La semana pasada fue trágica en materia de incidentes en el agua. En Rocha, tres integrantes de una misma familia se ahogaron cuando nadaban cerca de una represa. En Cerro Largo, un hombre perdió la vida cuando se arrojó al río Negro al rescate de su esposa, quien logró salvarse. En el río Uruguay fue hallado el cuerpo de un hombre oriundo de Bella Unión, y en Maldonado murió una niña que días antes había sufrido un accidente en una piscina en la Barra del Chuy.
Esa amarga y abultada cifra pudo haberse visto engrosada con otros dos casos: los de Estefany y su sobrina, quienes el pasado domingo fueron a refrescarse en la playa Suterio, en la localidad de Villa Ansina, sobre el río Tacuarembó.
Entrevistada por el periodista Marcos Pereira, de Radio Tacuarembó, la joven recordó que el incidente que casi les cuesta la vida ocurrió contra todo pronóstico. “Ni mi sobrina ni yo sabemos nadar, y estábamos cerca de la orilla, con el agua apenas encima de las rodillas”, refirió.
Sin embargo, la cambiante fisonomía del lecho del río les jugó una mala pasada. “De repente, mi sobrina se corre un poquito para un lado, había un pozo y ya no daba pie. Yo intento sacarla y, en la desesperación, me empuja y también caigo al pozo”, contó.
“En pocas palabras, fue lo peor que viví en la vida”, contó la mujer, quien describió "la sensación en el cuerpo de que te estás ahogando. Veía solo agua, y no podía subir”.
Según Estefany, en la orilla había otras dos mujeres que “tampoco sabían nadar”. Sin embargo, la providencia les puso en el camino a Nery Rodríguez, quien ese día no pensaba ir a la playa. Sin embargo, bajó hasta allí con su esposa Daiana y su pequeña hija Milagros, ya que esta última insistió en que quería “mojarse los piecitos”.
En sus desesperados intentos por sacar la cabeza del agua, Estefany alcanzó a ver a Nery —a quien no conocía— y pedirle ayuda. En declaraciones al mismo medio, el hombre dijo que, en un principio, creyó que las mujeres estaban jugando, pero luego cayó en la cuenta de lo que ocurría. “Le grité a mi esposa ‘se están ahogando las gurisas’, eché a mi hija para atrás, que quedó con ella, y me tiré al agua”, contó. Ese acto de arrojo fue especialmente meritorio, dado que él no es un buen nadador, y que le guarda “respeto” al agua desde niño, cuando su abuelo lo salvó de morir ahogado.
Para Estefany, Nery “llegó como un ángel”, cuando ya no podía más. “Le voy a estar agradecida de por vida, de poder estar ahora contando esto y no que mi cuerpo estuviera siendo buscado por los Bomberos. Realmente, si él no hubiera estado ahí, ahí yo me moría con mi sobrina”, subrayó.
La mujer contó que la tarea de su salvador no fue fácil. “Intentó rescatarnos a las dos, pero no somos flacas, somos pesadas”, y el agua amenazaba con atraparlo también.
Sin embargo, Nery se las ingenió. “El agua me hacía presión, y cuando intentaba sacar a una, la otra se me iba para abajo”, dijo. Finalmente, logró conducir a Estefany hasta unas ramas y dejarla momentáneamente agarrada de ellas, mientras sacaba a su sobrina. Luego, pese al agotamiento, volvió para terminar la tarea. “En esa playa no hay guardavidas”, señaló.
Para Estefany, Nery se transformó en un nuevo miembro de su familia.
“Se tiró al agua sin pensarlo, puso en riesgo su vida para salvar las nuestras. Es increíble que estemos sanas y salvas; sin él, a esta hora éramos noticia”, remarcó.
“Nacimos de nuevo, fue un milagro, porque llegó solo porque su hijita quería mojarse los pies. Ellos tres ya son mi familia”, agregó.
Finalmente, la mujer abogó para que su mal momento “sirva de ejemplo” para otros, y que redoblen las preocupaciones en las playas. “Con el agua, es cuestión de un minuto: te agarra y te lleva”.