Ethan Teszler llevaba apenas cuatro días en Israel junto a otros 14 uruguayos cuando el ejército israelí, en coordinación con Estados Unidos, lanzó un bombardeo que terminó con la vida del líder supremo de Irán, Alí Jamenei. La noticia que sacudió al mundo —y que puso fin a 37 años de gobierno en Irán— desató una reacción inmediata de Teherán. El régimen respondió con una ráfaga de misiles contra Israel y contra varios países de la región donde Estados Unidos mantiene intereses y presencia militar, como Catar, Kuwait, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

A solo cinco días de haber iniciado, lejos de apaciguarse, el conflicto parece adentrarse en una fase cada vez más incierta y peligrosa. El fuego cruzado se expandió hacia Líbano e Irak, alcanzó incluso el espacio aéreo de Turquía y abrió un nuevo escenario de tensión a nivel mundial. 

“Nosotros teníamos un programa de 14 días. Ponele que llegamos el 24 de febrero, y solo duró cuatro días, cuando estalló la alerta”, relata Teszler a Montevideo Portal mientras aguarda para abordar el avión que lo traerá de regreso a Uruguay desde San Pablo. El joven compatriota había viajado a Tel Aviv en el marco de un voluntariado con la organización Taglit-Birthright Israel. “Es trabajo humanitario. Vas a apoyar en logística, por ejemplo, para armar viandas para los soldados que están en la guerra. Eso se manda a la Franja de Gaza. También a trabajar con personas en situación de discapacidad”, explica.

Lo que había comenzado como un viaje soñado terminó convirtiéndose en un periplo lleno de tensión y nerviosismo para escapar de una guerra. “Nos encontrábamos en Tel Aviv cuando nos sonó la primera alarma y ahí empezó la histeria del grupo”, comenta. La población civil cuenta con una aplicación oficial que advierte a los ciudadanos cuando un misil está por impactar en la zona donde se encuentran. El sistema envía alertas con antelación para que las personas puedan dirigirse rápidamente a refugios o lugares seguros, y así reducir el riesgo de víctimas.

Apenas recibieron la alarma, el grupo de uruguayos corrió hacia el búnker. “Nosotros somos uruguayos, no estamos acostumbrados a una situación de guerra, pero para ellos es un día más”, dice aludiendo a la población local. De hecho, un grupo de tres surfistas que estaban disfrutando del mar debieron correr con sus tablas de surf y con sus trajes de neopreno puestos hacia el refugio. “Estuvimos ahí un par de horas”, agrega.

El estado de alerta y la escalada del conflicto, sumado al cierre del espacio aéreo de Israel, llevaron a la organización a tomar la decisión de evacuar los cerca de 500 voluntarios, entre los que, además de los uruguayos, había alrededor de 40 argentinos, 80 franceses y más de 100 estadounidenses. “De repente, estábamos desayunando y nos dicen: ‘Che, tienen media hora para agarrar todo que viene el ómnibus y nos vamos’”, recuerda Ethan. “Nos llevaron al mar Muerto, porque es el punto más bajo de la Tierra —a más de 430 metros bajo el nivel del mar— y está rodeado de montañas, por lo que es medio complicado que entre un misil ahí”, detalla.

La distancia entre Tel Aviv y el santuario de sal es de 100 kilómetros, trayecto que los uruguayos tuvieron que encarar acostados en el piso de un ómnibus. De allí, hasta la ciudad de Eliat, a unos 200 kilómetros y ubicada en la frontera con Egipto. “Para nosotros era todo pánico, complicadísimo”. Mientras el colectivo avanzaba por la carretera, los celulares no paraban de emitir alertas por los misiles que caían en las cercanías. Desde las ventanas, los voluntarios veían cómo impactaban solo a 300 metros de la ruta, provocando fuertes explosiones, columnas de fuego y una intensa humareda que se elevaba hacia el cielo.

“Está lo que es la Cúpula de Hierro de Israel” —menciona el uruguayo—, el sistema de defensa aéreo que intercepta el 90 % de los misiles dirigidos a ese país. Cuando un cohete es lanzado hacia allí, los radares del sistema de defensa lo detectan de inmediato y comienzan a seguir su recorrido. Al mismo tiempo, las computadoras del centro de control procesan datos a gran velocidad para calcular su trayectoria y estimar si el proyectil representa un riesgo para zonas urbanas o instalaciones estratégicas.

Si el misil se dirige hacia una ciudad, una base militar u otro punto sensible, el sistema ordena el lanzamiento de un misil interceptor Tamir, que destruye el cohete en pleno vuelo y evita que alcance su objetivo. “Si va a caer en la ruta te dicen: ‘Salgan del ómnibus y pónganse a un costado de la ruta boca abajo’ para protegerse de los impactos, porque por más de que se intercepten los misiles, después caen lo que serían las esquirlas”, relata Teszler. “Las primeras cinco veces fueron pura histeria, puro: ‘¡corran ya!’. Después como que entrás un poco a acostumbrarte a: bueno, vamos ordenados, vamos bajando que hay prealerta”, indica.

La situación parecía aliviarse al llegar a la frontera entre Israel y Egipto, donde los evacuados cruzarían desde Eilat hasta Taba, para luego tomarse un vuelo chárter organizado por el propio Estado de Israel que los evacuaría hacia Atenas. No obstante, aun quedaba camino por recorrer. “Nos demoraron como cuatro horas ahí en la frontera”, señala Ethan.

En primer lugar, tardaron con los trámites migratorios. “Eso fue como la parte más nerviosa porque los egipcios te llevaban los pasaportes y bueno, andá saber si no lo volvías a ver; cualquier cosa podía pasar”, confiesa.

Como si no hubiesen tenido suficiente, también intentaron coimearlos. “Primero nos decían US$ 25 por cabeza, después 35 y cuando ya nos exigían US$ 55, les dijimos, ‘Che, no va más’. Les damos US$ 45 y nos dejan pasar porque nos tenemos que ir”, expone Teszler. Producto del retraso en el cruce migratorio, terminaron perdiendo el vuelo

El paso de la frontera fue a pie. “Estuvimos como seis horas cruzando a pata”, dice Ehtan. Del lado egipcio, representantes estadounidenses de la organización los esperaban con un ómnibus para trasladarlos hacia el aeropuerto de Taba. Sin transporte para abandonar Medio Oriente, Taglit les consiguió un hotel donde pasar la noche, algo riesgoso considerando que el propio Consejo de Seguridad Nacional de Israel recomendó a los propios israelíes no permanecer en el país vecino. “Nos hicieron ocultar todo símbolo judío o tatuajes por seguridad”, comenta el joven.

Luego de una noche tranquila, con alguna que otra ida al búnker, la delegación volvió a subirse a un ómnibus para cruzar el desierto del Sinai rumbo al aeropuerto. La presencia de los cerca de 100 voluntarios estadounidenses facilitó las cosas. “Eso empujó al gobierno de Egipto a que nos mandaran policías y personal de la embajada [de Estados Unidos]”, quienes los escoltaron hasta la terminal aérea. “[El aeropuerto] no estaba preparado para recibir la cantidad de gente que recibieron”, recuerda Teszler. “No había una sola computadora, [se hacía] todo a mano”, agrega.

De nuevo, la paciencia tuvo que hacerse cargo de los uruguayos, quienes tuvieron que esperar una seis horas para hacer el proceso de check-in. Luego de días de ansiedad e incertidumbre, y tras recibir un papelito con su número de asiento escrito con lapicera, finalmente pudieron abandonar el límite entre África y Asia rumbo a Europa. De Taba a Atenas, donde las vicisitudes de la guerra parecieron perseguirlos. “En Grecia también cayó un misil, entonces ahora también hay lo que sería una alerta de seguridad”, señaló Ethan. De Atenas a Roma y de ahí a San Pablo, para emprender el último vuelo de regreso al país.

Desde Montevideo Portal se intentó contactar con Cancillería para conocer la situación de los uruguayos que se encuentran en Medio Oriente, y la posibilidad de eventuales repatriaciones desde los países afectados. La cartera señaló que sigue de cerca la situación, y que el ministro Mario Lubetkin mantiene conversaciones al más alto nivel sobre el tema.

En el caso en mención, Ethan comenta que el líder del grupo mantuvo contacto con el embajador uruguayo en Israel. “Más que nada para saber cómo estábamos”, comenta. “Nos daban la tranquilidad de que estaban trabajando en ver qué se podía hacer, pero, claro, entre que ellos venían, nosotros ya estábamos entrando a Egipto”, indicó, resaltando la rapidez con la que la organización logró evacuarlos. “Se nota que no es la primera vez que están en una situación así”, puntualizó.