Con 26 años, el tenista Franco Roncadelli atraviesa el mejor momento de su carrera. Este lunes alcanzó el puesto 227 del ranking ATP, el más alto de toda su trayectoria, después de una temporada en la que fue finalista en tres torneos Challenger (cuatro con la que disputó en 2025) y conquistó en Santos, Brasil, el primero de su carrera.
Además, se consolidó como la principal raqueta uruguaya en Copa Davis y ahora tendrá otro premio enorme: disputar la clasificación (qualy) de Wimbledon, convirtiéndose en el primer tenista celeste en llegar al Grand Slam londinense desde el retiro de Pablo Cuevas.
“Es un sueño cumplido”, contó en diálogo con FútbolUy, en el que repasó el camino recorrido, el cambio mental que impulsó su crecimiento y los objetivos que todavía persigue.
Pero nada fue fácil al inicio y el propio deportista así lo recuerda, ya que su relación con el tenis “empezó casi de casualidad” y muy ligada a su infancia en el Club Náutico.
“Tenía seis o siete años y mis primos jugaban al tenis de mesa. Yo me había enganchado mucho con eso, pero mis padres querían que estuviera más tiempo al aire libre. Ahí me dijeron que probara tenis y empecé en la escuelita con Andrea Russo y Sebastián Panario”, relató.
A partir de esa instancia, el deporte empezó a ocupar cada vez más espacio en su vida, aunque durante varios años convivió con otra pasión: “Jugué al tenis y al fútbol al mismo tiempo hasta los 10 u 11 años. Después tuve que elegir y sentía que disfrutaba mucho más con el primero”.
Sin embargo, el camino no fue lineal ni estuvo marcado desde el inicio por grandes proyecciones: “Hasta los 12 o 14 años no era el mejor de mi categoría. Capaz que estaba quinto o sexto en Uruguay. Recién a los 16 empecé a ser número uno”, recordó.
Ese crecimiento tuvo un punto de inflexión en 2017 (hasta 2024), cuando comenzó a entrenar en Carrasco Lawn Tennis junto a Enrique Bebe Pérez: “Él me mostró lo que era el tenis profesional de verdad; todo lo que había que dejar de lado, el sacrificio, estar mucho tiempo lejos de casa y entrenar muchísimas horas”.
El cambio no fue sencillo de asimilar: “En su momento me golpeó bastante porque yo no tenía tanta idea de todo eso y además sentía que era un poco tarde para querer dedicarme profesionalmente al tenis”.
De todos modos, asegura que aquella etapa fue fundamental para construir al jugador que es hoy: “Estoy recontra agradecido porque me enseñó todo sobre la vida del tenista profesional”.
Más adelante, a fines de 2024, decidió dar otro paso importante: mudarse a Buenos Aires para entrenar con Martín Rondina: “Sentía que necesitaba salir de mi zona de confort. Era duro dejar mi casa, pero sabía que era lo mejor. En Buenos Aires hay muchísimos jugadores de gran nivel, preparadores físicos y gente muy profesionalizada. Hoy estoy muy feliz con esa decisión y con el equipo que armamos”, contó.
“El gran cambio fue mental”
Los resultados terminaron explotando este año, con finales Challenger y el primer título a ese nivel de su carrera. Sin embargo, Roncadelli explica que detrás de eso hubo un trabajo silencioso y sostenido.
“No fue algo de un día para otro. Veníamos trabajando muy bien desde hacía tiempo con todo el equipo”, explicó. No obstante, reconoce que hubo un cambio puntual que le permitió destrabarse: “En febrero hablé mucho con mi entrenador porque estaba demasiado pendiente de los demás, de los rankings y de los resultados”.
A partir de ahí, decidió enfocarse más en sí mismo y bajar los niveles de ansiedad: “Empecé a disfrutar más el proceso y a confiar en el trabajo que veníamos haciendo. A veces tener tantas ganas de que te vaya bien también juega en contra”.
Con el tiempo entendió que la carrera de un tenista debe pensarse a largo plazo: “La idea es construir una carrera larga, sana y competitiva, no querer todo ya. Hacer lo mejor posible cada día, bajar todo a tierra, tranquilizarme y focalizar. Sabía que si hacía las cosas bien y no se daban los resultados puntuales, ser consciente de que el camino era el correcto y ya iban a llegar”.
La gran noticia de las últimas semanas fue su clasificación a la qualy de Wimbledon, un objetivo que durante años sintió muy lejano.
“Tengo una felicidad enorme. Siempre soñé con estar ahí”, contó, y agregó: “Cuando era chico lo veía como algo increíble, pero cuando fui creciendo me di cuenta de lo difícil que era llegar”.
Por eso, ingresar al torneo londinense tiene un valor especial, más aún siendo el primer uruguayo en lograrlo desde Cuevas: “Pablo fue el mejor de nuestra historia y poder ser yo el primero después de él me llena de orgullo”.
El tramo final para conseguirlo estuvo cargado de tensión: “En Córdoba estaba todo el tiempo mirando la calculadora y sabía que si daba un paso más podía entrar. Fueron semanas muy emotivas y estoy recontra agradecido con todos los que aportaron en esto, con mis padres a la cabeza, que están ahí cada vez que lo necesitas, principalmente en las malas”.
“Es cumplir un sueño que a veces lo ves lejano, pero no me conformó con esto, quiero ir por más, y me gustaría jugar los cuatro [torneos de Grand Slam] muchas veces”, señaló.
Roncadelli también reconoce que su historia tiene un componente especial, porque no era uno de los grandes proyectos del tenis uruguayo en su etapa adolescente.
“Con 17 o 18 años capaz que nadie imaginaba que yo iba a estar en esta situación. Siempre fui muy trabajador, muy perfil bajo y consciente de que nada me sobraba y esto es un premio”, expresó.
Aunque acaba de cumplir uno de sus grandes objetivos, el uruguayo no piensa detenerse: “Me encantaría ser top-100 y jugar todos los Grand Slam”, aseguró.
Incluso, siente que ese sueño es posible: “Hay muchos jugadores top-100 que llegaron más por trabajo y constancia, que por un talento extraordinario. Yo me veo reflejado en eso”.
Jugar en casa
Otro de los aspectos más importantes de su carrera es la Copa Davis, certamen en el que hoy ocupa el lugar de principal raqueta uruguaya.
“Desde chico iba a ver las series y soñaba con estar ahí. Les pedía a mis padres que me llevaran y me imaginaba estar en la cancha en el lugar de Pablo [Cuevas]. Hoy lo estoy cumpliendo, salvando las distancias, pero me hace feliz ser el uno de Uruguay desde 2023. Hay un grupo hermoso”, explicó.
Además, destaca el clima especial que se vive durante esas semanas: “Los tenistas viajamos casi siempre solos y la Davis tiene algo diferente porque estás en equipo, representando a tu país”.
En setiembre Uruguay volverá a jugar como local frente a Estonia y Roncadelli ya lo espera con ansiedad: "Quiero volver a jugar en casa y disfrutar del ambiente. Mirar para afuera y ver a tus amigos, a tu familia y a toda la gente alentando por vos es algo increíble. Lo pienso y se me pone la piel de gallina y emociona”.
Y cerró: “La Copa Davis tiene un ambiente especial, mucho más parecido al fútbol, se pone más intenso. Se vive de otra manera y es lindísimo siempre estar representando a tu país”.