En Margara Shaw la historia se cuenta en prendas, en gestos cotidianos y en una forma cercana de atender que se transmite de generación en generación. En el año en que la marca festeja sus cuatro décadas de historia, la casa se vuelve un punto de encuentro para clientas de distintas edades, para un equipo que conoce de memoria el oficio y para una familia que aprendió a crecer sin perder su esencia.
Margara Shaw, fundadora de la marca y madre de cinco hijos, hoy retirada, recuerda el camino con una mezcla de sorpresa y gratitud. “Miro para atrás y no puedo creerlo”, confesó, en diálogo con Montevideo Portal. Ese comienzo, según recuerda, no fue el de una empresa estructurada y pensada como tal, sino el de una pasión por el diseño que se fue volviendo rutina y, después, proyecto. “Empezó como algo natural, a mí siempre me encantó el diseño. Diseñaba ropa para mis amigas y gente conocida”, contó, al repasar cómo primero aparecieron accesorios y, más tarde, nuevas piezas que se sumaban a su mesa de trabajo y a la conversación con parientes y allegados.
En ese recorrido, hubo un hito que todavía hoy despierta anécdotas. “Se me ocurrió hacer joggings y fueron un éxito. Eso fue algo increíble”, recordó Margara, al explicar que los vio en Europa, en una época en la que no existían las herramientas actuales para seguir tendencias al instante y que, al volver, los reinterpretó con diseño, color y detalles.
Inés Arrosa, hija de Margara y actual directora, retoma esa escena desde el lugar de quien también la vivió desde adentro.“Los joggings creo que fueron una de las cosas que más marcaron. Me acuerdo que en ese entonces a los cumpleaños, íbamos todas vestidas con los joggings de mamá", explicó a Montevideo Portal.
Aquella popularidad, lejos de quedar como un recuerdo aislado, ayudó a consolidar algo que hoy sigue siendo central en la identidad de la marca: la capacidad de abarcar generaciones. Inés explicó que ese primer impacto permitió llegar a públicos distintos, desde adolescentes hasta adultas, con una misma prenda como punto en común. "Lo usaban mis amigas y las amigas de mamá", sintetiza
La forma de crecer también fue construyéndose por etapas. Margara contó que al principio trabajaba desde su casa, luego armó una boutique en el jardín, hasta que llegó una mudanza que marcó un antes y un después. En 1999, dijo, se instalaron en una casona en Carrasco, que todavía define como la casa madre y ubicación actual de la boutique.
Margara Shaw. Foto: Javier Noceti
En el relato de ambas aparece una idea que atraviesa los 40 años: la construcción de confianza sin depender de grandes campañas. Margara recordó que durante mucho tiempo la marca se movió y creció mediante el boca a boca, sin publicidad sostenida, con apariciones puntuales en medios cuando se podía.
Ese vínculo se nota incluso en el modo en que algunas clientas nombran el lugar. La fundadora contó que las clientas decían y dicen hasta el día de hoy ‘estoy en lo de Margara’, como si fuera la casa de una amiga. Además, reconoció que se divierte cuando pasa por la casa y las nuevas clientas conocen que Margara Shaw es, efectivamente, una persona real y no un nombre ficticio.
Parte de esa cercanía se apoya en un equipo estable, con convicciones claras, que convive con nuevas miradas. Inés explicó que en la marca actualmente trabajan 13 mujeres, con un mix entre áreas como producción, administración y asesoramiento, más roles jóvenes ligados a diseño y comunicación, dentro de una estructura chica.
La atención, de hecho, es uno de los puntos que la marca busca trasladar también al entorno digital. En la tienda online conviven categorías que van desde prendas hasta accesorios, además de un canal de contacto directo, en línea con esa idea de que detrás de cada compra se encuentre una persona del otro lado, ya que las clientas nunca son atendidas por un bot.
En su rol al frente de la marca, Inés describe el desafío de actualizar sin romper la esencia, sosteniendo una identidad que se reconoce en los detalles. En ese sentido, mencionó elementos que se mantienen como ADN de la marca, desde bordados hasta terminaciones pensadas para que cada pieza tenga presencia propia.
La atemporalidad es otra palabra que aparece como orgullo compartido. Inés contó que es habitual que lleguen clientas con prendas de 20 o 30 años en perfectas condiciones y que esa vigencia no es casualidad, sino una decisión de diseño y de calidad. De esta forma y sin buscarlo, Margara Shaw se convierte en una marca sustentable.
Margara lo resumió desde una idea simple y cotidiana que a la vez funciona como declaración de principios: “Esa es la magia de la buena ropa, ¿qué más sustentable que una prenda te dure años, que la uses y te sigas sintiendo bien?”, afirmó, al conectar durabilidad con una forma de consumo más consciente, incluso antes de que la palabra sustentabilidad se instalara en la conversación pública.
Hoy, la marca transita una etapa de expansión que convive con el trabajo de taller, la planificación fina y una logística nueva. Inés contó que actualmente van a vender a ferias en Nueva York, a las que antes acudían "del otro lado del mostrador", con muestras que se presentan a compradoras de tiendas que eligen qué llevar a sus percheros. “La marca hoy está, la verdad, en un muy buen momento”, afirmó, al explicar que se trata de un negocio que exige producir después de recibir órdenes, con tiempos de entrega de tres o cuatro meses.
Para Margara, esa llegada a otros mercados tiene un componente emocional difícil de dimensionar. Explicó que le genera orgullo saber que la marca está en muchos lugares de Estados Unidos, incluso en destinos turísticos exclusivos, con una presencia que hace años parecía impensable para un proyecto nacido de forma tan artesanal.
Inés Arrosa. Foto: Javier Noceti
En paralelo, Inés explicó que hay otros proyectos que han surgido como una extensión natural de la idea de no solamente vender ropa, sino de acompañar. Durante la pandemia, empezó a hacer charlas que quedaban subidas en redes, enfocadas en iniciativas solidarias, para darle difusión a proyectos que estaban ayudando a otras personas. Con el tiempo, esa experiencia se transformó en un formato más estable, para el que incluso tomó clases de locución, pero sin una periodicidad rígida. Así fue que surgió La vida misma, el pódcast de Margara Shaw llevado a cabo por Inés que, si bien no tiene un número establecido de lanzamientos anuales, ya cuenta con 49 episodios.
En ese proceso de crecimiento, Inés explicó que uno de los mayores desafíos es diseñar temporada tras temporada para una clienta que ya conoce la marca, que vuelve porque confía, pero que también espera algo nuevo. Dijo que se trata de encontrar un equilibrio fino entre mantener una identidad reconocible y proponer variaciones que sorprendan, sin correrse de un estilo que se construyó con años de coherencia estética y decisiones cuidadas.
Ese trabajo creativo se da además en un contexto productivo muy concreto. Inés afirmó que todas las prendas se diseñan y producen en Uruguay, lo que implica asumir tiempos, costos y escalas propias de la industria local. Explicó que trabajar con talleres nacionales permite cuidar cada detalle, pero también exige planificar con precisión, porque no se trata de producir en grandes volúmenes sino de sostener una cadena cercana, responsable y alineada con los valores de la marca.
Para Margara, esa forma de trabajar es una parte esencial del proyecto. Dijo que producir en Uruguay siempre fue una elección consciente, incluso cuando no era lo más fácil, porque permite controlar la calidad y mantener un vínculo directo con quienes hacen cada prenda. En ese esquema, afirmó, el crecimiento no pasa por acelerar procesos sino por respetar los tiempos del oficio, algo que considera clave para que la marca siga siendo fiel a su idiosincrasia.
En el marco de los 40 años de la marca y con esa misma intención de mover la aguja, este 2026 decidieron sostener un calendario de sorpresas. Inés explicó que pensó durante muchos años qué hacer para que el 40° aniversario fuera distinto, hasta que armó un proyecto con apoyo externo, con lanzamientos mensuales de cápsulas limitadas, de solo 40 unidades, con objetos que no forman parte del universo habitual. Margara celebró el primer lanzamiento, un juego de cartas, “voló”, y lo leyó como un síntoma de confianza de sus clientas, que apoyan la marca en sus nuevas aventuras.
Para Margara, esa confianza siempre estuvo ligada a una práctica que sostuvo desde el primer día: escuchar. Dijo que muchas ideas nacieron de charlas informales, de comentarios al pasar en el probador, de clientas que se animaban a decir qué necesitaban o qué no encontraban. “Siempre presté mucha atención a lo que me decían”, explicó, convencida de que la casa también funciona como un espacio de intercambio donde se aprende tanto como se vende.
Esa escucha activa, según contó, no se limita a una cuestión comercial, sino a una forma de vínculo. Margara afirmó que le interesa saber cómo usan las prendas, en qué momentos de su vida aparecen, qué recuerdos se les adhieren. Para ella, esa información vale más que cualquier estudio de mercado, porque surge de una relación construida con tiempo, con cercanía, con una confianza que no se impone.
Ese espíritu atraviesa el presente de la marca y también su proyección. En los 40 años de Margara Shaw, la historia no se cuenta como una línea cerrada, sino como una conversación que sigue abierta, entre generaciones, entre clientas fieles y nuevas, entre una fundadora que observa con orgullo a su hija, una directora que impulsa nuevos caminos. Una marca que creció escuchando, que se animó a cambiar sin perder su voz y que, aún hoy, sigue apostando a construir desde lo humano.