En la noche del domingo, un avión privado Bombardier Challenger 650 que transportaba a ocho pasajeros se estrelló en el Aeropuerto Internacional de Bangor, en el estado de Maine, Estados Unidos (EE. UU.). La Administración Federal de Aviación (FAA por sus siglas en inglés), anunció que siete personas murieron y solo una sobrevivió con heridas graves.
Las primeras hipótesis sugieren que el avión podría no haber despegado, sino que se salió de la pista durante la carrera de despegue. Los datos de vuelo muestran una velocidad máxima de alrededor de 150 nudos (278 km/h), lo que refuerza los informes de que nunca despegó completamente. Aun así, el accidente continúa bajo investigación por parte de las autoridades.
El siniestro se produjo mientras una tormenta de nieve de gran magnitud atraviesa el noroeste de Estados Unidos, caracterizada por intensas nevadas, ráfagas de viento y temperaturas bajo cero. Más de 15.000 vuelos fueron cancelados a lo largo del fin de semana, la cifra más alta desde la pandemia, y otros 20.000 viajes comerciales fueron retrasados.
También se vio afectada la red eléctrica, más de 800.000 personas se quedaron sin energía, según poweroutage.us, una empresa de análisis que monitorea los cortes de electricidad en todo Estados Unidos.
Finalmente, los consumidores en varios estados dejaron vacíos los estantes de los supermercados el viernes y el sábado mientras se preparaban para resguardarse de la tormenta invernal.
Se prevé que las nevadas continúen en los próximos días, por lo que las autoridades norteamericanas llaman a extremar los cuidados. “Los impactos de la nieve/aguanieve persistirán bien entrada la próxima semana, con rondas de recongelación que mantendrán las superficies heladas y peligrosas tanto para conducir como para caminar”, informó el Servicio Nacional de Meteorología de EE. UU. (NWS, por sus siglas en inglés).