“Nunca planto zapallos, no soy un amante de ellos”, confiesa Fabián Sosa en diálogo con Montevideo Portal, con una mezcla de incredulidad y asombro, mientras observa las dimensiones del ejemplar que hoy conserva en su casa.
Hace pocos días, del propio suelo de su patio, cosechó un zapallo de 22 kilos. La historia fue recogida por el periodista Robert Santurio del diario Rocha al día, y transformó a Fabián en la estrella inesperada de la ciudad de Rocha.
Fabián no es agricultor de oficio, sino que tiene su huera pequeña como hobby. Su día a día transcurre entre su labor como guardia para una empresa de seguridad privada y al ritmo de su servicio de amplificación y sonido para fiestas y eventos. Lo que la tierra le regala en el patio suele terminar en su propia mesa. “Planto lechuga, tomate, acelga, cebollita, morrones”, relata antes de insistir: “Pero nunca planto zapallo”.
Este verano fue diferente gracias a un familiar. “Mi concuñado me dio dos plantitas chiquititas”, recuerda. La particularidad es que eran de la especie más dulce de zapallo, con la que se prepara la mermelada.
“Ahí sí me gustó la idea, como a mí me gusta hacer dulce… Así que me dio las plantas y las eché pa’ la tierra nomás”, dice Fabián. Lo que siguió fue una sorpresa de proporciones inesperadas. Con un cuidado normal y nada fuera de lo común, fue regando las plantas todos los días hasta que echaron raíces y sus guías se extendieron. De una de las plantas, empezaron a crecer tres zapallos. De la otra, solo uno.
Todo parecía normal, hasta que empezó a notar que un zapallo en particular comenzó a crecer exageradamente. Llegó un momento en que no tenía más espacio para seguir expandiéndose. “Empezó a criarse cada vez más, cada vez más y me sorprendió porque donde estaba ubicado él ya no tenía más para donde extenderse porque tenía otra planta al costado y la estaba la estaba apretando”, narra Fabián.
De repente, llegó un día en que el zapallo alcanzó 22 kilos, y la planta dejó de soportar su propio peso. “Este zapallo lo largó la planta. Como la guía estaba colgada, mucha gente me dice que el mismo peso cortó la guía”, explica el protagonista. En el caso de los otros dos zapallos de la misma planta, todavía permanecen en su progenitora. La otra planta no corrió con la misma suerte: su único zapallo se cayó y se pudrió.
El tamaño y peso de los zapallos dependen de varios factores, como el suelo, el clima y su propia genética. Fabián no sabe cuál fue la causa de semejante crecimiento.
“No he averiguado. En chacras y campos dicen que es muy común, pero en una quinta doméstica que se haya criado de esta forma, llama la atención”, comenta. Como no tenía una balanza adecuada en su casa, tuvo que cargar con él en su hombro durante dos cuadras para conocer su peso exacto. El desfile de Fabián por el barrio, así como la publicación de la historia en redes sociales, causó impacto en los vecinos. Ahora, Fabián es una celebridad local, y a cada lugar que va, la gente le pide semillas como si tuviera el mismísimo “santo grial” entre sus manos.
El plan de Fabián está claro: planea usar los 22 kilos del gigante anaranjado para hacer dulce. Eso sí, su idea es compartir su producción con su familia y vecinos. “Obvio que todo el dulce no me lo voy a comer yo solo”, dice entre risas. Y cuando sus dos hermanos menores estén prontos para cosechar, los regalará a sus vecinos rochenses.