Aristóteles, Buda, Lao Tsé, Séneca, Víctor Frankl son solo algunos de los autores que menciona Pepe El Estoico en su propuesta de "12 virtudes para transformar tu vida". Son 12 postulados que dejan en claro, según el autor, que para una vida más plena no se requiere dinero, contactos ni circunstancias especiales: solo decidirse y actuar con estas virtudes como guía.
García se hizo popular por su forma accesible de acercar la filosofía estoica y la clásica a la vida cotidiana y en su canal de YouTube publicó estas 12 virtudes que recorren tradiciones muy distintas, pero con un núcleo en común: vivir mejor.
- Disciplina
Para Aristóteles, somos aquello que hacemos repetidamente. La disciplina, advierte García, no es lo mismo que la motivación: "la motivación es un recurso finito" y "la disciplina verdadera no necesita motivación porque consiste básicamente en no negociar contigo mismo".
El Estoico recomienda como ejercicio para ordenarse elegir una sola cosa que haya que hacer en el día y hacerla sin más, sin consultarlo con tus ganas.
- Atención
"Vivimos en la era de la distracción permanente y hemos normalizado no estar en ningún sitio del todo", apunta el autor español y pone como ejemplo algo que nos pasa a todos: vamos a una reunión y estamos pensando en qué vamos a hacer cuando lleguemos a casa. Cuando llegamos a casa, pensamos en lo que nos quedó pendiente en el trabajo. Y cuando nos servimos la cena, con una mano agarramos el tenedor y con la otra el celular.
"¿Qué se pierde mientras tanto? La vida, literalmente", enfatiza García. "La vida no ocurre ni en el pasado ni en el futuro, ocurre aquí, ahora". Buda llamó a este estado presencia; los estoicos, prosoché. El nombre cambia, pero la virtud es la misma: estar presentes y con atención plena al momento.
- Percepción
El mito de la caverna de Platón ilustra cuánto confundimos sombras con realidad. Para García, "el error más común es creer que lo que pensamos sobre algo es lo que ese algo realmente es". ¿Si tu jefe no te saludó, está enojado? ¿Si tu pareja estuvo callada, se está distanciando? Epicteto, dos mil años antes, lo sintetizó: no son las cosas las que nos perturban, sino los juicios que tenemos sobre ellas.
Entonces, para desarrollar esta virtud, un ejercicio posible es: preguntarse si esas cosas que nos perturban son un hecho o una interpretación nuestra.
- Aceptación
Lao Tsé escribió que el agua no lucha, cede y, sin embargo, desgasta la roca, cita García para introducir su afirmación: aunque "la aceptación suele confundirse con pasividad", desde su punto de vista "es una gran forma de inteligencia".
"Sufrimos fundamentalmente por dos razones: por lo que nos pasa y, mucho peor, por resistirnos a lo que nos pasa", afirma, y por eso dice que aceptar no es resignarse sino dejar de gastar energía en lo que no se puede cambiar para tenerla disponible en lo que sí.
- Coraje
Para el estoico Séneca, el valiente no es el que no tiene miedo, sino el que actúa a pesar del miedo. Mientras, el filósofo danés Søren Kierkegaard hablaba de "dar el salto": ese momento en que se deja de calcular y se actúa.
"Esperar tenerlo todo bajo control es una forma de no vivir", suma García y hace una aclaración clave: el coraje en el día a día no se trata de librar batallas épicas, sino de cuestiones más sencillas como afrontar una charla difícil o lanzarnos a un proyecto que no nos da garantías de éxito.
Y propone un ejercicio: hacé hoy algo que venís posponiendo por miedo. Una conversación importante, una decisión, un primer paso.
- Compasión
"Dijo el Dalai Lama: "Si quieres ser feliz, cultiva la compasión. Si quieres hacer felices a otros, cultiva la compasión", recuerda Pepe García, pero marca una diferencia clave: compasión no es lástima, ni hacia otros, ni hacia nosotros mismos y suma un concepto clave: la autocompasión.
"Muchas personas tratan con ternura a un amigo en crisis y, cuando son ellas las que están mal, se destrozan con muchísima crueldad", marca el autor. Y para desarrollar esta virtud invita a que cada uno se hable como le hablaría a un buen amigo que está atravesando lo mismo.
- Apreciación
Epicuro, que vivía de forma muy austera, y Séneca, que era muy rico, llegaron a una misma conclusión por distintos caminos: "No es pobre el que tiene poco, sino el que desea mucho". Para García, "vivimos en una cultura que nos entrena para el deseo permanente" y no valoramos las cosas que tenemos. "La apreciación es el antídoto para eso", dice y sugiere, cada día, anotar en un papel tres cosas que tenemos, apreciamos y no queremos perder.
- Simplicidad
Henry David Thoreau pasó dos años solo en una cabaña en el bosque para escribir Walden. Su objetivo era descubrir qué necesita realmente una persona para vivir bien. Su tesis: "un hombre es libre en función de las cosas de las que puede prescindir", recuerda García y suma que no solo es importante la simplicidad material, sino la mental: "tenemos muchos compromisos innecesarios que nos generan cargas", "relaciones que nos drenan". Simplificar, entonces, es "elegir poco y bien". Una forma fácil de empezar: eliminar una sola cosa de tu agenda de esta semana que en realidad no necesitás hacer y que aceptaste por compromiso.
- Resiliencia
El psiquiatra vienés Viktor Frankl fue deportado en 1942 a Auschwitz. Perdió a su esposa, a su madre y a su hermano, y sobrevivió a cuatro campos de concentración. De esa experiencia salió uno de los libros más leídos del siglo XX: "El hombre en busca de sentido". Su conclusión: a una persona se le puede quitar todo, excepto la libertad de elegir la propia actitud ante las circunstancias. Inspirado en ese ejemplo monumental, García marca que "la resiliencia no es caerse, sino que es caerse, decidir qué historia te vas a contar sobre la caída y luego levantarte más fuerte".
- Sabiduría
Aunque no lo dijo textualmente, el concepto de Sócrates de "solo sé que no sé nada" mostró lo que para García es el fundamento de la sabiduría real. "El error más común es pensar que sabemos, es confundir información con sabiduría", y agrega un diagnóstico contundente sobre el presente: "nunca hemos tenido tanta información disponible y nunca hemos vivido tan mal".
Para el autor, sabiduría no es acumular datos sino aplicar lo que se sabe. Como decía Confucio: "el hombre que sabe y no actúa no sabe realmente".
- Paciencia
Los estoicos practicaban el amor fati: amar lo que ocurre, incluyendo el tiempo que tardan las cosas. "Vivimos en la cultura de lo inmediato", dice García, "lo quiero ya, lo quiero rápido, lo quiero fácil, y esa impaciencia nos hace abandonar antes de tiempo todo lo que tiene valor de verdad".
Para el autor, la virtud de la paciencia no es esperar sin hacer nada, sino "actuar con constancia".
- Confianza
García la considera la virtud "más ignorada en filosofía y la que más falta". Y advierte: "la desconfianza constante es agotadora". Y aunque creemos que nos protege, en realidad "nos contrae, nos hace vivir peor, con ansiedad". Confiar no es ingenuidad, es "apostar por lo que puede ir bien y prepararte para lo que puede ir mal".