El Flaco Invernizzi se detiene. Frunce el ceño, entrecierra los ojos y busca en algún punto impreciso la expresión correcta. Vuelve sobre sus pasos, parece que va para allá, pero viene para acá. Hasta que la encuentra y arranca otra vez. Piensa, se explaya, frena y avanza morosamente como si fuera un auto en la rambla a las 6 de la tarde. Seguramente habituado a las tormentas de ideas, a veces parece atormentado por ellas, por no poder darles rápida cabida en el corsé del lenguaje. El grabador registra un silencio de 19 segundos en el medio de una respuesta. Diecinueve segundos es muy poco tiempo, pero cuente: 1, 2, 3... es un montón; el montón de tiempo necesario para buscar la manera de que la voz sea fiel al pensamiento. Su mente va a una velocidad que las palabras no pueden alcanzar, eso sucede.

De esa mente han salido productos publicitarios ganadores de premios aquí y afuera, y ella ha sido el soporte de una trayectoria engalanada por un amplio reconocimiento. De allí salieron también las líneas fundamentales de la última exitosa campaña del Frente Amplio. Que arrancó con críticas, sobre todo desde la propia izquierda, y que terminó a toda orquesta, con el único premio posible en una campaña electoral: la victoria, sea esta la que sea.

Así, en medio del conflicto entre su mente vertiginosa y su parsimonioso hablar, se hicieron casi dos horas de charla en su oficina de Havas Worldwide Gurisa, la agencia de publicidad que dirige y desde la cual emergieron spots, mensajes, estrados, diseños, guiones, razones y, sobre todo, emociones que enmarcan -aunque nunca determinan, según se preocupa por aclarar- un triunfo electoral que ahora parece anunciado, pero que a su tiempo no lo fue.

Sobre esa campaña, las críticas, la confianza del candidato, los porqués, la comunicación, la publicidad, la política, su antigua militancia comunista, su padre, la cárcel, sus afectos y otras cosas no menos importantes habló Claudio Invernizzi en esas casi dos horas de cuidadoso ensamblaje entre ideas y palabras.

1) ¿Terminaste enojado la campaña?
No, terminé muy feliz.

2) En alguna salida posterior a la elección te noté molesto por las críticas que recibiste en algún momento, incluso hablaste de intentos de sacarte de la campaña.
Vos sabés que la memoria es tan generosa que lo que hace es afinar tus emociones con los buenos momentos vividos. Prefiero prenderme de la generosidad de la memoria y no de las realidades vividas. La campaña para mí fue interesantísima, un desafío enorme a nivel profesional.

3) Un desafío nuevo para vos.
Relativamente, sí. Nunca había trabajado para un candidato presidencial. Y en realidad, como ya hablé de la otra parte, prefiero hablar de los amores y no de los rencores. No es quitarte respuestas, pero tal vez sea ganar en felicidad. Toda campaña implica un grado de tensión fuerte y permanente; nadie se presenta a una campaña para salir derrotado, sea cual sea el número que se le pone al triunfo. En el caso de Tabaré Vázquez se trabajó para ganar. Entonces, creo que en algún momento alguien se puso nervioso porque estimó que no se iba a ganar con la distancia que se pensaba o que estaba en riesgo la victoria e incurrió en falta de fraternidad. Lo que me molestó en todo caso puede haber sido eso: sentí que hubo falta de fraternidad. Pero no es lo más importante.

"En algún momento alguien se puso nervioso porque estimó que estaba en riesgo la victoria e incurrió en falta de fraternidad"

4) Este es un país muy politizado y, como en el fútbol, todo el mundo tiene opinión. Hacer una campaña en ese entorno debe ser complicado, hay muchos ojos mirando y muchas voces criticando.
Sí, naturalmente. Yo no soy político: yo hago comunicación y hago publicidad, y aplico ese conocimiento a trabajar para un candidato, que es Tabaré Vázquez. Por supuesto que se pueden cometer errores y por supuesto que debo haber cometido algunos. También creo que se le atribuye a la comunicación un rol que va infinitamente más allá del que la comunicación tiene. Siempre he insistido en que los que ganan las elecciones son los candidatos. Y algunos políticos, algunos politólogos, algunos periodistas y otros distraídos piensan que quienes las perdemos somos los comunicadores [se ríe]. En realidad, yo creo que las ganan y las pierden los candidatos. Naturalmente que los comunicadores jugamos nuestro rol, ayudamos a predisponer a un voto que en un momento va a disponer la persona que va a votar. Pero sería muy peyorativo suponer que la gente va a decidir su voto únicamente por el dibujito que le hagas o la consigna que le pongas. Acá la decisión es seria, está cimentada en un republicanismo muy intenso que viven los uruguayos.

5) Mencionás a los politólogos, ¿te sentiste criticado injustamente por alguno?
Creo que hubo mucha liviandad, podría decir liviandad conservadora, incluso en la propia izquierda, en la evaluación de las campañas. Partiendo de la base de que una cosa es la campaña y otra la comunicación de la campaña. Y creo que se manejó con una liviandad brutal... brutal. Por parte de la izquierda, de muchos comunicadores, de muchos politólogos. No veo a los politólogos que yo veía durante la campaña reflexionar ahora sobre los errores que cometieron en sus apreciaciones. Ni siquiera sé si los han admitido públicamente y sería interesantísimo, porque es parte de un debate. No estoy hablando de las encuestadoras, hablo del análisis que los politólogos hacían del desarrollo de la campaña: el facilismo, hasta cierto esnobismo te diría en su apreciación. Estaría bueno invitarlos a una reflexión colectiva: "A ver, lo que tú decías en el mes de mayo, en junio, en julio"... Yo creo que la superficialidad, de alguna manera, le ganó la pulseada al profesionalismo.

6) ¿En el análisis?
En el análisis. Creo que el Partido Nacional en un momento tuvo una gran campaña de la campaña, que fue inspirada no por una construcción deliberada del Partido sino por la lectura que se hacía de una realidad que no era.

7) Cuando hablás del análisis de los politólogos decís "No hablo de las encuestas", pero las encuestas fueron determinantes para ese análisis.
Las encuestas de alguna manera alimentaron cierto terror revulsivo que se empezó a generar en alguna gente que las leyó y dijo: "Esto está mal". Poca gente, pero hubo. Pero no quería hablar de las encuestas porque la gente que trabajó en ellas tuvo en su mayoría una enorme gallardía profesional en reconocer errores y dar explicaciones al respecto.

8) Tú hablás de "la campaña de la campaña" de Luis Alberto Lacalle. ¿Crees que esa campaña de la campaña influyó sobre las encuestas? Me refiero tanto sobre los encuestados como sobre los encuestadores a la hora de analizar los datos.
Puede ser, ahí me pierdo un poco. Creo que la campaña de la campaña nace del encantamiento.

9) ¿A qué responde ese encantamiento?
Creo que efectivamente el candidato de la oposición llenaba una cantidad de tips que son relevantes para una campaña política vista desde el plano profesional. Desde ese plano, su campaña se desarrolla desde aciertos claros: para darte un ejemplo, a mí me encantó la primera gráfica de Lacalle Pou [N. de R.: se refiere a la cartelería en vía pública]. Fueron construyendo relevancia de aquellas cosas que son significativas en un marco de seducción: un tipo joven, simpático en el trato, inteligente... es decir, relevancia. En mi opinión -y esto es puramente subjetivo, no es mi interés hablar mal de la campaña de la oposición-, hubo un momento en que lo que perdió consideración [en la campaña de Lacalle] fue lo que tú decías recién: el país politizado.

"No veo a los politólogos que veía durante la campaña reflexionar ahora sobre los errores que cometieron en sus apreciaciones"

10) Se ganaron aplausos pero se perdió conexión con ese país.
Yo veía todos los portales, escuchaba todas las radios, y se decía que la campaña era vacía, que no había propuestas. En ese momento, Tabaré Vázquez hacía discursos de una hora y media, agotadores, hablando de lo que se había hecho y lo que se iba a hacer. La gente decía "Tabaré ya no es el mismo". Tabaré no era el mismo porque estaba hablando de contenido. Mirá que no estoy hablando de construcciones deliberadas, no estoy mirando detrás de las persianas, pero sucedía en ese momento que se estaba escuchando una cosa que venía invadiendo. Todas estas cosas son forma y contenido, y se venía atentos a las formas. Y la superficialidad, cierto esnobismo, hizo perder de vista que se estaba transitando un camino que iba hacia noviembre y que venía hablando de otras cosas. Incluso para los técnicos [lo que hacía Vázquez] podía resultar abrumador. La lectura de lo otro era mucho más fácil.

11) Si te interpreto bien, se podría decir que el candidato opositor hizo una campaña, desde el punto de vista comunicacional, atractiva...
[Interrumpe] Él era atractivo. Más que su campaña, él era atractivo.

12) Atractivo para una campaña, pero en definitiva no atractivo como candidato a la Presidencia en el Uruguay.
Bueno, yo personalmente creo que el resultado dice que no.

13) ¿Un resultado que vos veías venir desde el arranque? ¿Nunca lo tuviste en duda?
El que lo vio venir más claro fue el candidato.

14) ¿Tabaré siempre estuvo convencido de la victoria?
Sí.

15) ¿Aun en los peores momentos de la campaña?
A mí, personalmente, Tabaré me dio la cifra con la cual iba a ganar. Él es un cartesiano, un científico, un estudioso, y al mismo tiempo tiene una intuición política verdaderamente animal. Esa química le dio la pista de los resultados.

16) Y no le erró.
No le erró. A ver... yo estoy convencido que esta elección la ganaron 10 años de gobierno. No la ganó "El Uruguay no se detiene" ni "El Uruguay cambió en mí" ni "El Uruguay por más". Esa fue una construcción que, de alguna manera, estaba avalando el compromiso del éxito de 10 años de Gobierno.

17) Entonces eso quiere decir que la ganó el "vamos bien". No la consigna que estuvo presente al principio de la campaña y fue muy criticada dentro de la propia izquierda, sino el hecho de que efectivamente, según ese análisis, vamos bien.
Mirá, yo decía la otra vez que no puedo ser tan papanatas de seguir hablando y tratando de explicar lo que no se comprendió. "Vamos bien" no era una consigna.

"En un momento pensé que había que debatir, después que no, soy fácil de convencer. Sobre todo por alguien que es capaz de convencer a más de un millón"

18) Tú has recalcado que no era "Vamos bien" sino "Vamos de nuevo que vamos bien".
Exactamente, y era parte además de una cantidad de cosas. Pero si no íbamos bien no se ganaba. Pero sobre el "Vamos bien" no vale ninguna explicación, todo eso es secundario. Lo único que vale es el resultado de la campaña.

19) Pero más allá de intenciones o propuestas, los medios reprodujeron el "Vamos bien", sobre eso se habló y fue lo que quedó. Y fue cuestionado, criticado...
[Interrumpe] ¿Me vas a hacer alguna pregunta de las cosas exitosas? ¿Por ejemplo el haber hecho una campaña tras la cual el candidato ganó por 12 puntos? [Se ríe]

20) A eso iba: todo indica que la mayoría de la población entendió que vamos bien después de 10 años de Gobierno del FA, porque por algo Vázquez ganó con esa ventaja. ¿La consigna era correcta entonces?
No siempre la verdad se puede transformar en un acto de comunicación lineal. Te voy a contar una historia. Cuando fui a presentar al comando [de campaña del FA] la campaña "Uruguay no se detiene", que entre otras cosas tenía un jingle que decía "No te detengas, no dejes de soñar", algunas personas me preguntaron: "¿No hay demasiado ‘no'?". Uno de estos principios marketineros que el tiempo deshace con una saña fantástica: "¿No hay demasiado ‘no'?". "Bueno, mirá -dije yo-, primero: el ‘no' ganó en el 80. Se dijo ‘no' a la ley de Empresas Públicas. La primera canción del Frente Amplio decía ‘No nos moverán'. Va a ganar, ojalá, el ‘No a la baja'. Y si nosotros no metemos un ‘no' estamos jodidos, porque nosotros necesitamos ser oposición hasta de nosotros mismos". Y esa realidad que habla de un estado crítico permanente nunca iba a aceptar una consigna autorreferencial, complaciente como se decía. Entonces, si me preguntás por qué se ganó, yo te digo: se ganó porque vamos bien. Pero, aunque yo aclare que era "Vamos de nuevo que vamos bien", pero que además estaba "El Uruguay de las certezas" y no sé cuánto, si me preguntás si la consigna inicial era un acierto... y no. A esta altura del partido no puedo estar defendiendo eso.

21) ¿Por qué no funcionó en definitiva la consigna y hubo que retirarla?
En ese momento, cuando tenés un candidato que se retira con el 70 % de aprobación, cuando ves que los números avalan en su mayoría la gestión de 10 años de Gobierno, ¿vas a desaprovechar en la consigna una cuestión tan básica como esa? Yo podía inferir que la oposición iba a aprovechar los flancos que ponía, sacando fotos de la basura o haciendo hincapié en las cosas que no están tan bien, pero también podía inferir que la izquierda iba a salir a responder. ¿Sabés que hubo? El frenteamplismo en las elecciones cada vez se cocina a fuego más lento. Decía [Fernando] Andacht que al revés hubiera funcionado más: si hubiéramos empezado con "El Uruguay no se detiene" y después agregado el "Vamos bien" tal vez... Tal vez tiene razón.

22) Me quedé pensando en eso de "ser oposición hasta de nosotros mismos". ¿Será que en Uruguay el éxito político se basa en ser oposición a algo que se percibe como malo? ¿Ser la barrera de contención para algo que la gente percibe como negativo? Porque parece que la campaña del Frente tiene más fuerza cuando advierte: "No vuelvas atrás". Dicho de otra forma: "Ojo que estos otros te van a hacer retroceder".
[Piensa] Vos sabés que a mí me sorprendió la avidez de los medios, no ya por la campaña, sino por la comunicación de la campaña. Los medios colocando a la comunicación de la campaña en un lugar capaz de hacerle ganar a un candidato 15 puntos o sacarle 80. Y fijate que el análisis que vos hacés sigue en esa misma línea. Yo no sé si todo esto es tan racional, lo veo en un sentido casi más lúdico: ya que estamos diciendo lo mismo con una u otra consigna vamos a decirlo de esta manera. Lo de "No vuelvas atrás" estaba claro, si no, no se hubiera ganado, independientemente de que nosotros lo dijéramos o no. ¿Cuánto significa que lo digas? ¿Un punto? ¿Dos? Las cosas vienen por otro lado.

23) Pero por algo lo decís o lo machacás en la campaña.
Bueno, porque necesitamos símbolos. También detrás de esto hay afecto. Las emociones nos llevan a atravesar procesos racionales posteriores en una decisión muy seria que tenemos que tomar. Hubo toda una construcción en la campaña que tiene una razón: la predisposición [del votante]. ¿Incidimos en un uno? ¿En un dos, en un tres? El Frente Amplio terminó ganando por un 12 %. Yo no me voy a arrogar ese mérito. El otro día yo decía estas cosas y llamó un oyente y dice: "Este flaco, entonces, ¿para qué hizo la campaña?". Bueno, claro que algo que ver hay, pero ¿sabés qué? El marketing, y en particular el marketing político, lo que hace es ordenar la intuición y ponerle número a leyes que no son tales, pero que la conducta de los hombres y mujeres, a lo largo del tiempo, han ido construyendo.

24) ¿No hay verdades reveladas que hay que respetar sí o sí en una campaña?
Hay cuatro o cinco esenciales que hay que respetar, que son las que hacen al éxito real de una campaña. Después nosotros rompimos con muchas.

25) Una de las que rompiste es la de no usar el "no". ¿Ya lo habías hecho antes?
A mí me encanta eso... de eso vivo. Te voy a decir que la oposición también generó una construcción diferente con el tema de "La positiva". Y una construcción que al candidato le fue muy funcional y trató de respetarla todo lo que pudo. Él decía: "Soy yo". La comunicación es relevante, pero lo es por los símbolos, por lo simbólico, y lo simbólico no siempre se cuantifica en la cantidad de votos.

26) ¿Fue más difícil por la cantidad de sectores que tiene el FA, cada uno con su mensaje propio?
Claro, no hay un solo acto de comunicación central. El Partido Nacional logró unificar los mensajes, le dio un carácter y tuvo mano férrea con eso, que fue realmente muy bueno. Nosotros lo intentamos... A mí el marketing me indica que la unidad de campaña es clave y así lo trasladé al Frente Amplio. Pero el Frente, al fin y al cabo, por iniciativa de la propia militancia termina siendo más genuino en la comunicación al romper algunos patrones. La gente buscó su propia brecha de comunicación en las redes, en la calle... Romper el cauce genera una adhesión, una emocionalidad que luego va a salir a buscar los otros votos.

"El comunista que fui está en el lugar de los grandes afectos, y también en el lugar de algunos aprendizajes y de algunas conductas"

27) Has dicho que el jefe de la campaña fue Tabaré. ¿Cómo es trabajar con él como jefe?
Yo insisto sobre dos conceptos: confianza y libertad. Fue lo que viví trabajando con él. Es cierto que al principio estuve medio desconcertado con eso, porque él deja laburar. ¿Sabés qué fantástico que es sentirte apoyado en un trabajo tan delicado al que te enfrentás por profesión y por convicción?

28) Cuando vinieron esos cuestionamientos, al principio desde la propia interna...
[Vuelve a interrumpir] ¡Cómo te gusta! Al final no me dejás disfrutar la felicidad que tengo [se ríe]. Te voy a decir: no hay ningún tipo que haya trabajado para una campaña del Frente Amplio que no haya sido cuestionado. Preguntale a Pancho [Vernazza], al propio Tano Valenti... no pasa nada. ¿Sabés qué? "Tabaré, están diciendo esto"... "¿Yo te dije algo?" "No". "¿Y entonces?"

29) Hace un rato hablabas de algunas características de la campaña de Lacalle. ¿Qué efecto causó "la bandera" en tu opinión? ¿Incidió?
Sí, para mí sí. La bandera entra en los tips atractivos de Lacalle, pero el tema de esa atracción es cómo se traslada al sustento político que cada uno de los electores le da. Y creo que ahí patina. Ahí aparecen las redes actuando. Las redes son una burbuja que actúa sobre un núcleo de opinión que después se va trasladando. Hay tres núcleos: el duro, donde están los políticos, los periodistas, los politólogos; el segundo, donde está la gente más o menos interesada, y el tercero, donde está el resto de los votantes. Eso va filtrando hacia los círculos. Tengo un enorme respeto por quienes trabajaron en la campaña de Lacalle y no me siento libre para hablar de eso.

30) Esa pirueta, que pareció una cosa espontánea, no muy pensada, significó arriesgar mucho.
Él estaba en condiciones de arriesgar, Tabaré no. Tabaré iba a ganar las elecciones, no podía arriesgar hacia un lado ni hacia otro. Lacalle era el desafiante y quien estaba tratando de encontrar los caminos. Ahí hay una operación de modernidad, una cosa interesante. Ellos proponían recambio generacional, oponían la modernidad al lenguaje de las certezas, futuro versus pasado, calidad de gestión versus continuidad. Manejaron un marketing coherente de principio a fin, hubo un guión que fue respetado y el discurso del candidato fue coherente con el marketing. El Frente opuso a eso modernidad real sobre promesa de modernidad, estabilidad sobre real sobre promesa de estabilidad, una sensibilidad social real y probada versus otra que no niego que exista, pero había que probarla.

31) Es claro que Vázquez no quería debate, pero ¿en algún momento eso estuvo en discusión entre quienes comandaban la campaña?
Sí. Pensamos que sí. Yo en un momento pensé que sí, después que no, soy un tipo fácil de convencer. Sobre todo por una persona que es capaz de convencer a más de un millón de uruguayos.

32) Salgamos de la campaña. Has dicho que la publicidad es una forma apasionante de encontrar sponsors para tus historias. Linda imagen.
Sí, hoy los anunciantes pueden hacer prácticamente lo mismo que vos hacés en una agencia, en la medida que las herramientas se han democratizado. En realidad lo que hace el cliente es tercerizar la emoción, y eso es lo que salva la existencia de la publicidad. Él se maneja sobre todo en el territorio de la información, y el de la agencia es el territorio de la emoción.

33) Una vez te pregunté dónde quedó el comunista que fuiste y me contestaste: "En el lugar de los grandes afectos". ¿Qué tan lejos está hoy ese lugar?
Lo que pasa es que uno puede reconocer errores, pero si no quiere el que fue... está en problemas. Uno es uno y sus circunstancias... Y, está efectivamente en el lugar de los grandes afectos. Y tal vez está también en el lugar de algunos aprendizajes y de algunas conductas.

"Delicadamente diría que soy agnóstico y coherentemente diría que soy ateo"

34) Decías también en aquel momento que la política no se sustenta solo en la ideología sino también en los afectos.
Nadie se acerca a la política por una consideración racional... digo yo. Posiblemente algunos se acercarán por conveniencia, pero para otros en realidad son adhesiones que nacen en circunstancias... Yo creo también que uno nace con algunas consideraciones sobre la justicia y trata en general de ubicarlas en el lugar donde siente que el equilibrio puede ser más consistente con su concepción del mundo. Eso está rodeado de afectos, de vínculos familiares, de quien te arrastra... Después de semejante campaña y a pesar de muchas cosas tengo una mirada muy amiga de la política en general. No compro el discurso del mal: no puedo pensar que ningún candidato, de ningún partido, se postula para hacer el mal. Después, las oscuridades son las oscuridades, que no solamente están en la política.

35) Hablas de tus circunstancias y sos hijo de alguien [Tola Invernizzi] que Carlos Maggi definió como "un bolche de los tiempos del Evangelio".
Sí, y que ni siquiera era bolche orgánico. Algunos pensaban que era anarco, otros que no sé cuánto. El viejo fue afiliado al Partido [Comunista] cuando era muy joven y se desafilió, pero nunca estuvo en otro lado que no fuera cerca del Partido. Pero la definición de Maggi era correctísima, realmente era un tipo que dio pelea por una concepción del mundo que se nutría en cierta forma de los evangelios. El viejo era un gran lector de la Biblia. Pintó Las 15 estaciones de Cristo, que son 14, pero él agregó la decimoquinta, que es la vuelta de Cristo a todos los hombres. El viejo pinta el Vía Crucis y va tratando de reflejar la cruz con la que cargamos cada hombre y cada mujer, pero en el fondo tiene una gran religiosidad. Tanto es así que [Jorge] Scuro, que fue director del Jesús María y tiene en su custodia Las 15 estaciones, me dijo hace algún tiempo que en realidad había una discusión en no sé dónde sobre si las estaciones eran 14 o 15. Lo cual capaz que es una negociación que el viejo está haciendo allá arriba [se ríe].

36) ¿Qué lugar ocupa la religiosidad en tu vida?
Mirá, por decirte algo, mis cuatro hijos van al Seminario. Mi mujer es creyente, yo no lo soy. Delicadamente diría que soy agnóstico y coherentemente diría que soy ateo. Tengo madre judía, por lo cual para los judíos soy judío, y hay momentos en los cuales me siento judío. Tengo una línea paterna católica en la que hubo incluso algún párroco en la Iglesia Matriz y un padre agnóstico o ateo que pinta Las 15 estaciones de Cristo. En algún lugar de mi vida la religiosidad está presente, e intento que se exprese no necesariamente a través de la fe, sino de algunas conductas.

37) Tenés hijos adolescentes. ¿Cómo entró en sus vidas la historia de un padre que estuvo preso?
Ah, fue muy divertido. No es una cosa que se hable en casa, pero naturalmente suelo encontrarme con compañeros que estuvieron presos conmigo. Como dice mi amigo Ariel Bergamino: "Todo esto se pergeñó en el CR8", que en realidad era el cuartel en el que estuvimos presos cuando éramos unos pibes de 18 o 19 años, en Melo. Es un hecho fundamental en mi vida, una cosa con la que dos por tres aún se sueña y no son gratos los sueños, pero por suerte uno se despierta en su propia cama. La vida siguió. Pero una vez tomé un taxi y lo manejaba un querido compañero que falleció, el Canario Nery, y cuando llego a casa y le cuento a mi señora, Octavio, mi hijo mayor, que debería tener 6 o 7 años, me pregunta quién era, y yo le contesto que lo conozco de la cana. Y él me dice: "¿Estuviste en Canadá, papá?". Yo pensé: este es el momento. Entonces lo senté y le expliqué, como se le explica a un adulto, cosa que hice después con todos mis hijos.

38) Imagino, algo muy difícil de entender para un niño en una realidad tan distinta.
Obviamente, una realidad tan ajena, tan distante. A los tres o cuatro días voy a esperarlo al colegio y un padre que estaba ahí me dice: "Tu hijo le estuvo contando a toda la clase que tuviste problemas con la policía". Y cuando le conté eso a mi mujer, me dice: "¿Pero vos le explicaste por qué fue?". "No, ¿por qué?" "Claudio, va a pensar que sos dealer, que afanaste..." [se ríe]. Pero... mis vínculos siguen siendo los de Piriápolis, mis amigos son los mismos de mi infancia y muchos de ellos estuvieron presos, así que esas conversaciones no son de todo momento, pero se dan con mucha naturalidad.

39) ¿La cárcel puede ser un lugar que se recuerde también con afecto?
Mirá, la memoria es generosa. Cuando nos juntamos a comer un asado nadie lo hace para contar cómo fue torturado, ni qué le jodió más, si fue el tacho, la picana o el palo en el culo. Hablamos de otros momentos de la cana. Yo tenía 18 años y tuve gente al lado mío que me ayudó muchísimo, que para mí eran viejísimos y probablemente eran más jóvenes que yo ahora. Veteranos impresionantes para los que ayudarte era por ejemplo recitarte de memoria La casada infiel para que vos la aprendieras o enseñarte ejercicios de lógica o hablar de historia. Te diría que fue de los momentos de mi vida en que la dimensión humana apareció con su mejor rostro. Si había un dulce de membrillo y éramos 48, el pedacito que te tocaba seguramente era muy chiquito. Hay una historia muy divertida que tiene que ver con esto.

40) Podés contarla.
En una época yo había quedado encargado del tabaco, y había un tabaco brasilero que no lo podía fumar nadie. Además, estábamos en el orto del mundo, la familia tenía que pagarse el pasaje para ir, llevar las cosas... Y un día viene el sargento y dice: "El pichi del calabozo aquel, que acaba de llegar, dice que no tiene para fumar". El que estaba en esa situación fumaba un pedazo de piedra igual, entonces le dije que le llevara todo el paquete de ese tabaco que nadie fumaba. No sabíamos quién era el que había venido, y de repente siento: "¡Quién fue el hijo de puta que me mandó este tabaco!". Y ahí me enteré que era mi hermano [se ríe]. Hasta el día de hoy no me lo perdona. Por eso te digo: pueden haber aparecido miserias también, pero cuando recordás aquello no hablás de eso ni de las angustias. En política, lo que voltea el humor no lo salva la razón. Y en este caso te lo podría decir al revés: lo que salva el humor no lo voltea la razón.

Montevideo Portal | Gerardo Tagliaferro
Fotos: Juan Manuel López
Por comentarios: tagliaferro@montevideo.com.uy