Jerozolimski explicó que "cerca de las 15 hrs de Israel, se registró una explosión en una parada de ómnibus en uno de los puntos más céntricos de Jerusalén, muy cerca de la Estación Central. A una hora en donde mucha gente sale del trabajo, por lo cual había mucho movimiento. En un principio se pensó que había sido un terrorista suicida, pero resultó que fue una explosión de una carga que alguien había ocultado en un bolso pequeño. En ese momento pasaban dos ómnibus repletos de gente".

La directora del Semanario Hebreo y columnista de Montevideo Portal, explicó que hay alerta general en Israel, "con la dinámica conocida de épocas en donde había atentados todos los días. Uno se levantaba y se preguntaba dónde será hoy. Fenómenos entre la población, como llamadas de familiares y amigos preguntando si está todo bien. Ahí es cuanto caen las redes de celulares. La situación de fondo es de tensión renovada. Nunca hay calma absoluta. En los últimos días hubo una escalada bastante seria a los dos lados de la Franja de Gaza, con disparos de cohetes hacia Israel, y con una respuesta trágica donde murieron cuatro civiles. Entre ellos un niño. Hamas prometió venganza, aunque ya aclararon que este atentado no tiene nada que ver con ese incidente".

Siempre alertas

Al menos treinta personas resultaron heridas a causa de la explosión que se registró en Jerusalén. La misma se produjo poco después de las 15 hrs locales, afectando también a los edificios circundantes.

Un corresponsal de la AFP en el lugar vio heridos ensangrentados en el suelo y varios vehículos con las ventanillas rotas. Si bien no se han reportado fallecimientos de manera oficial, no descarta la existencia de víctimas mortales.

Jerozolimski explicó a Montevideo Portal que "casi la naturaleza humana, indica que cuando la tensión disminuye un poco uno se aferra a esa situación y quiere creer que eso será los constante. Lo que perdure. Pero al mismo tiempo, siempre hay entre la población israelí la conciencia clara que hay que estar alerta. Por ejemplo, cuando digo al mercado que voy mis amigos me preguntan si no tengo miedo. Si bien hubo un período de mayor calma, no absoluta, la gente tiene la conciencia que las cosas pueden volver a estallar".

"Yo, por ejemplo, nunca me siento de espaldas a la puerta cuando salgo a tomar un café o a comer con mis hijos. Eso es algo que quedó de la época de los atentados casi diarios. La gente está atenta a ver si alguien entra con un sobretodo demasiado pesado en un día de calor. Allí podría tener los cables escondidos. Esas cosas que no alteran la rutina, pero que te quedan en la conciencia de otros períodos peores", describió Jerozolimski.