Se estrenó el nuevo espectáculo de El Gran Gustaf en el complejo Movie de Montevideo Shopping, a sala llena, recorriendo algunas historias entre anécdotas y personajes de su Capurro natal, desde la óptica de un niño que va narrando y mostrando una parte de su vida, de su barrio y de su cuadra, y que, por momentos, nos resultaba común a todos los que estábamos en la sala.
Estas historias tenían su correlato en los espectadores, que acompañaban con carcajadas, alguna lágrima y aplausos. Es que Gustaf no necesita ir a Nueva York, París o Londres para que sus personajes y sus historias tengan impacto. Gustaf, como si fuera un pequeño Marco Polo, nos va metiendo en su juego, en su propia historia, que ocurre en pocas cuadras. Así como El Quijote recorrió pocos kilómetros para enfrentar innumerables desafíos, Gustaf nos marca el punto de partida y de llegada: las inmediaciones del Parque Capurro.
Este artista, que ha dado innumerables muestras de humor inteligente, sorprende con esta nueva puesta, que toca el corazón de cada espectador. Los guiños de época y los temas comunes que atravesaron a generaciones hoy nos permiten vernos como si fueran nuestro propio espejo. Gustaf sube al escenario y se agiganta con cada historia, con cada relato que provoca una risa nerviosa, un codazo de “¿te acordás?” o una carcajada contagiosa, y que nos muestra qué tan uruguayos somos, qué tan ricos en anécdotas somos y cuánto nos reconocemos en estas historias que son nuestra propia historia y que El Gran Gustaf relata cada noche.
A la salida del teatro, Gustaf recibió a Montevideo Portal para conversar sobre este nuevo show:
“Aplica, como decís vos, para cualquier barrio del mundo. No importa la clase social, la ubicación geográfica, dónde estés o la edad que tengas. Creo también —no quiero nombrar la palabra éxito— que la repercusión que ha tenido ya este estreno es identificatoria. El vehículo, la risa, la carcajada a más no poder, tienen un componente emotivo que la gente va descubriendo a través de la historia.
Es autorreferencial porque es el Gustaf de dos años en el Parque Capurro y todas las peripecias, que son las peripecias que está viviendo el que nos está viendo, no importa dónde sea ni dónde viva. Eso es lo que yo quiero hacer: esas pequeñas historias, que no son los grandes temas. Porque a veces los artistas, y me incluyo, tenemos el berretín de venir con los tomos de los grandes temas: la justicia, el poder, la belleza, el amor. Pero todos nosotros tenemos una historia que, me parece, es digna de contarse, si la contamos bien, y que puede conmover.
Intento hacerlo, estoy en el proceso y va a durar toda una vida. Es lo que decía Tolstoi: ‘Pinta tu aldea y pintarás el mundo’. A veces veo anécdotas que suceden en Manhattan o en Dinamarca, pero yo narré, y la platea se mataba de la risa, personajes que son del barrio y no son exclusivamente míos. Vos tendrás en tu barrio, en tu departamento, en tu ciudad o en cualquier país, ese personaje que, reitero, no refiere solo a una religión, una clase social o una ideología. Es un personaje que merece ser rescatado.
Creo que por ahí viene la repercusión que está teniendo esta obra, con entradas agotadas. Viene todo el mundo, es un público heterogéneo, se matan de la risa y se van llorando de emoción. Porque el humor salvará al mundo”.