Fotos: Javier Noceti / @javier.noceti

Catalina de Palleja tenía otros planes para su vida. Quería estudiar alguna carrera que fuera su clara vocación, aunque no tenía ninguna bien marcada. Luego se enamoraría y con su pareja viajarían mucho, recorrerían otros países, probarían otros platos, con otros ingredientes y otros condimentos. Estudiaría hasta recibirse, y algún día sería madre, después de ser una mujer madura y haber vivido bien la vida. Pero cuando quedó embarazada de Gerónimo, sin habérselo propuesto, su vida cambió por completo. Ergo, sus planes vitales también.

Entonces, todo se le dio vuelta, y ella se dejó llevar. Junto a su pareja encararon la paternidad, continuó sus estudios en una carrera que le gustaba (licenciatura en Nutrición), y todo fue fluyendo, o, como dice el refrán, “los zapallos se acomodaron en el carro”. Antes de terminar su carrera recibió una invitación a hacer un casting para trabajar en TV y quedó; condujo un fragmento enseñando cómo cocinar comida para bebés, terminó la facultad, hizo planes nutricionales y viandas a esos mismos pacientes, y luego llegó otra invitación para cocinar en el programa de la reconocida Ana Durán. Años después le ofrecieron mudarse de canal y conducir su programa propio llamado La receta y aceptó el convite; luego se animó a publicar un libro con sus recetas, y luego otro, y ahora otro. Y sus hijos —a Gerónimo se le sumó Guzmán— crecieron, fueron al jardín, después a la escuela, después al liceo y hoy están en edad universitaria. Y ahora que tiene 43 años y es una mujer madura, ahora sí, puede viajar sola junto a su marido, como tenía planeado hacer en sus veinte.

No le sale mal a Cata, como la conocen, dejarse llevar y no planificar tanto. Su sueño es, algún día, poder planificar más su futuro. Pero ahora disfruta el momento: va camino al décimo año cocinando en las mañanas de Canal 12 y acaba de publicar Cata de Palleja. Recetas salvadoras (Grijalbo, Penguin Random House), su tercer libro con el tipo de cocina que ella reivindica: recetas fáciles y rápidas, para que cualquier uruguayo se anime a cocinar; el tipo de cocina sin pretensiones, lejos del concepto gourmet.

“Recién hoy en día, con mis hijos ya grandes, estamos disfrutando con mi pareja de un montón de cosas que antes no pudimos hacer, como irnos de viaje solos. Embarazada y madre seguí estudiando, porque donde me detuviera ahí, se me complicaba todo”

Hay aromas o sabores que nos retrotraen a un momento de nuestra niñez, a un ser querido. Yo recuerdo el dulce de zapallo o el bizcochuelo que hacía mi abuela Elma en Rivera, y cada vez que pruebo algo similar la recuerdo. En tu caso, ¿cuál es ese recuerdo más primitivo de una comida que te hace acordar a un ser querido en tu infancia?

Hay dos: el matambre a la leche que hacía mi abuela. Siempre que pruebo uno, me lleva directamente a ella. Y el otro son las milanesas con puré que hacía mi madre, fuentes grandes, para mucha gente. Son las dos cosas que automáticamente me llevan a ellas. Son un viaje en el tiempo y me llevan directamente a ellas.

¿Cómo fue tu relación con la comida allá en Florida? ¿Siempre tuviste un vínculo sano con la alimentación?

Siempre tuve un vínculo sano con la comida, sí. Y siempre la comida estaba presente en todo momento. Imaginate la fusión de una familia española y la otra italiana, ¿qué puede llegar a salir? Mucha comida, y mucha gente. Hasta hoy es lo que más disfruto cada vez que vuelvo a Florida: las mesas llenas de gente y sobremesas de horas. Somos seis hermanos y siempre había alguien más en la mesa.

A los 18 años te viniste a radicar a Montevideo, y empezaste a cocinar por necesidad. ¿Cuándo advertiste que ahí había una veta profesional?

Mucho después… De hecho, nunca fue ni un objetivo ni un propósito dedicarme a la cocina. Siempre lo hice, pero a modo de juego. Yo tengo esa cosa de poder hacer las cosas independientemente de todo. Nosotros éramos muchos en casa, y yo era de las mayores, entonces estaba eso de ocuparse de los hermanos. Entonces, claro: ¿querés una torta? Hacétela.

¿Por qué decidiste estudiar nutrición? ¿Qué te atraía de la carrera? 

No te lo puedo decir, claramente. No la tenía clara. En ese momento, no era tan común como ahora, no había tantas referencias, pero me interesó. Después, al tiempo, pude unir las dos cosas (la cocina y la nutrición). Y fue medio de casualidad también. Las tres, diría, porque la comunicación me interesó, pero yo no me iba a dedicar a eso, así como tampoco me iba a dedicar a la cocina. Y acá estoy.

Fuiste mamá joven, a los 21 años. ¿Cuánto te trastocó tu primer embarazo tu rutina y tus planes a futuro?

Todo, absolutamente todo. Yo estaba en plena facultad en ese momento. No fue un embarazo buscado el primero, pero fue encarado. Fue muy encarado. Lo que me trastocó fue el orden en el que yo pensaba desarrollar mi vida. Fijate que recién hoy en día, con mis hijos ya grandes, estamos disfrutando con mi pareja [Nicolás] de un montón de cosas que antes no pudimos hacer, como irnos de viaje solos, por ejemplo. Y estamos hace 25 años. Embarazada y madre seguí estudiando, seguí la facultad, porque donde me detuviera ahí, se me complicaba todo. De hecho, se enlenteció un poco todo.

Mucho antes de la TV, ¿dónde cocinabas? ¿Dónde trabajaste como cocinera?

El primer contacto que tuve con la cocina fue con pacientes a los que, además de hacerles el plan nutricional, les hacía las viandas acordes a ese plan. Era un golazo porque ya compraban el pack completo, y les cocinaba personalizado, porque yo misma les hacía el plan nutricional. Y eso funcionaba muy bien. Pero lo hacía sin intención de dedicarme a cocinar para otros. Pero si todo sigue como hasta hoy, voy a pasar por la vida sin haber trabajado en un restorán o negocio similar, porque no es por ahí para mí.

No te interesa tener tu propio restorán, como Lucía Soria, por ejemplo.

No, ni loca. Es un estrés tremendo, tenés que estar arriba, ocuparte 100% de todo, y no es por ahí. Mi amor por la cocina pasa por otro lado. Pasa por poder comunicarlo de otra manera, ya sea en televisión, en redes, libros o talleres, como doy.

Arrancaste en la televisión en Tu bebé, en 2005, un programa dirigido a padres de niños pequeños y vos estabas a cargo del fragmento de cocina para los más chiquitos. Después, en 2007 y 2008 cocinabas en Simplemente Ana Durán (ambos en canal 10), ahí eras su ayudante de cocina. ¿Cómo nace Tu bebé, la primera experiencia televisiva?

De casualidad. Estaba en un cumpleaños y había una productora de canal 10 y de Vitamina, María Estela Moreno. Ella estaba armando Tu bebé y buscando los distintos roles: quién conduciría, quién cocinaba, los móviles, y en ese momento, hablando con ella en el cumple de una amiga en común, me dice: “¿Y vos no querés? ¿No querés hacer el casting?” “Pah, ¿te parece?”, le digo. “Sí, claro, probate”. Fui, lo hice, y quedé. A los dos meses salió al aire. Yo cocinaba para bebés y niños pequeños.

Por cierto, ¿cocinera o chef?

Cocinera. Porque no tengo el título académico, quizás por eso.

¿Y te veías conduciendo tu propio programa de cocina en TV?

Eso se fue dando, como un juego. No era una meta, no lo anhelaba para nada. Incluso, cuando fui avanzando en la carrera, tampoco me veía en una policlínica trabajando como nutricionista. De hecho, cuando hice planes nutricionales y las viandas, eran algo particular, con consultorio particular. Descubrí la educación en comida, la comunicación y me gustó. Lo de la tele lo descubrí andando.

“Hablando con una productora de TV en el cumple de una amiga en común, me dice: ‘¿No querés hacer el casting?’ ‘Pah, ¿te parece?’, le digo. ‘Sí, claro, probate’. Lo hice, y quedé. A los dos meses salió al aire. Cocinaba para bebés y niños pequeños”

Llegaste a Teledoce en 2014 tras la salida de Ximena Torres. ¿Qué tipo de conductora te planteaste ser para ofrecer una imagen distinta a la de ella? Es decir, Xime tenía su impronta, y vos tenés la tuya. ¿Qué creías que podías ofrecer vos en televisión para llegarle a la gente?

Primero que nada, tenía claro que iba a ser yo. Ser yo y ver cómo funcionaba. Siempre de la mano de la cocina que a mí me gusta, la cocina práctica, la cocina del día a día. Como yo cocino en casa. Para nada gourmet. Sin perder de vista el aspecto nutricional, que para mí es importante, que sea tentadora, que esté buena, que esté rico, pero que sea fácil. Algo práctico, que vos digas: “Esto lo hago hoy, esto otro lo hago mañana, y esto otro lo hago pasado mañana”. Va por ahí mi cocina. Y como conductora, era algo nuevo para mí. Yo pasaba de tres o cuatro minutos por semana en un programa que salía los sábados, a encarar la conducción de un programa propio, en vivo, y todos los días. Nada que ver, era como que la experiencia que yo tenía no me servía para nada.

Y fui aprendiendo sobre la marcha, también. Y a manejar los tiempos, cuándo mostrar cierta cosa y cuándo no, cuándo dar espacio a la broma y cuándo no, sin perder de vista la receta, que quede bien explicada, que se entienda, pero no sea un bodrio y poder llevar eso a la pantalla. La gente valora eso, la cotidianidad, de verte como uno de ellos. La cocina llevada a la casa de cada uno es eso, es como darte una mano para ayudarte a hacer algo que, te guste o no, lo tenés que hacer igual.

En 2020 lanzaste Recetas para todos los días, de Planeta. ¿Qué te planteaste con ese libro?

Plena pandemia… Me lo venían pidiendo, hacía mucho, y fue como dar el paso y hacerlo. Sin pensar en las consecuencias, es decir, si le iba bien o mal. Y le fue brutal. Fue un momento muy especial, porque la pandemia hizo que la gente se copara con la cocina. Los tiempos cambiaron, el libro estaba pensado para más adelante y se adelantó unos meses. Eso fue acertado por parte de la editorial. Y ta, explotó. Mi propósito era dejar en papel lo mismo que hago todos los días, con una selección de recetas que no fue fácil hacer, sin saber si iba a ser mi primer y único libro o sería el primero de muchos. Después hice otro idéntico, pero dedicado a la cocina para niños.

¿Y con este de ahora? Cata de Palleja. Recetas salvadoras de Grijalbo (Penguin). ¿Por qué 99 recetas “rápidas y fáciles” y no 100?

Este libro me agarra desde otro lugar, con la experiencia de dos libros anteriores. Y en este, Recetas salvadoras es eso: solo recetas fáciles y rápidas. En el otro había un poco más de todo; son fáciles, sí, pero había algunas un poco más elaboradas. Por lo que te decía, yo no sabía si después haría otro libro. En este son sólo rápidas y sencillas. Si lo ves, verás que la lista de ingredientes es breve.

Y lo de “99 recetas”, te podría decir cualquier cosa, que es mi número de la suerte, ponele. Pero en realidad es que haciendo la planificación, que la hago manual hasta el día de hoy —porque me gusta escribirlas yo con lapicera en un cuaderno, también lo hago con las recetas para el programa—, fui haciendo la planificación para el libro y armando el índice, todo, iba número uno por uno. Y en el camino me comí un número. Llegué a 100, pero en el camino me había comido un número. Entonces estaba ya por irse a imprenta, y me di cuenta de que eran 99 y no 100. Una se perdió en el camino. Ya estaban las fotos, todo pronto. Después me enteré de que el 99 es tremendo número, es re poderoso, que marca inicios y finales. Entonces, por algo pasan las cosas.

Supongo que tenés muchos platos con los que lucirte, pero si tuvieras que elegir una sola comida para reconciliarte con tu marido, digamos, tu “plato estrella”, algo en lo que te consideres imbatible, ¿cuál sería?

Si es para Nicolás, seguro tiene que tener alguna carne. Seguro. Pero lo conquisto fácil, porque disfruta mucho de la comida, como yo, a los dos nos gusta comer rico. Diría que una buena lasaña puede ser. Pero no tengo un plato estrella, me gusta cocinar variado. Pero si tengo que decir algo: una buena lasaña.

¿Y qué ingrediente nunca puede faltar en tus comidas?

Alguna verdura. El cilantro es lo que más me gusta a mí, pero no le puedo poner cilantro a todo.

“Fui haciendo la planificación para el libro y armando el índice, todo, iba número uno por uno. Llegué a 100, pero en el camino me había comido un número. Entonces estaba ya por irse a imprenta, y me di cuenta de que eran 99 y no 100”

Además de La receta (canal 12) de lunes a viernes, durante un tiempo condujiste los sábados La receta para niños. ¿Los niños son más exigentes o menos con la comida?

No sé si más exigentes, pero sí hay que tratarlos de otra manera. No como tontos, ni engañarlos, pero hay que ofrecerles la comida de otra manera. Tentarlos por otro lado. El “avioncito” para que coman, con la cuchara, ya no va más. Hay cosas que están cambiando, para bien, hay cosas que no estuvieron buenas, de la industria digo, productos relacionados a la alimentación “moderna” que no estuvieron buenas, y fue cambiando. Los malos hábitos se aprenden enseguida, y sacarlos cuesta más.

¿Alguna vez sufriste algún accidente laboral grave en la cocina?

Sí. Hace unos años, me pasó algo con la olla a presión. Estaba en el momento equivocado a la hora equivocada, porque no la estaba manipulando yo a esa olla. Un compañero del canal abrió la olla sin sacarle la presión, y toda esa presión con el agua hirviendo con garbanzos furiosos me salpicó a la cara. Me quemó toda la mitad de la cara. ¿Viste el personaje Dos Caras de Batman? Bueno, así me quedó. Así durante un mes y medio con la piel en llagas. Podía haber sido peor, pude haber perdido la vista. No estaba el programa en vivo todavía, pero ya estábamos cocinando. Yo voy re temprano y encaro la cocina. Es el único dolor que recuerdo hasta hoy, y se me frunce el estómago. Me quemó cara, cuello y brazo.

Me enteré de que tu pareja tiene un rol muy activo en tus emprendimientos comerciales. ¿Cuál es el rol que ocupa él en tus proyectos? 

Es el que me ayuda con lo comercial, a ordenarme comercialmente: contratos con las marcas. Yo trabajo mucho en redes con marcas y por suerte he tenido alianzas duraderas, con muchas marcas trabajo hace muchos años. Y él me ayuda a ordenar y llevar esa parte en la que yo no soy buena. Y es importantísima.

¿Cada cuánto piden comida por una app o delivery en tu casa?

Por una app, cero. No pedimos. Y por delivery, cuando mis hijos quedan solos y les embola preparar algo, piden. Después, como plan familiar, difícil, pero no porque estemos en contra de pedir por teléfono, es porque… yo estoy ahí.

¿A qué atribuís el auge de los programas vinculados a la cocina en Uruguay? Hay un boom de hace unos años a esta parte. ¿Por qué?

Creo que la pandemia colaboró mucho para eso. Dentro de todo lo malo y espantoso que fue, a nivel de hogar le permitió a las familias tener el tiempo para poder experimentar para rellenar el tiempo. Y en muchas casas eso perduró, permaneció, en otras no y eso quedó en la nada. Y la gente los ve, todavía, pienso que en las primeras ediciones lo que estaba bueno era ver amateurs, gente como uno, que iba mejorando, se iba profesionalizando y superándose, y eso engancha: verse reflejado en otros. Después surgieron variantes y tuvieron su condimento.

“Un compañero abrió la olla sin sacarle la presión, y toda esa presión con el agua hirviendo me salpicó a la cara. Me quemó toda la mitad de la cara. ¿Viste el personaje Dos Caras de Batman? Bueno, así quedé. Durante un mes y medio con la piel en llagas”

Si uno mira un menú de un restorán promedio en Montevideo, la variedad no pasa de milanesas, pasta, carne y empanadas. ¿Falta variedad culinaria aquí?

Lo que falta acá es gente, masa crítica, para experimentar muchas cosas distintas. Es lo bueno que tiene Buenos Aires. Hay cocineros jóvenes que la rompen, que proponen cosas que están buenas, con más vegetales, tratando de generar algo nuevo. No la ensalada como una guarnición nomás.

Igual, me da la impresión, esto ha cambiado con la llegada de inmigrantes, ¿no te parece? Ahora no es tan raro pedir arepas o shawarma...

O tequeños. Absolutamente, es así. Obvio que los aportes de otros países nos enriquecen, claro que sí. Pero andá a Buenos Aires a comer y tenés de todo, y todo funciona, siempre hay clientela para todos, ¿por qué? Porque son muchos. Tenés mucha gente que le gusta la comida asiática, mucha gente a la que le gusta la comida árabe o hindú, y todo funciona.

Dicen que “somos lo que comemos”. ¿Cuán saludable es la alimentación de los uruguayos?

Lo que le falta al uruguayo es poder variar, ampliar su dieta. Ampliar el abanico, e incluir más vegetales. Sé que soy insistente con el tema, pero es que lo creo. Es un mundo que acá todavía no está explotado. Y no te hablo de “la hoja de”, hablo de legumbres, las coles, cereales en general y dejar de pensar en eso como el acompañamiento de un churrasco. Todo bien con la carne, pero ampliemos la mirada. Eso es lo que falta.

Trabajás en un medio de comunicación, y en un programa que está muy vinculado a las noticias, como Desayunos informales. ¿Cuánto te interesa la política?

Lo justo y necesario, te diría. Lo justo y necesario como para poder ir a votar conscientemente. No me involucro, no doy mi opinión, y nunca milité.

Pero ideológicamente ¿cómo te definirías? ¿De izquierda, de centro o de derecha?

He tenido todas las experiencias, y he tenido que ir cambiando. He votado a todos. Puede sonar trillado, pero es la verdad: voto ideas, propuestas y candidatos, pero candidatos y equipo. Trato de manejarme así. Nunca me embanderé con un partido.

Foto: Javier Noceti / Montevideo Portal

“Hay que ampliar el abanico, e incluir más vegetales. Dejemos de pensar en las verduras como el acompañamiento de un churrasco. Todo bien con la carne, pero ampliemos la mirada. Eso es lo que falta”

Tenés una familia armada, con dos hijos adolescentes (Gerónimo de 22 y Guzmán de 19), conducís un programa en TV, hacés lo que amás, que es cocinar, y publicaste tres libros. ¿Qué te falta? ¿Qué te queda por hacer?

¿Plantar el árbol, decís? Jaja… Pah, no sé… (Piensa) Tener más tiempo libre. Hoy estoy pasando un buen momento y trato de aprovecharlo. Eso de proyectar a futuro nunca me salió espontáneamente. Como que siempre fui sorprendida, y no tuve mucho tiempo para anhelar a largo plazo. Todo lo mío siempre fue de hoy para hoy. Cuando llegue un momento más de calma, ese será un tiempo para la proyección, para poder dedicarme a algo más de sueño, de anhelo. Hoy estoy metida en la rosca laboral: la tele, talleres eventuales, talleres corporativos y mucho tiempo de dedicación en redes. Le doy mucha bola a eso, hoy en día es un ingreso laboral fuerte, y las atiendo yo misma. Contesto cada mensaje uno por uno, y es una comunidad grande y demandante.

¿Sos feliz?

Soy feliz.