En las alturas del cerro del Toro, entre el verde de la vegetación y de los viñedos de una bodega a pocos kilómetros de Piriápolis, un grupo de referentes del cine de Iberoamérica, que fue citado para participar del Festival Internacional de Cine de Punta del Este, reflexiona sobre los nuevos desafíos del cine. Alguna vez fue el pase del blanco y negro al color. Ahora, el boom de las plataformas, esos gigantes que son noticia a diario por los millones que invierten, por las críticas de los cinéfilos, por la democratización que también causaron.
El significado del cine en Uruguay cambió con los años. Durante gran parte del siglo XX, fue un punto de encuentro, un centro de vida cultural a lo largo y ancho del territorio nacional. Las matinés, las películas, una imagen que achicaba al mundo, una experiencia. Con la llegada de la televisión con cable, el signo transmutó y cambió la forma en la que las personas se vinculaban con el cine y con las películas. La comodidad de la casa y la economía comenzaron a competir con las butacas y las pantallas gigantes. Con las plataformas, esa brecha se incrementó aún más.
¿Los uruguayos siguen yendo a ver cine independiente? ¿Qué películas prefieren? El distribuidor independiente y programador de la sala B del Sodre, Gabriel Massa, ahondó a Montevideo Portal cuáles son los criterios a la hora de traer cine a las salas del país, el desafío de las plataformas digitales y la escena local.
De acuerdo con Massa, los uruguayos siguen yendo al cine, pero “menos que antes”. En su mayoría, los espectadores son un “público grande”, de entre 50 a 80 años o más. Ese tipo de personas, en general, elige el cine europeo.
De todos modos, el distribuidor reconoce que en los últimos años la “irrupción” de la nueva Cinemateca, ubicada en la Ciudad Vieja, “ayudó a que hubiera un poco más de público más joven que busca ver buenas películas”.
Con los años, la forma de seleccionar películas cambió. Hace por lo menos una década, los distribuidores uruguayos podían conseguir una comedia francesa o italiana “divertida”, con “otros valores o culturalmente distinta” que fuera exitosa. Hoy en día, ya no tanto.
Por ejemplo, la comedia antes solía verse en el cine, pero el “advenimiento del cable, después de las plataformas y de las sitcoms hizo que hoy sea un género que el público ve casi siempre en la casa”.
Massa sabe que las películas italianas, francesas e inglesas funcionarán mejor que una alemana, turca o de oriente. Que si es una producción argentina que tiene actores conocidos —generalmente Ricardo Darín o Guillermo Francella— o que está “de moda”, tuvo un buen paso por festival del mundo o trata determinado tema, también será elegida por los uruguayos. Y también los premios, las nominaciones, como la “sorpresa” de Valor sentimental (2025), una producción independiente que lleva semanas en cartelera.
¿Qué ven los uruguayos?
Massa dice que las películas se ven según sus directores, sus trayectorias, sus premios, la historia que cuentan, los personajes. Días perfectos (2023), de Wim Wenders, se estrenó un 15 de febrero y estuvo en cartel hasta mediados de junio, cuando, en general, el promedio son tres semanas.
En lo que respecta a las producciones uruguayas, lo que prima es el documental. Montevideo inolvidable (2025), de Alfredo Ghierra, estuvo en las salas desde el 13 de marzo hasta la segunda semana de agosto. La gente iba; la recomendaban, la veían. El boca a boca ayudó al cine local.
Otro fenómeno similar fue Bosco (2020), de Alicia Cano, que estuvo más de 24 semanas en salas comerciales y luego siguió proyectándose en la sala B, en Cinemateca, en funciones itinerantes por el territorio nacional y en el exterior.
En Uruguay, entre el 75% y el 80% de las producciones son documentales; “son realmente pocas las ficciones”, reconoce el distribuidor. “Por año se estrenan muchísimo más documentales y es un hecho significativo muy particular del Uruguay y de las películas que funcionaron bien en taquilla. Puedo sumar Jorge Batlle. Entre el cielo y el infierno (2024), que también hizo unos 20.000 espectadores hace un par de años”, señala Massa.
Para el programador de la Sala B del Sodre, la cinematografía uruguaya está en “un debe de seguir encontrándole la vuelta a buscar historias o contar nuevas de otra manera”. Massa plantea una “autocrítica” sobre qué narran las ficciones uruguayas y cómo llegarle al público.
Si bien el distribuidor destaca películas como Un futuro brillante (2025), de Lucía Garibaldi, que fue reconocida en Tribeca, o Un cabo suelto (2025), de Daniel Hendler, que ya comenzó a girar por el mundo, también reconoce que sería “necesario para la industria uruguaya que una ficción realmente funcionara muy bien, que se mantuviera en el tiempo y que gustara”.
Hubo un momento en el que ese género llevaba a la gente al cine: películas como El viaje hacia el mar, El baño del papa, 25 watts, En la puta vida, que incluso llevó más de 100 mil espectadores a las salas, cuando ahora la ficción no supera los 15 mil.
En 2024, el observatorio de la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU), que analizó la exhibición de películas en Uruguay durante ese año, concluyó que en la última década la asistencia a los cines del país mostró una tendencia descendente, que se acentuó con la pandemia por el covid-19. La situación no es inherente a la escena local, sino que también se repite a lo largo del globo. Ese mismo año, se estrenaron 29 largometrajes uruguayos, en su mayoría documentales. Por primera vez en seis años, ese género superó a la ficción en cines.
El estudio de la ACAU registró que en 2024 fueron unas 2.131.083 personas las que asistieron a las salas de cine uruguayas. En total, 2.077.781 vieron películas extranjeras, mientras que 53.302 vieron producciones uruguayas.
La nueva era trae el desafío de la competencia de pantallas: el celular, la computadora, la televisión. Que la gente se mueva de sus casas, que llene las salas, que los niños y los jóvenes vuelvan a ir al cine. Que se narre para interpelar a los uruguayos.