El salero de la mesada carga con casi toda la culpa cuando el médico avisa que la presión arterial está más alta de lo deseable. Sin embargo, un grupo de especialistas propone ahora correr un poco el foco. Si bien sacar sodio de las comidas sigue siendo necesario, el resultado mejoraría si al mismo tiempo se sumara potasio. No se trata de cambiar una recomendación por otra, sino de dejar de mirarlas por separado.

El planteo aparece en un informe publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition y encabezado por Naomi Fukagawa, profesora emérita de medicina en la Universidad de Vermont. Se trata de una revisión de la evidencia disponible sobre las recomendaciones vigentes de ambos minerales, las estrategias para modificar su consumo y los obstáculos para aplicarlas.

“Hacemos un llamado a un cambio de paradigma en nuestro enfoque para el manejo dietético de la hipertensión y los esfuerzos para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La reducción del sodio en la dieta es una estrategia fundamental para la prevención y el manejo de la hipertensión. Sin embargo, nuevas evidencias respaldan la necesidad de ampliar el enfoque actual, que se centra exclusivamente en la reducción del sodio, y otorgar la misma importancia al aumento de la ingesta de potasio”, dice la investigación en sus conclusiones.

Además, el estudio recalca que “la hipertensión afecta a más de 1.280 millones de adultos en todo el mundo y es un factor de riesgo importante para la enfermedad cardiovascular (ECV). La ingesta excesiva de sodio y el consumo insuficiente de potasio son importantes factores modificables que contribuyen a la presión arterial elevada”.

Qué hace el potasio cuando sobra sodio

Según describe ese informe, el potasio favorece que los riñones eliminen el exceso de sodio por la orina y ayuda a mantener la tensión de las paredes de los vasos sanguíneos. Pero funciona como contrapeso y no como sustituto, así que reducir el sodio sigue siendo la base.

La Organización Mundial de la Salud fijó en sus directrices dos cifras que van de la mano. Para adultos recomienda menos de 2.000 miligramos de sodio por día, equivalentes a cinco gramos de sal, y al menos 3.510 miligramos de potasio. La mayoría de la población mundial hace lo contrario, y el trabajo de Fukagawa y sus colegas señala que “la ingesta de potasio suele estar muy por debajo de los niveles óptimos tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo”.

A esto se suma una creencia general que lleva al error: el potasio no está solo en la banana. Hay muchas formas más de incluirlo en la dieta.

Casi 4 de cada 10 uruguayos con presión alta

Según la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular, casi el 37% de los uruguayos tiene presión arterial elevada y, de ese grupo, un tercio no lo sabe.

La misma comisión estima el consumo aparente de sal en el país en unos 8,3 gramos diarios, cerca de 3.400 miligramos de sodio: casi un 70% más que el máximo sugerido por la OMS. Y advierte, además, que buena parte de ese sodio no viene del salero, sino de productos envasados, fiambres, caldos, panificados y comidas preparadas fuera de casa.

Otro dato clave sobre lo que pasa en Uruguay: el 90% de los niños uruguayos recibe más sodio del establecido como ingesta adecuada.

¿Y dónde está el potasio?

Para aquellos que quieran sumar más de este mineral a su dieta y seguir las recomendaciones, aquí van algunas ideas. El potasio está sobre todo en frutas, verduras, legumbres y lácteos. La nutricionista Anna Taylor sostuvo en una publicación de Cleveland Clinic que una alimentación rica en potasio y baja en sodio “puede reducir el riesgo de presión alta y de accidente cerebrovascular”.

Algunos de los aportes de potasio que enumera esa publicación:

Sobre la papa, Taylor aclaró en ese texto que el aporte depende de comerla con piel, donde se concentran los nutrientes. Y sobre las frutas secas (damascos, ciruelas, pasas) advirtió que muchas llevan azúcar agregada, por lo que antes de elegirlas hay que revisar la etiqueta.

Para quienes ya tienen problemas de hipertensión o de enfermedad renal, conviene siempre la consulta con el especialista antes de realizar cualquier cambio brusco en la dieta. La medicación en esos casos puede ser la vía más directa para el bienestar.