Jorge Martínez, fundador, voz y guitarra del legendario grupo Ilegales, murió a los 70 años en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), donde permanecía ingresado desde hace semanas a causa de un cáncer pancreático fulminante. El artista había cancelado todos sus compromisos tras anunciar su enfermedad en setiembre.
Figura central del punk más descarnado que sacudió España en los años 80, Jorge Ilegal —como era conocido por sus seguidores— deja un legado difícil de encasillar: letras afiladas como bisturíes, actitud de guerra permanente y una honestidad brutal, que lo convirtió en un referente incómodo, radical y necesario del rock ibérico.
De Avilés al escenario como si fuera Stalingrado
Nacido en Avilés en 1955, en el seno de una familia con raíces nobiliarias, Martínez cambió el camino universitario por las orquestinas de baile y el vértigo del escenario. Fundó Ilegales en 1981, y en 1983 publicó su primer álbum, Ilegales, con una portada mítica de Ouka Leele. Desde entonces, firmó discos esenciales del rock en español como Agotados de esperar el fin (1984), Todos están muertos (1986) y Chicos pálidos para la máquina (1988).
Canciones como Bestia, bestia, Soy un macarra o Destruye definieron un estilo crudo, provocador y sin concesiones, con un enfoque lírico que exploraba con crudeza la violencia, el deseo, la marginación y el absurdo humano. En escena, Jorge era pura trinchera, como si cada concierto fuera el último.
El punk, la literatura y la herencia brutalista
Bajo la imagen de macarra furioso —la chupa de cuero, el gesto desafiante, la pose de guerrillero urbano— habitaba un tipo leído, irónico, culto y complejo. Su música no solo fue transgresión, también fue espejo de una España postfranquista que se transformaba a golpes, y a la que él puso banda sonora sin embellecer nada.
“Soy bastante criminal, he vivido siempre por el método suicida y he visto la muerte de cerca”, decía en una entrevista reciente. Esa frontalidad fue su marca. No fue un poeta maldito, sino un realista brutal, como si a Bukowski le hubieran prestado una guitarra eléctrica y un micro en Oviedo.
Ilegales, 40 años sin domesticar
Durante las décadas de los 90 y 2000, Jorge siguió editando discos que mantuvieron la esencia cruda del grupo, como Regreso al sexo químicamente puro (1992), El apóstol de la lujuria (1998) o La vida es fuego (2015). Nunca dejó de girar, por España y América Latina, ni de lanzar nuevas canciones —como en Joven y arrogante (2023), que presentó ya con el cuerpo agotado pero con el verbo intacto.