La historia de amor de José Umberto, retirado militar, y la asistente social Katia Moraes parece el libreto de una película romántica, y en estos días conmovió a Brasil, país en el que ambos viven.
Todo comenzó hace 35 años en Santos, San Pablo, cuando ambos eran unos niños. Esta semana, en una entrevista con el canal local TV Tribuna, explicaron que eran vecinos, pero que tenían que hablar en secreto porque el padre de ella desaprobaba la amistad entre ambos.
"Yo le decía: 'Me gustas', pero solo tenía 10 o 12 años en ese momento, así que era un amor que estaba naciendo dentro de mí y ni siquiera sabía lo que era", dijo Katia, quien recordó que, ya en la adolescencia, recibió con sorpresa una noticia: su familia iba a mudarse, y debería alejarse de su amigo especial.
Desde ese momento, sus vidas discurrieron separadas. Umberto se unió al ejército, se casó y tuvo hijos, mientras que Katia también formó una familia. Cada uno siguió su propio camino, pero nunca se olvidaron el uno del otro.
“No tenía ni idea de dónde estaba, ni cómo estaba, pero siempre recordé ese amor, siempre permaneció intacto”, dijo Katia. Y Umberto le pasaba lo mismo. “No podía ver a una rubia sin que me recordara a ella”, bromeó.
Tras tres décadas sin saber nada el uno del otro, se reencontraron en un grupo en redes sociales, cuando ambos ya estaban divorciados. De inmediato afloraron los recuerdos y hubo explicaciones.
“Él me dijo: ‘No salimos porque tu padre no lo permitía, no nos juntamos porque tu padre no lo permitía, tu padre me amenazó’, y entonces toda esa historia volvió a mi mente. Pero, desde el primer momento en que lo vi, sentí el mismo amor”, declaró Katia.
En seis meses se casaron y se fueron a vivir a Praia Grande, donde les tocó pasar por el trance más duro de su historia. Umberto descubrió que necesitaba un trasplante de riñón debido a complicaciones derivadas del COVID-19.
Tras varios días de hospitalizaciones, hemodiálisis y transfusiones de sangre, el destino les deparó otra sorpresa. Katia era una donante compatible y el trasplante se realizó con éxito el 25 de diciembre pasado.
"Fue algo muy especial porque, en realidad, tenía muchas esperanzas de recibir un riñón, pero no de ella, porque quería evitarle ese sufrimiento. Pero tampoco podía negar lo que ella sentía, lo que ella quería", explicó Umberto.
Ahora, el jubilado se recupera de la intervención médica, y la pareja cree más que nunca que estaban destinados a conocerse. “Todavía no hemos experimentado esa emoción de mirarnos y decir: ‘Guau, todo ha salido bien, todo va de maravilla’, pero lo estamos asimilando”, dijo Katia, quien sigue de cerca la convalecencia de su esposo.
Para la mujer, la donación de órganos es algo fundamental.
“Es la oportunidad para que esa persona vuelva a tener vida, para vivir otros 10, otros 15 años o el tiempo que sea, pero para vivir. Eso es lo que intenté hacer. Me dije ‘voy a compartir lo que tengo para que él también pueda vivir’", concluyó.