La victoria de Trump fue en terremoto en varios asuntos, y entre ellos especialmente para las políticas ambientales. El multimillonario es conocido por sus posiciones en contra de la protección ambiental. Es un conocido "negacionista" - este el término que se usa para aquellos que creen que el cambio climático no existe o no está causado por el ser humano. Es sin duda un término negativo, ya que toda la ciencia contemporánea muestra que nuestras emisiones de gases invernadero están afectando el clima global, y que eso tiene consecuencias como el aumento de la temperatura promedio, el alza en el nivel de los océanos, o la proliferación de eventos climáticos extremos.

Trump, en cambio, no cree en nada de eso. Y su negacionismo no es una treta publicitaria para conseguir apoyos de votantes o de la corporaciones petroleras, sino que es una sincera muestra de sus manías e ignorancia. En un tuit del 6 de noviembre de 2012, Trump escribía que el "concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos para que las manufacturas de EE UU no fueran competitivas".

 

Tener un negacionista en la Casa Blanca es un desastre, tanto para la calidad del ambiente dentro de Estados Unidos, como para el resto del planeta, es lo que repiten científicos y destacados analistas. Recordemos que esa nación es el segundo más grande emisor de gases invernadero, de donde cualquier medida real para detener el calentamiento plantario debe contar con su concurso.

El equipo de Trump es tanto o más complicado por posturas anti-ambientales similares o aún más radicales. El presidente electo ya nombró a Myron Ebell para dirigir la Agencia de Protección Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés), la principal institución de control y regulación ambiental federal en ese país. Ebell es todavía más negacionista que Trump, y ha dicho, por ejemplo, que no debemos preocuparnos por el cambio climático. Ebell proviene del mundo corporativo, y ha sido un actor importante del muy conservador Instituto de la Competitividad Empresarial en ese país.

Se anuncia que la inefable Sarah Palin, una ultraconservadora, podría ser la secretaria del interior, y por lo tanto encargada de todo el sistema de áreas protegidas y parques nacionales. Palin fue gobernadora de Alaska, candidata a la vicepresidencia, y recordada por su estribillo "taladra, baby, taladra" apoyando a las petroleras.

El compromiso ambiental internacional más reciente para lidiar con el cambio climático, el Acuerdo de París, fue subscripto por el presidente Obama, junto a otras 108 naciones. No es la medida más efectiva ante el cambio climático a juicio de los científicos, pero es al menos una respuesta mínima para que las cosas no empeoren aún más rápido. Pero con Trump todo puede ser peor porque desde su equipo se anuncia que buscarán retirarse de ese acuerdo.

También se sabe que Trump detesta muchas de las medidas que aprobó Obama. Por ello, también apunta a eliminar, cambiar o convertir en inefectivo la regulación ambiental más importante de su antecesor, la ley marco de Energía Limpia. Esa era una norma ambiciosa que apostaba hacia energías más limpias y menos emisiones, y que necesitaba de apoyo federal constante en tanto fue demanda judicialmente por 28 estados y unas cien empresas. Muchos piensan que con Trump esa respaldo se perderá y toda esa ley podría caer.

Otro tanto se espera a los subsidios para energías limpias, mientras no sorprendería que, en cambio, se pasara a apoyar más el carbón. Esto sería otro mazazo para la biósfera, ya que usar ese mineral para generar energía es de los procesos más contaminantes que existen.

En la misma línea, todos los analistas dan por descontado más apoyos a las petroleras y a la explotación de hidrocarburos no convencionales por el método de la fractura hidraúlica (fracking). Varios de esos emprendimientos ya son objeto de muchas resistencias de comunidades ciudadanas, y entre ellas de varios grupos de nativos americanos. Aunque no muy visible en nuestros noticieros, ya está en marcha un duro conflicto, con refriegas, gases, y arrestos, que enfrenta a grupos indígenas contra el tendido de un oleoducto en Dakota del Norte. Con Trump ya se sabe que se impondrán aún más duramente ese tipo de obras.

Por si fuera poco, Trump también ha expresado su deseo de desmantelar la Agencia de Protección Ambienta (EPA, por sus siglas en ingles), la principal agencia regulatoria en cuestiones ambientales.

Similares temores se repiten a nivel internacional. El retiro de EE.UU. del Acuerdo de París seguramente empeorará el cambio climático, pero además desaparecería la presión que ejercía ese gobierno para que otros países se sumaran, y es probable que se recorte la ayuda financiera que brindaba. Ese escenario además permitiría que otros escépticos anti-ambientales ya no tengan tanta vergüenza en admitirlo, o bien que reduzcan sus medidas internas. Por eso se miara con temor que harían, por ejemplo, los gobiernos de China o India, otros dos grandes emisores de gases invernadero.

En el caso de Trump es sencillo burlarse de sus posturas ambientales tan primitivas. Pero también hay que reconocer que ideas similares se repiten en América Latina, e incluso en Uruguay. Por ejemplo, recuerdo que en el primer gobierno Vázquez, el viceministro del ambiente de aquel entonces en más de un encuentro dejó en claro que no creía mucho en la determinante responsabilidad humana del recalentamiento global. Tampoco olvidamos a un director de DINAMA, bajo el gobierno Batlle, que hasta publicó un libro son sus posturas entre escépticas y negacionistas. Y son recordadas las dos amenazas del gobierno de J. Mujica por sacar a la Dirección de Medio Ambiente (DINAMA) del Ministerio del Ambiente.

Por todo esto hay mucha preocupación sobre el estado ambiental de planeta. En 2016 se volverá a romper el record en el alza de la temperatura media del planeta, y mientras tanto se repiten los eventos climáticos extremos, desde nuestros ciclones a la peor sequía que sufre California en el último milenio. La elección de Trump como presidente hace que sea todavía más difícil poder promover buenas políticas ambientales.