Le comento a Hugo Fattoruso que soy fan de su primer disco solista Varios Nombres, editado en 1986, que tengo en vinilo. Me dice que soy una de las 200 personas que tienen ese álbum. Esa fue la tirada original del disco, que luego el sello argentino Melopea reeditó en CD.

Pionero del rock en el Río de la Plata con Los Shakers, Fattoruso emigró con su hermano Osvaldo y Ringo Thielmann a fines de la década de 1960 a Estados Unidos, donde formó Opa, un proyecto de jazz fusión que sigue marcando a la música uruguaya y cuyos dos discos continúan siendo objeto de culto alrededor del mundo.

Acompañante de músicos como Chico Buarque, Djavan , Milton Nascimento, Ruben Rada y Jaime Roos, desarrolló a lo largo de estos años una obra inmensa que va del jazz al candombe más tradicional, pasando por la canción y varios entrecruzamientos imposibles de definir, con una cantidad de álbumes editados alrededor del mundo.

Tras un concierto en el Auditorio del SODRE en el mes de junio, Fattoruso despedirá el año con un espectáculo denominado Fattoruso Beat el 27 de diciembre en el Teatro Solís, donde homenajeará a los Beatles y tocará temas de Los Shakers. Allí estará acompañado por Martín Ibarburu, Coby Acosta , Albana Barrocas, Daniel Maza, Francisco Fattoruso y el coro integrado por Sara Sabah, María José Bentancurt, Nico Sarser, Rodolfo Vidal y Juliano Barreto.

-Con Los Shakers hiciste un camino opuesto al que han hecho la mayoría de los músicos. Aunque eras muy joven, ya eras un músico de jazz con bastante experiencia, cuando decidieron con tu hermano Osvaldo formar una banda al estilo Beatle...

Como en casa se escuchaba todo tipo de música, siempre me sentí familiar con una cantidad de estilos. Yo ya había arañado los pentagramas con algunos temas. Había hecho cosas para el lado del jazz, había compuesto un tango.

Decidimos formar ese grupo pero nuestros estudios y nuestras aventuras musicales no quedaron en eso. En el momento en el que formamos los Shakers componíamos temas en ese marco, que es relativamente simple digamos. Son canciones de dos minutos, con acordes que podíamos tocar en la guitarra. Pero, paralelamente, tanto mi hermano como yo nunca paramos de indagar y de movernos en otros estilos.

-Has dicho muchas veces que Los Shakers están sobrevalorados. Vas contra una opinión mayoritaria en el Río de la Plata que los considera unos pioneros del rock sudamericano...

A mí lo que siempre me causó estupor es que en el Río de la Plata traten así a un grupo uruguayo que cantara en un inglés fonético. Y la verdad es que hay muy poca gente que conoce las composiciones de los Shakers. Conocen un par de temas que fueron muy populares, pero el resto de las canciones no. Es todo muy contradictorio para mço.

-Pero, no sé... un disco como La Conferencia Secreta del Toto´s Bar tiene sus cosas, ¿no? Los Beatles nunca hubieran hecho un disco así...

Bueno, sí, ahí arrimamos bastante bien. Eso estuvo bien. No me causa tanto...terror, digamos. Pero hicimos algunas cosas de las que no me siento orgulloso. Como salir a imitar en todo -aunque hacíamos nuestras propias canciones- a los Beatles.

Pero fue Alejandra Volpi, la productora del show Fattoruso de Gala, en el Auditorio del Sodre, que después de ese show me dijo: "Hugo, tenés que despedir el año con otra gran gala". Y me dio la idea de homenajear a los Beatles en sus 50 años, y, de paso hacer algunos temas de Los Shakers. Y la verdad es que estoy muy agradecido con esa idea, porque no sabés lo bien que está sonando el grupo que armamos...

-¿Escuchaste los temas originales de los Beatles y Shakers para armar el repertorio y hacer esas versiones o te apoyaste en la memoria?

No, vinieron a mí muy rápido. De Los Shakers, más allá de dos que son los más populares elegí otros que yo creo que son un logro en cuanto a la composición dentro de su estilo. De Los Beatles podés elegir cuatrocientos temas. Es como versionar un tema de Rada, hay miles. No tenés cómo errarle. Los Beatles son unos magos, son la belleza de los dos minutos, la mayor parte de sus canciones son la pura melodía.

-¿Qué fue lo que te sedujo de los Beatles en el primer momento que los escuchaste?

Tengo que confesarte que la primera vez que escuché a Los Beatles no me gustaron. Enfrente de casa había una panadería -que todavía está. La hija de los dueños había viajado a Londres y volvió con la novedad de un disco simple de un nuevo grupo que estaba matando allá. Eran Los Beatles, claro, y la canción era "She loves you". Y al principio no me gustó nada. Pero a la semana ya me habían conquistado. Nosotros, de ese costado de la música veníamos escuchando Bill Haley, Elvis Presley, Little Richard. La aparición de los Beatles fue un cambio enorme: una propuesta musical distinta, todo un tipo de conducta nueva, ropa, estética. Nos sedujo, como a muchos.

-¿Es muy distinto el encare cuando hacés canciones que cuando hacés música instrumental? ¿Son mundos distintos?

Para mí no. Siempre me moví así, haciendo cosas disparatadamente diferentes. Tengo cosas que puedo presentar en un festival de jazz, pero también hago canciones, baladas, canto en español o en portugués. Yo me siento cómodo componiendo cualquier tipo de cosas. Es una inquietud natural, no necesito estar inspirado. Unos días tenés más suerte que otros. Yo trabajo todos los días. No busco nada. Estoy todo el día sentado frente al piano o los teclados. A veces toco cosas viejas, practico, y cualquier mínima idea la anoto, la grabo, hago borradores. Me muevo con mucho entusiasmo siempre. Si empieza algo que tiene ribetes jazzeros sigo por ese lado. Si me viene una letra, no sé, romántica, arranco para ese lado de balada. La música se siente y las cosas vienen. Es como que automáticamente las composiciones que hago se van dirigiendo hacia un proyecto u otro. Soy instrumentista, soy compositor, soy versionista. Me despacho con todo.

Capaz que cuando toco jazz se pueden pensar que soy un músico brasileño, caribeño, no sé. Por eso formé Rey Tambor, un cuarteto conmigo al piano y los tambores de Diego Paredes, Fernando Núñez y Noé Núñez, para hacer música específica de este punto del planeta. Eso es Montevideo y se terminó. También tengo un dúo con Albana Barrocas llamado HA, donde tocamos en su mayor parte versiones de músicas de artistas locales: Ruben Rada, Jaime Roos, Fernando Cabrera, Jorginho Gularte. Alfredo Zitarrosa, Eduardo Mateo, Alberto Wolf. Es un repertorio infinito. Tengo también mi dúo con el músico japonés Yahiro Tomohiro, Dos Orientales, donde tocamos fusión. Hemos tocado en festivales muy importantes y a veces en bares donde hay cuarenta personas.

-Versionar temas de otros tiene algo de composición también, ¿no? Porque muchas veces agarrás como el esqueleto de un tema y lo llevás para otro lado a veces completamente diferente...

Exactamente. Podés errarle como a las peras también. Pero para mí es una pasión, es más fuerte que yo. Hay una cantidad de temas que me encanta hacer y que no son míos. Esto que vamos a hacer en el Solís es eso. No se trata de covers, son versiones.

-Vos que tocás a veces cosas muy complejas, ¿no se te hace difícil encarar versiones de canciones muy sencillas?

Pasa que el poder de la melodía es tan fuerte, que si el que versiona o interpreta la entrega con ese respeto y ese cariño, ya entra ganando a la cancha. Si no te hacés el nunca visto y no te tentás de agregarle esto y lo otro, no hay como errarle. Tocá lo que compuso el animal ese y chau. Es la apuesta a la belleza de la composición.

En mi caso yo voy con total confianza de que mi versión no tiene cromados o espejitos innecesarios. Con todo el cariño y respeto que tengo a la música que versiono, para mi es algo muy intenso. Hay que ver después que le parece al que escucha.

-¿Dónde te sentís más cómodo, tocando en vivo o grabando en un estudio?

Me encantan las dos cosas. Son mundos completamente distintos. El estudio te da más posibilidades, pero tocar en vivo es único, porque ahí tenés que embocarle a todo de una. Y también cuenta la gente, el público. En el estudio tenés una cantidad de mañas, podés arreglar cualquier equivocación, corregir errores. A mí me apasiona, porque es algo que queda para toda la vida. Yo no voy a estar más, pero los discos sí. Para mí el disco tiene que quedar inmaculado. Por ejemplo hay producciones donde me dan determinada cantidad de horas de estudio. Yo ni pienso en esas horas. Si me paso, me encargo yo. Esas horas de más salen de mi bolsillo. Y nunca es que las horas no me alcancen porque me quedé con el ingeniero charlando. Trabajo intensamente y no paro hasta que, para mí, el concepto está terminado.

-¿Y escuchás tus discos después?

Claro, para aprender. Y siempre que los escucho pienso que los podría haber hecho un poco mejor. Es una cadena sin fin. Pero te puedo decir que todo lo que hago hoy lo hago con vistas al almanaque. Porque yo ya no soy un chiquilín. Los tiempos se acortan para mí. Antes, capaz que hacía las cosas más a la ligera, hoy en día me quedo trabajando, con mucha pasión, hasta que quedo completamente conforme.

-¿Te enorgullece o te incomoda que mucha gente te vea como el ejemplo del artista virtuoso uruguayo, una especie de embajador de la música nacional?

A lo mejor lo de embajador se da porque viajo mucho y en todos los lugares donde vamos con mi música me reciben bien. Ahí pongo mi granito de arena. Virtuoso no soy, artista tampoco soy. Yo soy un artesano que trabaja con notas. Hay algunos que hacen pulseras, otros espejos. Yo hago música.

-¿Y por qué no te considerás un artista?

Un artista es otra cosa. Es más de show, de luces, de humo. Yo soy artesano. Soy cantautor y soy instrumentista. Pero volviendo a tu pregunta, no es que me incomode. Pero es un lugar de gran responsabilidad el que me dan a veces. Si alguien considera que yo llevo la bandera uruguaya por el mundo, que se quede tranquilo que la llevo bien. Yo camino tranquilo, soy de los que no tira basura ni en su casa ni en la calle.

Andrés Torrón