El caso de Joaqui, una niña transgénero de seis años cuyos padres la inscribieron la semana pasada en el club deportivo del Banco de Previsión Social (BPS), fue noticia después de que su madre denunciara que no pudo entrar con ella al vestuario femenino.

La médica de familia Leticia Valle Lisboa, que atiende a la menor, afirmó que “las infancias trans existen” y que la sociedad debe “comprometerse” ante estas situaciones.

La doctora planteó “repudiar las actitudes que sean de discriminación”, para así “cuidar a las infancias, respetando su identidad y para que puedan habitar los espacios de forma segura”.

No hay una edad establecida en la que las personas empiezan o transitan esta identificación, pero sí hay infancias trans. No hay una edad. Hay personas que empezaron con esta transición a edades más adultas o adolescentes y tienen registros en la infancia de empezar a percibirse distinto a lo que se les había asignado al nacer”, explicó Valle Lisboa a Subrayado.

La médica de familia indicó que hay personas que pasaron por ese proceso “más en la adolescencia o en la adultez”. “No es algo rígido, no es que es algo que tiene que pasar y si no pasa no es. Uno tiene que tener una mirada más abierta y sensible a que estos procesos pueden pasar. Lo que hay que hacer es, más que cuestionarlas, acompañarlas”, sugirió.

La doctora resaltó que “hay mucha evidencia científica en relación con que acompañar mejora mucho la sobrevida, la expectativa y la calidad de vida de esas personas”.

Días atrás, en diálogo con Montevideo Portal, Fernanda Fossati, madre de la niña, indicó que gracias a la ley integral para personas trans, los adultos responsables pudieron ratificar la partida de nacimiento de la menor y su cédula, por lo que en los papeles y “obviamente en su sentir, es una niña”.

En el club del BPS en Montevideo, según indicó la mujer, hay cuatro vestuarios para uso de los socios: niñas, niños y adultos. Las menores de edad deben ingresar solas para cambiarse y bañarse, de acuerdo con las normas. 

“Como mi hija tiene pene, me pareció que lo mejor era llevarla conmigo al vestuario femenino y cambiarla y bañarla yo para preservar su identidad”, comentó Fossati. 

Desde el club le comunicaron que esto no estaba permitido y que debía enviar una carta a la dirección para explicar la situación, con el objeto de pedir un permiso especial para ingresar con la menor al vestuario de adultas. 

La respuesta que recibió la familia no colmó sus expectativas, dado que en una reunión con el presidente de la institución, Marcelo Passadore, se le indicó que las alternativas eran que la menor se cambiara en el vestuario de varones o que no asistiera a clases de natación. 

“Que solo podía ir a clases en las que no tuviera que usar el vestuario”, indicó la madre de la niña sobre parte de la respuesta de la institución. Fossati indicó que está evaluando, junto a su abogada, presentar un recurso de amparo. 

La madre de la menor contó que decidieron hacer pública la situación luego de que acudieran a algunos organismos, pero no tuvieron mayor éxito. Al consultar ante la Secretaría Nacional de Deportes, les respondieron: “No existe en esta Secretaría un protocolo para espacios privados, cada club suele resolver los casos de forma individual. Esto genera situaciones de incertidumbre, donde el usuario trans debe ‘negociar’ su acceso”.

Desde allí les recomendaron elevar la situación a la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo Institucional (Inddhh). “Recibí respuesta similar: en el ámbito privado el Estado prácticamente no se mete”, contó Fossati.