El año pasado, un nuevo enfoque sobre el tan discutido origen de Carlos Gardel llamó la atención de los medios. Así fue que Eduardo Cuitiño, docente de Matemática y Estadística en la Facultad de Ingeniería de la Universidad ORT, pudo exponer su tesis que concluía que el zorzal criollo había nacido en Uruguay. Tiempo después, Cuitiño publicaba el libro "Gardel, el muerto que habla" sobre sus pesquisas.

No obstante, este tema no es el único que ocupa el tiempo libre del matemático, que tiene como hobby descifrar o descubrir algunos famosos enigmas policiales.

En una entrevista con Montevideo Portal tiempo atrás, Cuitiño había adelantado su investigación sobre Jack el Destripador, que concluía con la identidad precisa del famoso asesino a partir de análisis caligráficos y probabilísticos. Este material, informó ahora el matemático, se materializará en un nuevo libro a fin de año.

En tanto, Cuitiño halló un nuevo motivo de desvelo: los misteriosos mensajes en clave que el llamado Asesino del Zodíaco, que operó en California entre diciembre de 1968 y octubre de 1969, y envió a la prensa estadounidense justificando sus crímenes, burlándose de la policía y, en algunos casos, indicando su identidad.

"Es un caso interesante porque es un asesino que tiene mucha simetría, mucha matemática, porque la figura con la que se identifica en sí es un eje x, un eje y, un círculo", comentó Cuitiño.

"El desafío, más que descubrir quién fue es resolver unos criptogramas impresionantes. Yo elegí el más fácil, porque hay criptogramas monstruosos", explicó.

Caballeros, el Zodíaco

El 1º de agosto de 1969, tres cartas diferentes escritas por el Asesino del Zodíaco llegaron a la redacción de los diarios Vallejo Times Herald, San Francisco Chronicle y San Francisco Examiner. En ellas, el asesino reconocía sus tres primeros crímenes e incluía un criptograma, una parte en cada una de las misivas, que en conjunto quedaba compuesto por extraños caracteres y que, según señalaba en las cartas, contenía su identidad. Las cartas debían publicarse en primera plana para evitar que el criminal matara a una docena de personas, y los diarios cumplieron con su pedido. Este era el mensaje:



Mensajes como éste, que llegaron junto con cartas y amenazas de distinto tipo, desvelaron a la policía, al FBI y a buena parte de la población, que intentó y en algunos casos logró decodificar los violentos mensajes.

El que Cuitiño se abocó a desentrañar fue, como dijo, "el más fácil", pero que no por ello había logrado ser descifrado hasta el momento. En ese mensaje, que llegó el 20 de abril de 1970 al diario San Francisco Chronicle, el asesino aseguraba que figuraba su nombre.



Cuitiño comenzó sus suposiciones tomando en cuenta que, ya que el propio asesino refería a su nombre, las últimas letras NAM podían estar seguidas de una E, ausente en el mensaje, para formar la palabra "NAME" (nombre). Entonces, supuso, podrían faltar otras letras, como por ejemplo una Y después de la M que aparece en el centro para formar "MY" (mi).

"Este mensaje siempre se estudió pensando que cada símbolo extraño era otra letra, buscando un cifrado por sustitución, pero nunca se imaginó que había que agregarle letras", explicó Cuitiño.

Utilizando la lógica icónica del asesino, que se representaba a sí mismo con un símbolo circular, el matemático decidió disponer el alfabeto en una circunferencia.

En ese diagrama ubicó las letras que según su entender faltaban en el mensaje, y se valió del símbolo del zodíaco para trazar un diagrama que encontrara las letras antagónicas. Además, destacó, el propio criptograma incluye un símbolo como el que trazó en este círculo alfabético.

Este símbolo, según sus conclusiones, funciona como separador de palabras, de modo que el criptograma está compuesto por cuatro palabras, a saber:

A E N / [el símbolo del zodíaco] / K / M / NAM

Con esta hipótesis como base, continuó elaborando supuestos, basado en dibujos que aparecían replicados en algunas cartas, en sus simbología frecuente y en la idea del zodíaco. Todo el proceso seguido por el matemático puede verse adjunto al final de esta nota.

Lo cierto es que, llegando al final de sus investigaciones, concluyó que a la primera palabra del mensaje A E N le falta una L; a la segunda palabra K le falta una R (abreviatura de "killer", apuntó); a la tercera palabra M le falta una Y; y a la cuarta palabra NAM le falta una E.

El mensaje entonces sería:



Justamente, explicó Cuitiño, Arthur Leigh Allen fue el sospechoso número 1 del FBI, pero nunca consiguieron pruebas para incriminarlo. Allen murió mientras la investigación lo tenía prácticamente acorralado, y el misterio del asesino del Zodíaco se perpetuó por años.