Vabbing es una palabra compuesta que combina “vagina” y “dabbing” (un concentrado de cannabis) y refiere a la práctica de aplicar las secreciones vaginales sobre el cuerpo femenino, a modo de perfume. Dicha fragancia —aseguran quienes defienden su uso— ejerce un efecto seductor sobre los hombres.

Las secreciones vaginales son algo absolutamente normal y saludable. De hecho, forman parte de mecanismos naturales que esa parte del cuerpo tiene para mantenerse limpia y con la humedad correcta. Sin embargo, su presunta utilidad como perfume o como elemento de atracción ya es harina de otro costal.

Y de ese costal proviene justamente el vabbing, una tendencia cada vez más visible en redes sociales —y muy especialmente en TikTok, donde numerosas mujeres dicen usar y recomendar esta práctica para atraer amantes—.

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El concepto de los perfumes “irresistibles” y capaces de hacer caer rendida a la persona deseada es conocido desde antiguo y no pocos han medrado con él. En ese caso, la novedad consistiría en que no haría falta recurrir a costosos productos en el mercado, sino que bastaría con echar mano —literalmente— a una sustancia proveniente del propio cuerpo.

La “base científica” de las argumentaciones a favor de esta práctica tienen como eje a las feromonas, sustancias excretadas que desempeñan un papel en el comportamiento de apareamiento. Sin embargo, y tal como recuerda el periódico The Independent, la mayoría de los estudios al respecto se han llevado a cabo con animales, y hay pocas investigaciones acerca de la influencia de esas sustancias en la conducta sexual humana.

Dicho con más claridad: no hay ningún estudio que sustente la idea de que el vabbing podría ayudar a conseguir pareja a quien lo practique.

Dicho esto, hay también quienes lo defienden argumentando que, aunque quizá sea inútil, se trata de algo que no comporta riesgo alguno para la salud. O sea, el viejo argumento de “mal no me va a hacer”. De hecho, apuntan a una posible variante del efecto placebo: usar ese perfume natural con la creencia de que tiene efectos seductores aumentaría la confianza de la usuaria y esto le daría un atractivo ante los hombres.

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Además de todo lo antedicho, subyace sobre esta tendencia una interrogante preliminar: ¿vale la pena embadurnarse con sustancias —las que fueran— con el solo fin de “seducir”? Cada quien tendrá su respuesta.

En caso de querer probar, la recomendación es la siguiente: lavarse bien las manos, luego introducir dos dedos en la vagina y aplicar la humedad obtenida en los puntos habituales para lo perfumes: muñecas, cuello y detrás de las orejas.