero hoy la sociedad uruguaya es otra y tiene otras demandas. Hoy más de lo mismo no alcanza, y esto corre no solo para el Frente sino también para blancos y colorados.

"En Uruguay, los pronósticos que hablan de la desaparición de un partido siempre se equivocan. Acá no desaparece nada"

30) ¿Tuvo alguna consecuencia en tu labor académica aquella propuesta de Mujica de que fueras presidente del Frente Amplio?
No. Yo por definición personal y moral no borro las huellas, y me hago cargo de lo que pienso. Siempre he reconocido que soy una persona de izquierdas, en plural. Pero en mi trabajo como historiador o como politólogo quiero que se me reconozca que, en el acierto o en el error, digo simplemente lo que opino. No hago mandados a nadie, no le pregunto a nadie antes de opinar y no represento a nadie más que a mí. Por eso no puedo estar en un partido. Me han hecho muchos ofrecimientos en política y siempre he tenido la convicción de que me gusta mucho analizar la política pero me aburriría ejerciéndola. No tengo vocación de gestión. El mío es un camino sin retorno y en mi caso -repito, en mi caso, no digo en otros- no es conciliable con un partido político, lo cual no quiere decir que yo no acepte que un colega sea militante de un partido y haga sus cosas. Esas son cosas que se sienten, en mi caso no me siento bien en un partido.

31) ¿Dónde quedó aquel joven futbolista que integró el Defensor campeón uruguayo de 1976?
Me habita no sabés cuánto. Te puedo asegurar que muchas de las interrogantes que le hago a la historia o a la política tienen que ver con aquellos años. El de futbolista es de aquellos oficios que no se dejan, se es futbolista para siempre. Y yo me considero futbolista.

32) ¿Hasta qué edad jugaste?
Hasta los 22 años. Tuve una lesión muy grave, rotura de ligamentos cruzados, que en aquel momento no se operaba, a los 17 años. Y tuve una sobrevida futbolística en base a mucho trabajo de musculación durante cinco años más. Igualmente, siempre tuve muy claro que mi vocación profesional estaba en otro lado. Pero ojo, viví con enorme pasión mi tiempo de futbolista, te diría que con tanta vocación como lo que hago en el campo académico.

33) ¿Es cierto que aquel plantel de Defensor, que rompió la hegemonía de los "grandes" ganando el campeonato uruguayo en 1976 en tiempos de dictadura, era un plantel politizado?
Por supuesto. En un tiempo en el que la política estaba prohibida y entonces era un oasis. En aquel grupo estaba una de las personas más inteligentes que conocí en mi vida, que era el profesor José Ricardo De León. Un gigante.

34) Que era un hombre de izquierda.
Era un hombre de izquierda que tenía un hermano preso y que fue reprimido. Entre otras cosas, no fue técnico de la selección uruguaya por su condición de hombre de izquierda. Y pudo dirigir a Defensor durante la dictadura, pero no era changa. Pero también en ese plantel había figuras gigantescas: "Pedrín" Graffigna...

"Aquellos que mantienen una inspiración wilsonista, ¿se sienten tan cómodos votando a Lacalle Pou?"

35) Otro tipo de izquierda.
Sí, pero también había gente de derecha, como Luis Alberto Cubilla, con quien conviví en sus últimos seis meses como futbolista y del cual tengo un recuerdo imborrable. Beethoven Javier...

36) ¿Esto generaba discusiones políticas en el plantel?
(Piensa) Generaba discusiones que tenían que ver con lo que en aquella época era la política. Te puedo asegurar que siempre hay política, aun en una dictadura feroz como aquella. Y cuando se discute que un futbolista es también un trabajador, que el éxito no depende del lucimiento personal sino de un sistema de juego en equipo, que alguien que no luce puede ser fundamental para que un equipo gane, eso también puede ser hacer política. Y te puedo asegurar que la mística que generó José Ricardo De León era una mística de la solidaridad maravillosa. Yo vi a Cubilla, con 36 años y gordo, trancando con la cabeza y entrenando como seguramente nunca entrenó. Y eso lo lograba De León. Te diría que él está entre las diez personas más inteligentes que he conocido en mi vida.

37) Se lo identificaba con el "antifútbol".
Él decía que había que defender a la europea y atacar a la sudamericana. Cuando era profesor de Educación Física en el Dámaso dividía la clase en dos: los que jugaban mejor y los que jugaban peor. Y se ponía de técnico de estos últimos, para que les hicieran partido. Cuando entrenábamos en Defensor y jugábamos titulares contra suplentes, los titulares jugaban sin arquero, ponía una silla en el arco y se sentaba él. Y los obligaba a hacer un pressing fantástico para que el rival no llegara al arco. No era para nada el antifútbol, se ajustaba a los recursos que tenía. Internacionalmente fue reconocido como alguien que anticipó la revolución futbolística holandesa (de 1974). Claro que la dinámica del fútbol uruguayo no era la holandesa. Pero Rinus Mitchel (entrenador de Holanda) se carteaba con De León.

38) ¿De dónde había sacado su estilo?
Lo fue construyendo. Hace poco su familia donó su archivo al Museo del Fútbol y me llamaron. Fue una experiencia mágica, porque imaginate ver los papeles, las anotaciones de aquel maestro. Vi cosas absolutamente maravillosas y para mí fue un viaje al pasado, a mi juventud. Te puedo asegurar que el olor a pasto mojado todavía me conmueve y me retrotrae al Franzini de hace 30 años. Él decía que lo primero que había hecho era leer las reglas, y que ahí descubrió que se jugaba con una sola pelota. "¿Se dan cuenta de lo relevante que esto?", decía. "Si ellos tienen al mejor jugador pero él no tiene la pelota, no hace nada. Entonces, hay que marcar a la pelota". Decía otras cosas: "¿Vieron jugar a los niños? Corren detrás de la pelota. El fútbol es eso: correr atrás de la pelota". Y así seguía. Fue un adelantado con la pelota quieta: "La pelota quieta va a definir". Entonces cuidaba que no nos hicieran goles así. Estudiaba todo.

39) Jugaste contra Maradona.
Un Maradona con 15 o 16 años, y me pasó con él algo absolutamente increíble: me distraje mirándolo jugar. Es muy difícil distraerte en una cancha de fútbol, pero el genio era tan absolutamente asombroso que te daban ganas de sentarte a mirarlo. También sentí algo parecido frente a Cubilla.

40) Dicen que De León les decía a sus futbolistas: "Ustedes son artistas, fíjense las cosas que hacen con los pies".
Sí, "con una parte del cuerpo que por definición no es diestra, ustedes pueden dar un pase de cuarenta metros". Era un maestro.

Montevideo Portal / Gerardo Tagliaferro
Fotos: Juan Manuel López
Por comentarios: tagliaferro@montevideo.com.uy