Por The New York Times | Isabella Simonetti

La edición limitada del Funko Pop de Bob Esponja le hacía ojitos a Jason Grioua.

Grioua acababa de graduarse de la universidad y decidió cumplirse el capricho de comprar unas cuantas figuras coleccionables inspiradas en personajes de programas de televisión y videojuegos.

Este verano, se gastó unos 100 dólares en ese Bob Esponja Pantalones Cuadrados y en figuras de algunos otros personajes que le gustan, entre ellos uno de una serie de anime y otro de su videojuego favorito, “Overwatch”.

No obstante, lo asaltó el remordimiento. Tenía dudas respecto a la economía y estaba subiendo el precio de la gasolina, junto con casi todo lo demás. Al poco tiempo, Grioua, de 23 años y redactor de noticias en el canal WSVN 7News de Miami, se arrepintió de ese gasto.

“Cada dólar sería de utilidad en este momento sabiendo que en lugar de gastarlo lo había ahorrado o lo había metido a mi cuenta flexible Roth IRA”, afirmó. “En definitiva, a largo plazo, la inflación me ha hecho sentir cierto remordimiento por comprar artículos que no son meramente esenciales”.

Los artículos no esenciales tal vez sean muchas de las compras que ocupan espacio en nuestros clósets o en los estados de cuenta de nuestras tarjetas de crédito, pero en un momento en el que la inflación aún persiste, algunos analistas prevén al menos una recesión leve el año que viene y las compras navideñas están en pleno apogeo, esta es la mejor época para el remordimiento del consumidor.

Los datos de Bank of America muestran que el gasto en tarjetas de crédito y débito aumentó un 4 por ciento en noviembre en comparación con el año anterior. El saldo promedio de las tarjetas de crédito entre los usuarios estadounidenses de Credit Karma, un servicio de seguimiento de la puntuación crediticia, subió un 20 por ciento y las puntuaciones crediticias de los consumidores cayeron unos 12 puntos desde marzo, cuando la Reserva Federal empezó a subir los tipos de interés, según datos de la empresa. El banco central volvió a subirlos medio punto porcentual el miércoles.

La inflación ha sido un motivo de preocupación, pero las ventas estuvieron movidas el Viernes Negro, cuando hubo compradores ansiosos haciendo fila afuera de las tiendas para conseguir ofertas. Pese a las preocupaciones de los estadounidenses sobre la economía, Adobe Analytics, que hace un seguimiento de las ventas por internet, calculó que el gasto en internet durante estas fiestas navideñas aumentaría un 2,5 por ciento en comparación con el año pasado.

Jamie Wagner, profesora adjunta de la Universidad de Nebraska Omaha y directora de su centro de educación económica, instó a los consumidores a intentar pensar sus gastos con antelación.

“Siempre que haces una compra no planificada, pueden ocurrir muchas cosas”, explicó. “Te quita algunas opciones en el futuro”.

Despilfarros que acaban mal

Justo antes de que se desencadenara la pandemia, Suzanne Lawler, de Pacifica, California, hizo una compra que no parecía tan mala en su momento. Lawler, gestora jurídica jubilada, acababa de vender un objeto que había heredado y por el que se embolsó unos 90.000 dólares. Luego, en un viaje a Nueva York con una amiga, se “enamoró” de una bolsa Celine en una tienda de consignación de lujo de SoHo. Era una maravilla, pensó, en textura de pitón y color naranja, uno de los colores del equipo de sus amados Gigantes de San Francisco. El precio: 3000 dólares.

Pero Lawler, de 68 años, no ha usado la bolsa y se molesta cada vez que entra en el clóset donde lo guarda. Sus intentos por revenderla han fracasado, ya sea porque los revendedores rechazan los artículos de cuero de pitón auténtico o porque los compradores particulares no quieren pagar el precio que ella pide.

No obstante, tiene más suerte que la mayoría. “No necesito el dinero”, comentó. “Si lo hubiera donado a mi organización benéfica favorita o lo hubiera gastado en algo un poco más apropiado y acorde con mis valores, me habría sentido mucho mejor. Cada vez que entro en ese clóset, me siento fatal”.

Patti Henry no tenía intención de tener varios boletos de avión sin utilizar acumulando polvo durante meses. La pandemia la obligó a cancelar un viaje y, cuando la gente pudo volver a viajar a destinos internacionales, Henry, de 60 años, fisioterapeuta en Portland, Oregón, “se dio un atracón de viajes” y compró boletos para más destinos.

Había un boleto de 500 dólares a la Ciudad de México, un viaje que tuvo que posponer cuando un brote de COVID-19 paralizó los vuelos. También tenía dos boletos, por un total de 900 dólares, a Tahití para las vacaciones de primavera, un viaje que también tuvo que cancelar. Después de eso: un plan para una excursión a Perú, de 2000 dólares, que no salió bien. Aunque al final pudo hacer el viaje a la Ciudad de México, Henry se quedó con una serie de créditos de aerolíneas que le ha costado utilizar por varias razones: diferencias en las fechas de viaje, problemas de comunicación con algunas de las aerolíneas más pequeñas con las que reservó y, lo más doloroso, aumentos de precios que le han dificultado llevar a toda su familia conformada por cuatro miembros.

“Todo se ha vuelto muy caro. Es completamente ridículo”, señaló Henry. Dijo que seguiría reagendando y con el tiempo usaría los boletos, aunque esperaba que le reembolsaran algunos.

Cómo frenar las compras impulsivas

Aunque el remordimiento del consumidor puede ser imposible de evitar por completo, hay maneras de evitar gastar de más en cosas que simplemente no necesitas.

Justin Pritchard, propietario de Approach Financial Planning, una empresa de planeación para el retiro en Montrose, Colorado, dijo que era importante “dejar un poco de espacio” entre el deseo de un artículo y su compra.

A continuación, presentamos algunas sugerencias para que seas más consciente de tus gastos:

— Haz depósitos automáticos en diferentes cuentas de ahorro. Pritchard lo llamó “la estrategia de pagarse primero a uno mismo”. Estos depósitos te dejan menos efectivo disponible en tu cuenta corriente que podrías tener la tentación de gastar.

— Escribe una nota adhesiva en tu tarjeta de crédito en la que enumeres tus gastos prioritarios. En lugar de una lista, la nota puede decir solo “haz una pausa” o “ve más despacio”, dijo Pritchard. Este recordatorio te permite replantearte cómo estás gastando tu dinero y redirigir tus gastos hacia tus objetivos.

— Borra la información de tu tarjeta de crédito de tu cuenta de Amazon. Esto añadirá una barrera antes de pasar al cobro: tendrás que introducir los datos de tu tarjeta de crédito a mano, lo que te obligará a hacer una pausa y pensar las compras con más detenimiento.

— Lleva una lista cuando vayas de compras, tanto en físico como en línea. Esto puede ayudarte a ser consciente de tus compras y a no adquirir artículos que no se ajusten a tus prioridades de gasto.

“Los minoristas, tanto en internet como en las tiendas físicas, son muy hábiles”, aseveró Pritchard. “Son expertos en hacerte comprar cosas que no necesitas”.

Aunque hay varios factores que pueden llevar a alguien a hacer una compra impulsiva, uno de los más importantes es el estrés. Según Wagner, muchas personas son consumidores emocionales que compran para celebrar o para sentirse mejor cuando están tristes.

Para evitar esa trampa, Wagner sugiere pensar en los artículos durante unos días y ver si el deseo de comprarlos perdura. Así como se le aconseja a la gente que no vaya al supermercado cuando tiene hambre, Wagner dice que es mejor evitar comprar cuando estás procesando sentimientos fuertes.

“Eliminar las emociones y los impulsos puede ser sumamente útil”, concluyó. ¿Alguna vez has sentido el remordimiento del consumidor? Seguro que sí, pero hay formas de evitarlo. (Michelle Kondrich/The New York Times)