Uruguay, 28 años después, volverá a estar representado en los Juegos Olímpicos de Invierno, está vez en la edición de Milano-Cortina d'Ampezzo cuyo inicio está pactado para el próximo viernes con la ceremonia inaugural en el estadio San Siro y en Livigno.
Desde Nagano 1998, cuando Gabriel Hottegindre compitió en eslalon, que la bandera celeste no estaba presente en la cita, algo que se repetirá de la mano de Nicolás Pirozzi, un hecho que no pasa desapercibido.
Nicolás es hijo de Roberto Pirozzi y la uruguaya Cristina Meyer, factor clave para que ahora pueda competir defendiendo nuestro país desde junio de 2024, cuando fue aceptado por la Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS).
La posibilidad de representar a Uruguay surgió cuando su madre vio un reportaje a Joaquín Chino Gallinal, presidente de la ASSU (Asociación de Ski y Snowboard del Uruguay), en el que se enteró de que buscaban esquiadores con ascendencia uruguaya.
“Mi vieja me llamó y me dijo: ‘Nico, esta es una hermosa oportunidad. Estaría tremendo que nos representaras’. Ahí me lo empecé a pensar un poco y tomé la decisión: ‘Démosle con todo’”, contó a FútbolUy.
Lo que viene
Pirozzi, de 23 años, ingresó en las últimas horas a la Villa Olímpica donde se alojará a la espera de su participación en las dos pruebas donde verá acción: eslalon gigante el sábado 14 de febrero y en eslalon el lunes 16.
La competencia se desarrollará en la pista Stelvio, corazón del Bormio Ski Centre (complejo alpino) y una parte clave del patrimonio deportivo de Valtellina, en el norte de la Lombardía.
La diferencia entre las modalidades radica en la separación entre las banderas y la velocidad de bajada: “El eslalon implica vueltas muy cortitas, con indicadores separados por unos diez metros. Es una prueba más técnica y lenta, donde se alcanzan velocidades de 40 a 50 km/h”.
“En el eslalon gigante, las banderas están a unos 25 metros, y el ritmo es un poco más rápido. En esta disciplina, el esquiador puede llegar fácilmente a unos 80 o 90 km/h”, mencionó.
Pirozzi ve esta posible participación olímpica con tranquilidad, ya que el mejor momento de un esquiador llega entre los 27 y 28 años, y él tiene 23. Sin embargo, la experiencia es invaluable: “Para mí, el objetivo principal es lograr mi mejor bajada en los Juegos. Es a lo que quiero apuntar”.
“Es una tremenda oportunidad para abrir la posibilidad de que más esquiadores uruguayos puedan competir y hacer crecer los deportes de invierno. Prometo que voy a dar todo por esta bandera y a representar a Uruguay a fondo”, cerró.