Era un joven mochilero (y lector voraz) cuando su viejo, Juan Ignacio “Polo” Risso, lo encaró y le preguntó si pensaba seguir “vagando” mucho tiempo más. Entonces, se puso las pilas, y comenzó a trabajar en la librería del padre. O, mejor dicho, la librería en la que el padre se había involucrado al asociarse con su amigo Adolfo Linardi. Entonces, a fines de los 80, y ya en democracia nuevamente, los hijos de Linardi y de Risso se pusieron al frente de la histórica librería de la Ciudad Vieja.
Ya habían pasado los años de dictadura, donde sus padres, los fundadores, tuvieron que “sucuchar” los libros de Quijano, Machado, Galeano y Benedetti para que no fueran requisados por los militares. Pasó la crisis económico-financiera de 2002, pasó la pandemia del Covid-19, y pasaron miles de teorías agoreras que pronosticaron el fin de los libros. Lejos de eso, el libro, como objeto cultural, vive y lucha.
Dice Álvaro Risso (68) que en Uruguay “se publica demasiado” —unos 3.000 ejemplares por año—, que los uruguayos compran muchos libros y leen, en consecuencia. Pero, así y todo, las librerías están ante un dilema que las tiene in extremis: las plataformas digitales como Amazon y las librerías que aceptan descuentos con tarjetas de crédito han puesto en jaque a las librerías estándar y con menos espalda. Por eso, la Cámara Uruguaya del Libro auspicia, junto a 19 librerías, una movida en procura de una ley que regule el mercado editorial sosteniendo un precio único para los libros nuevos, tal como aconteció en varios países de Europa.
De esa iniciativa, del libro como objeto de consumo cultural y de su vida como librero transcurrió esta charla en un rincón de Linardi y Risso.
¿Quién sos?
Yo soy un librero y un editor, fundamentalmente me considero eso. Empecé aquí en la librería porque me fui con veintipocos años de mochilero con amigos a Europa y cuando volví, mi viejo, que ya tenía esto con su socio Linardi, me dijo: “¿Y ahora? ¿Vas a seguir vagando?” Y entonces me invitó a trabajar un verano —yo con 20 o 21 años—, y nunca más salí de acá. ¿Qué soy? Soy un librero y un editor.
¿Naciste entre libros o es exagerado decirlo así?
Es un poco exagerado. Digamos que pasé mi vida entre libros, pero no nací.
¿Recordás cuál fue el primer libro que te atrapó?
Sí, sí, me acuerdo. Era jovencito. El país de las sombras largas, era un libro sobre la vida de los esquimales y sus costumbres y cómo transcurría el relacionamiento social entre ellos. Yo no me acuerdo qué edad tendría, pero supongo que tendría 15 o 16 años.
Más allá de que me atrapaban muchísimo las enciclopedias, me acuerdo de una colección que había que se llamaba Lo sé todo. Eran como 20 tomos que había en mi casa, que hablaba de todo lo que se te ocurriera, como cualquier enciclopedia. Yo satisfacía mi curiosidad en geografía, en historia, en política, leyendo enciclopedias.
Lo tuyo es tradición familiar, pero, ¿qué rama del árbol genealógico deberíamos ir para ver cómo comienza la ligazón de los Risso con el mundo editorial?
El más cercano es el de mi padre. Si busco para atrás hubo de todo en la familia, pero gente ligada estrictamente a la cultura. Pero si pienso en libros es mi padre (Juan Ignacio “Polo” Risso). Mi viejo era Risso Suárez, somos descendientes directos de Joaquín Suárez. Entonces, ahí en la genealogía de nuestra familia hay algo de política en épocas de la independencia. Pero, más allá de eso, yo miro a mi viejo como una persona a la que le interesaba la cultura y que se metió en el mundo de los libros porque su amigo, Adolfo Linardi, ya tenía esta librería y en un momento buscaba un socio y, como amigos que eran, se asociaron.
“En dictadura tuvimos que sacar muchos libros de circulación, porque venían dos por tres a requisar, a revisar, a ver qué materiales había. Entonces, los materiales que sabíamos que podían considerarse 'peligrosos' por el gobierno de la época: Marcha, los libros de Galeano o de Benedetti”
¿Cómo nace la histórica librería Linardi y Risso?
La empieza Adolfo Linardi, siendo muy joven. Linardi era un aficionado a los libros y además, paralelamente, hacía una carrera diplomática, entonces tuvo diversos socios. La librería contó con varios socios hasta que en el año 52 la librería se funda. La funda Linardi en el 44 y en el 52 se asocia con mi padre, que no se integró a trabajar a la librería hasta muchos años después. Mi viejo se asoció con capital, pero por eso te hablé de la diplomacia de Linardi, porque él empezó con su carrera diplomática y tuvo varios destinos: Francia, España, Checoslovaquia, y allí es donde mi viejo tenía que tomar las riendas cuando él se iba. Siempre se iba por cinco años, entonces ahí él fue cuando la tomó a cargo. Cuando Linardi no estaba, mi viejo se hacía cargo de la librería. Hasta que en un momento los nenes crecieron y el hijo de Linardi y el hijo de Risso tomaron las riendas de esta librería. Eso fue a fines de los 80, cuando tomamos las riendas nosotros.
¿Corrió riesgo de cerrar en algún momento? Pienso en los años de dictadura, o ante alguna crisis como la de 2002…
Hubo varias crisis, sí. Crisis en dictadura te diría que no, por más que tuvimos que sacar muchos libros de circulación (y guardarlos en un depósito), porque venían dos por tres a requisar, a revisar, a ver qué materiales había. Entonces, los materiales que sabíamos que podían considerarse “peligrosos” por el gobierno de la época, o que no le gustaban al gobierno de la época, nosotros los retirábamos y los teníamos fuera, en otro depósito, porque eran materiales valiosos que no queríamos perder. Te hablo del semanario Marcha, los libros de (Eduardo) Galeano, los libros de (Mario) Benedetti, todo ese tipo de material, La historia de los orientales de (Carlos) Machado, era todas cosas que aparecían y nosotros las sacábamos de la librería porque venían cada tanto a revisar.
Entonces, en la dictadura, riesgo económico, no, sino más bien el otro tipo de riesgo. Y económico, sí, hubo muchos vaivenes, muchos altibajos, hubo que ajustar la librería muchas veces a las distintas situaciones que se dan. El negocio de librería es un negocio complejo, es un negocio en el que nunca estás en la abundancia y que pasás por períodos de subidas y de bajadas.
Esta librería, en especial, se dedica al libro latinoamericano. Tenemos una buena colección de libros raros, de primeras ediciones, por eso apuntamos al coleccionismo, por un lado, y por otro lado, trabajamos con libros uruguayos, nuevos, hacia el exterior, con bibliotecas que nos compran en otros países: en Alemania, en Estados Unidos, en España, en Francia. Entonces, allí también a veces dependés del mercado local, pero también dependés de lo que sucede en el exterior, dependés del precio del dólar, dependés de si los países del exterior, a los cuales vendemos, entran en crisis o no. Esta librería depende de una serie de circunstancias que son un poquito más complejas que para otras librerías.
Se habla de cierta agonía del papel desde hace años. La sufrieron en carne propia los diarios y revistas. ¿Al libro no le llega? ¿Por qué sigue vivito y coleando?
De alguna manera, al libro también le llega. Las opciones de consumo cultural que tenemos hoy en día son enormes, la oferta ha crecido muchísimo. Yo me acuerdo de esta librería en los años 70 u 80 y el libro corría solo en muchos aspectos. Ahora lo tenés que compartir con una cantidad de otras cosas nuevas, diferentes, que hay. Yo creo que el libro en papel, a nosotros nos gusta decir que ha demostrado ser un corredor de fondo, es decir, desde Gutenberg para acá, es decir más de 500 años, el libro tiene una historia que ha atravesado epidemias, guerras mundiales, todo tipo de catástrofes. Y al otro día de la catástrofe uno se despierta y el libro sigue allí. Entonces es evidente que es un producto noble, que la gente sigue apoyando.
Tiene el peso histórico, pero también ha tenido que transformarse. Hay una cantidad de géneros, por ejemplo, que uno ya no los piensa en papel: los diccionarios, las enciclopedias, algunos textos de estudio. Pero, sin embargo, el libro sobrevive en muchos otros géneros: en la narrativa, en la poesía, en libros de arte. ¿Qué gracia tiene un libro de arte digital? Digo, en comparación a lo que es un libro de arte que uno lo toca, lo admira, lo observa, con la calidad gráfica, con la calidad de papel, con el color…
Entonces creo que el libro ha demostrado tener futuro, porque también hay que pensar en el futuro. Y por eso, también, es que existen las ferias para el libro infantil y juvenil, por la creación de nuevos lectores. Y cuando vos ves que los niños y los jóvenes de hoy en día siguen leyendo, compartido con miles de otras cosas que tienen, pero siguen leyendo y siguen leyendo libros en papel, tenés confianza en el futuro.
El libro electrónico, ¿ha despertado interés en los uruguayos, que somos más bien una sociedad conservadora? ¿Funciona como negocio el e-book?
En Uruguay, bastante poco. No ha tenido en Uruguay un desarrollo muy espectacular. La tendencia en el mundo es que no ha tenido un crecimiento importante. Yo creo que el libro electrónico fue un impulso más de los que vendían el dispositivo electrónico que un producto cultural de importancia. Me da la impresión que el libro electrónico ha tenido una fase de crecimiento y que ahora se ha estabilizado y no sigue creciendo.
Has dicho que en Uruguay “se publica demasiado”. Acariciamos la cifra de unos 3.000 libros por año. El “demasiado” da la impresión que fuera algo malo, demasiado. ¿Por qué?
En Uruguay se publica demasiado. Hace años que vengo hablando de esto. El demasiado es una expresión mía tomada de un libro de (Gabriel) Zaid, de hace muchos años, que se llamaba justamente Los demasiados libros, publicado en los años 90, donde él ya predecía esto que está pasando. Ese libro me abrió la cabeza y, a partir de allí, lo vi. Lo veo en carne propia: lo veo acá, lo veo en todos lados.
Hay demasiados libros en el mundo, hay demasiados libros en Uruguay. Fijate que 3.000 libros se publican en Uruguay, de los cuales una buena parte sale a la venta (porque otros son para uso propio, no comercial), significa que precisás vidrieras, precisás reseñas, precisás prensa, precisás público... Precisás una cantidad de cosas que no alcanzan, que no están. Cuando un autor publica su libro —entre esos 3.000— quiere destacarse, quiere que la prensa se ocupe de él, quiere que las vidrieras se ocupen de él. Y eso es imposible con tanta oferta.
Que tu libro pueda emerger o que el libro de tu editorial pueda aparecer entre ese mar importantísimo de títulos, es complejo. Muchos libros lo que provocan es que haya una altísima rotación en las librerías y que los libros no subsistan mucho tiempo en las librerías, porque viene otro, y viene otro, y viene otro, y viene otro.
“Hay demasiados libros en Uruguay. Fijate que 3.000 libros se publican en Uruguay, de los cuales una buena parte sale a la venta, significa que precisás vidrieras, precisás reseñas, precisás prensa, precisás público, y cada autor quiere destacarse entre tanta oferta”
Va una pregunta como autor, si me permitís. Es sabido que un escritor gana apenas el 10% del precio de tapa de cada libro (a lo que hay que descontar IRPF). Los mayores porcentajes van para las editoriales, la distribución y los libreros. Parece un porcentaje muy bajo para los autores, el factótum del contenido. ¿Por qué pasa esto?
A mí no me parece bajo ese porcentaje. Yo creo que la cadena de distribución del libro está estudiada y hace muchos años que funciona así, y me parece que está bien. Si arrancamos con el riesgo, el que corre el riesgo es el editor o la editorial, que es el que pone el dinero. Después vienen las librerías, que reciben del precio de venta un 35%, aproximadamente. Y después está el distribuidor, que a veces es el propio editor, a veces es un tercero, que gana entre un 10 y un 15%. Y después está el autor, que recibe un 10%. Eso está estudiado, funciona. No me parece que sea poco el 10 del autor. Y te voy a decir por qué: porque el autor gana ese 10 de todas las librerías, de una, de otra y de otra, gana de todas las librerías.
Lo que pasa es que el punto es: ¿Puede un autor vivir de lo que publica? En Uruguay no. Han sido poquísimos los ejemplos de autores que han podido vivir del libro en Uruguay. Poquísimos. Diego Fischer, y alguno más. Un poco más atrás, Galeano y Benedetti. Pero siempre han ejercido los autores otro tipo de oficios.
Sos presidente de la Cámara Uruguaya del Libro. ¿De qué se encarga? ¿Cuáles son sus cometidos?
La Cámara Uruguaya del Libro se fundó en el año 44. Y desde aquel entonces nuclea a libreros, editores y distribuidores, los principales actores de la cadena comercial del libro. Los autores no, los autores tienen sus propias asociaciones. Y la Cámara se encarga de la defensa del libro, de la difusión del libro, de la organización de certámenes, de la organización de ferias, fundamentalmente. Y aquí las dos más importantes que se hacen en Uruguay son organizadas por la Cámara del Libro, que son la Feria Internacional del Libro y la Feria Infantil y Juvenil.
¿Por qué la Feria Internacional del Libro y su versión libro infantil son eventos importantes para el circuito editorial?
A mí me parece que son claves. Por ejemplo, la Feria Internacional del Libro, que se celebra todos los años fin de setiembre y principio de octubre, coloca al libro en el centro de la agenda. Es muy difícil tener una oportunidad más grande que la que tiene la Feria del Libro para colocar al libro en la agenda mediática. Esos días que dura la feria, el libro adquiere una centralidad, el libro adquiere una importancia que, si no, no lo logra. Tenés, quizás, “la noche de las librerías”, pero es un episodio más efímero porque es de una noche. Igual es un acontecimiento importante. Pero la feria es central.
Las ferias en el mundo —yo asisto hace muchos años a la de Buenos Aires y a la de Guadalajara, que son las dos más importantes en español—, son sumamente importantes porque además allí se desarrolla una actividad cultural impresionante. En la última, nosotros tuvimos 200 actividades culturales. Entonces, se respira cultura. Esos días, la ciudad de Montevideo, respira cultura.
¿Cómo ha evolucionado la descentralización del libro? Hablo de su llegada al interior del país.
El interior tiene algunos problemas con la poca cantidad de librerías que hay, dependiendo de los departamentos. Ahora la Cámara del Libro está empezando a desarrollar Corredor Uy, que es una forma de llevar a los premios Bartolomé Hidalgo, a los ganadores del Bartolomé Hidalgo, a diferentes departamentos. Ahora la Cámara está organizando en estos días una movida con los autores de Bartolomé Hidalgo en la ciudad de Mercedes, y allí vamos a ir todos los años a un lugar, para mover un poco la cosa.
Algunas intendencias han logrado tener sus propias ferias, en algún caso muy exitosas, como la de San José. Pero creo que hace falta un desarrollo en el interior todavía más importante. Ahí es fundamental que se involucren las intendencias.
“Las encuestas dan que la mitad de los uruguayos, al menos, lee un libro al año. Hay muchos que leen muchos libros al año, pero la encuesta indica que por lo menos la mitad de los uruguayos lee un libro al año. Y es una cifra importante”
¿Somos un pueblo comprador de libros?
Sí, sí, sí, somos un pueblo comprador.
Y entonces, ¿es dable decir que también somos un pueblo lector?
Sí, sí, sí. Las encuestas dan que la mitad de los uruguayos, al menos, lee un libro al año. Hay muchos que leen muchos libros al año, pero la encuesta indica que por lo menos la mitad de los uruguayos lee un libro al año. Y es una cifra importante.
Las editoriales independientes, ¿están bien adaptadas al circuito comercial o todavía les falta?
Están bien adaptadas. Yo creo que tienen una buena distribución, cumplen un rol fundamental para la difusión, para la publicación de autores nuevos. Los autores jóvenes, los autores nuevos, los que publican sus óperas primas, ¿dónde publicarían sus textos si no existieran esas editoriales? Porque las grandes editoriales muchas veces están abocadas a publicar a autores más consagrados, que comercialmente ya están comprobados. Entonces la función de esas pequeñas editoriales es muy importante. Corren riesgos hasta mayores, porque publicar autores que recién empiezan y son desconocidos, es complicado, pero son la usina generadora de nuevos talentos.
En las últimas semanas empezó a circular en redes sociales una carta firmada por 18 librerías independientes que buscar reeditar un viejo proyecto de ley con la intención de hacer que se respete un precio fijo. Es la llamada ley de precio único. La carta se titulaba “Los libros se compran en librerías”. Es una suerte de reivindicación de la librería como espacio, como motor cultural. ¿Dónde está la competencia desigual o ilegítima?
Hay varias movidas con relación a impulsar el precio único del libro nuevo. Esa carta es uno de los impulsos. Esta es una idea que la Cámara Uruguaya del Libro recogió en su momento. También se han hecho reuniones, asambleas, se ha reunido con socios, con no socios. Entonces, hay varias movidas. Lo que la Cámara impulsa es una Ley de Precio Único que, entendemos, va a ordenar al mercado, entendemos que va a lograr que el mercado se estabilice en el sentido de los precios y que haya una competencia de las librerías que no se base estrictamente en el descuento que pueden hacer, sino en la capacidad que tienen para atraer a sus clientes, en el expertise que tienen sus libreros para recomendar, en la programación cultural que pueden ofrecer, en la manera de presentar sus locales, que se base en el talento y no simplemente en el precio.
“La ley de precio único establece un máximo posible de descuentos del 10%. Esta ley la tienen democracias europeas donde ha funcionado muy bien, y en general se permite solo hasta un 5% de descuento sobre el precio de venta. En Francia esto frenó la agresividad de precios que tiene Amazon con los libros”
¿Y por qué es esto? Porque hay muchas librerías independientes o chicas que corren riesgo, su subsistencia corre riesgo. ¿Y por qué corre riesgo? Porque no logran los descuentos que algunas grandes superficies logran y eso provoca una competencia desigual. Yo tengo esta librería aquí y enfrente se me instala una gran librería que ofrece todo con el 20 y el 25% de descuento. Me mata…
Estamos hablando siempre de libros nuevos, que quede claro que esta ley de precios únicos no busca regular el precio del usado, del libro raro; estamos hablando únicamente del libro nuevo. Si yo aquí tengo esta librería y enfrente se me instala otra que en vez del libro que vale 1.000 pesos lo vende a 700 o 750, ¿dónde lo van a comprar? ¿Qué va a pasar con la mía? Yo voy a salir a buscar ese descuento, no me lo van a otorgar, porque de repente no soy atractivo porque vendo poco, porque mi movimiento no alcanza la magnitud de esa otra. Y, además, esa otra ya tiene un contrato de exclusividad con determinada entidad bancaria… Entonces el riesgo que tenemos es ese: que eso pueda provocar algo que nadie quiere, que es el cierre de muchas librerías.
¿Y qué establecería la ley de precio único, en caso de legislarse?
Establece un máximo posible de descuentos del 10%. Esta ley no es un invento uruguayo. Esta ley la tienen democracias comprobadas europeas donde ha funcionado muy bien, como España, Francia, Italia, Alemania, nada menos. En esos países ha funcionado muy bien y en general se permite solo hasta un 5% de descuento sobre el precio de venta. Francia es un gran ejemplo, porque ha regulado con mucha intensidad. Esto pudo frenar la agresividad de precios que tiene Amazon con los libros.
Entonces aquí lo que se propone es establecer un precio único, que lo único que hace es que ese precio único se respete. ¿Cómo funciona hoy el mercado? Sale un libro nuevo, la editorial dice que ese libro nuevo vale, digamos, 1.000 pesos. En todas las librerías tú lo vas a ver en 1.000 pesos. Eso hasta ahí se respeta, pero, ¿dónde no se respeta? Cuando yo saco la tarjeta que está asociada a esa librería y viene con un 20 o un 25% de descuento. Ahí ya no hay precio único, ya es a ver quién puede conseguir mejor acuerdo con determinada tarjeta. Después están las plataformas, las librerías online. Cualquiera hoy puede poner una librería en su casa, agarrar una computadora, ofrece online y ofrece con descuentos y no paga BPS y no paga el alquiler de un local y no paga empleados.
Creo que la regulación que proteja el precio único del libro y que se puede hacer hasta un máximo de 10% es una muy buena medida, sobre todo para la subsistencia de esas pequeñas librerías que son la base del ecosistema, de la cadena del libro. Que todas esas pequeñas editoriales puedan vender sus productos está dependiendo de que todas esas librerías pequeñas subsistan.
El libro no puede tratarse como la gastronomía (que se paga con descuentos), como los descuentos de la farmacia, como los descuentos de la vestimenta. No puede tratarse igual. El libro es un objeto cultural frágil. Y tenemos que cuidarlo.
¿Hay una crisis en el sector librero? ¿Dirías que hay una crisis?
Yo no diría que hay una crisis en el sector librero. Creo que hay un problema y que el problema que estamos enfrentando tiene que ver con esto que venimos hablando, ¿verdad? Que hay un riesgo de que el sector entre en crisis si no frenamos lo que te conté... A ver, hay que vislumbrar la ciudad de Montevideo y lo orgullosos que estamos de la cantidad de librerías que hay y lo mucho que se publica y lo mucho que se lee.
Nos llenamos la boca siempre con los autores uruguayos y la buena literatura, los buenos libros, los buenos lectores, las buenas librerías. Eso hay que cuidarlo. Eso es un bien cultural que hay que cuidarlo. Entonces, el riesgo de cierre de todas estas librerías independientes que se vienen manifestando en contra de los descuentos abusivos y no poder competir por otros asuntos que son los que le hacen bien a la cultura. Creo que el libro no está en situación de crisis, pero puede estarlo si no evitamos este problema.
¿Qué leen los uruguayos? ¿Qué género prefieren?
Los uruguayos prefieren la narrativa. La novela, la ficción, es el género que más se lee. Después hay otros géneros que también se leen mucho: la historia política reciente. Eso es periodismo también. El periodismo político también se lee mucho. Lo que pasa que hay temas que se agotan, hay temas que cuesta presentar al mercado nuevas cosas y, en cambio, la ficción no tiene fin.
También hay algunos géneros que han sorprendido. Por ejemplo, la gastronomía es un género que ha sorprendido recientemente. Hay una porción del comercio del libro muy importante que es el libro infantil y juvenil que ocupa una porción del mercado muy interesante.
“Nos llenamos la boca siempre con los autores uruguayos y la buena literatura, los buenos libros, las buenas librerías. Eso hay que cuidarlo. Creo que el libro no está en situación de crisis, pero puede estarlo si no evitamos este problema”
Y vos, ¿qué estás leyendo ahora? ¿Qué tenés en tu mesa de luz o acá en la librería?
Yo leo y releo. Ahora estoy leyendo Miembro fantasma, de Fernanda Trías, una uruguaya que vive en Bogotá, Colombia. Te doy una primicia: si todo sale bien, va a inaugurar la próxima Feria Internacional del libro de Montevideo, ya aceptó la invitación. Miembro fantasma acaba de publicarse, es un libro de cuentos.
Y leo poesía también. También estoy releyendo La morada del canto de Jorge Arbeleche, que es un libro fantástico, de poesía. Y siempre vuelvo a Borges. Cada tanto lo agarro, lo dejo un tiempo y lo vuelvo a agarrar.
Hay librerías que sumaron cafeterías, talleres de escrituras o de conferencias para estar vigentes. ¿Qué hace la histórica Linardi y Risso para continuar con vida? ¿Cómo hicieron ustedes para aggiornarse a los tiempos que corren?
Nos hemos mantenido siempre así. El desafío es mantenerla así, sin necesidad de reinventarla. Más de una vez pensamos que se podía poner una cafetería, pero… Mirá, esta casa la compró mi viejo a principios de los 80 y armó la reforma pensando en una librería.
Si la hubiéramos pensado en aquel momento para, también, tener una cafetería, hubiéramos puesto extractores, hubiéramos puesto cosas, pero habría que hacer una gran reforma y perdería, por ejemplo, perderíamos ese jardín que ves ahí, perderíamos cosas que nos gusta.
En este momento, nuestro trabajo fundamental, lo que nos da de comer, es la venta del libro uruguayo hacia el exterior. Nosotros hacemos curadurías a ciertas bibliotecas del exterior que quieren tener lo mejor de lo que va saliendo del libro uruguayo. A veces es pequeño el presupuesto, a veces es un poco más grande, pero ellos nos dan un presupuesto y nosotros hacemos la curaduría y seleccionamos para ellos y le enviamos a lo largo del año lo mejor de la narrativa, lo mejor de la historia. Ese es nuestro negocio que nos mantiene.
¿Qué le decís a los que dicen: “No tengo tiempo para leer”?
Que es mentira. Esa es la excusa que yo he escuchado toda mi vida para la gente que no le gusta leer. Y está bien. ¡Es válido que no les guste leer! ¿Por qué te tiene que gustar leer? ¿Por qué te tiene que gustar el fútbol? A mí me encanta, pero a mucha gente no le gusta el fútbol. ¿Por qué te tiene que gustar salir a correr por la rambla?
Pero el tiempo te lo hacés, si querés leer. Dicen que no tienen tiempo para leer porque decir “no me gusta leer” queda mal, está mal visto. Y ahí ves la presión cultural o la importancia cultural que la lectura en Uruguay. Porque a veces uno que no lee, esconde que no lee. Entonces dicen: “Yo no leo porque no tengo tiempo”. Cuando mirás la pantalla y ves que el celular te dice que le dedicaste 4 horas 30 minutos, decís: “¿Cómo? Si en vez de 4 horas le dedicaba 3, metías una hora o una hora y pico de lectura”. Hay espacios siempre.
Lo que pasa es que, como hablábamos hoy, el consumo cultural se amplió tanto… Hay tantos llamadores: las plataformas, las series, las películas. Tenés los Netflix, los Disney, la Copa Libertadores, tenés de todo. Tenés de todo. Entonces el libro corre con una competencia muy grande.
¿Qué te divierte a vos fuera de los libros? ¿Qué te entretiene? No vale decir “libros”.
El deporte. Me entretiene muchísimo. La música, la pintura.
¿Sos feliz?
Sí, porque hago lo que me gusta.