Desde siempre la elección de candidatos comunes en el Frente Amplio fue motivo de tensiones. Desde 1971. Antes teníamos la posibilidad de elegir a personalidades independientes, hoy es casi imposible. Desde la elección de Vázquez en 1989 y todas las subsiguientes supusieron diversos niveles de tensión. ¿Por qué?

Porque a diferencia de los partidos tradicionales donde los que deciden son muy pocos, en nuestro caso esto involucra a todos los partidos y grupos integrantes del FA y además a su estructura. Pero en los últimos tiempos y en particular en esta elección para la IMM la situación se ha precipitado. Ha causado serias y profundas tensiones.

No confundamos. Elegimos, logramos casi la unanimidad en el apoyo de Ana Olivera, tenemos una candidata que conoce perfectamente la estructura municipal y tiene una muy buena experiencia de gestión, es mujer – y eso hoy importa mucho, no sólo para las mujeres sino para toda la sociedad uruguaya y para la izquierda – y sabe armar equipos que nos representen a todos. Pero el resultado final no puede ocultar el proceso y sus fuertes tensiones.

Se revolvió en base al concepto de Seregni de que los caballos desbocados al llegar próximos a una barranca saben detener su loca carrera. Pero estuvimos muy próximos a que se desbarrancaran unos cuantos y si perseveramos por este camino vamos hacia el precipicio.

¿Por qué se logró resolverlo? Por dos grandes motivos: por un lado la fuerte y central definición unitaria de todas las fuerzas políticas y los propios precandidatos que una vez más logró prevalecer y por otro porque tenemos un estatuto que prevé con detalle todos los mecanismos. La carta de Carlos Varela en este sentido es un excelente ejemplo de anteponer cualquier interés sectorial o personal ante los objetivos colectivos.

No tengo que demostrar que en muchas oportunidades he criticado a la actual estructura formal y política del FA, incluso propuse la elección con voto directo del presidente del Frente Amplio, hoy con la misma fuerza digo que mucho peor sería que no tuviéramos ni normas ni estructura, que sólo funcionáramos como una coalición. Esa sería la seguridad de una implosión.

Este proceso ha dejado heridas, dolores, malhumores y una muy buena candidata. Pero no podemos entreverar, hay que analizar todo con seriedad y serenidad. Tampoco podemos perder de vista los grandes temas políticos de fondo.

Por ejemplo que la disputa sigue siendo con la derecha o con el centro derecha y que es imposible construir un país de primera, progresista y justo con una capital en manos de los adversarios del Frente Amplio. Así que ciertas reacciones primarias se olvidan que del otro lado está un proyecto político nacional claramente diverso del nuestro. No confundamos.

Los precandidatos elegidos en primera instancia sabían que era muy difícil, alcanzar los votos necesarios para que ellos fueran los candidatos únicos. ¿Por qué en el plenario del lunes todos votaron por unanimidad elegir un candidato único?

Porque todos tenían claro que había que imponerse algunos límites, el principal: no podíamos inaugurar nuevo gobierno de izquierda con una elección disputada, polémica y donde podían expresarse tensiones que perjudicaran el inicio del nuevo gobierno. Nadie dijo que era un tema de principios, porque todos sabían que los principios no pueden tener como límite el arroyo Carrasco o el Santa Lucia. Era y fue una cuestión política.

Por otro lado la izquierda siempre fue en Montevideo con un solo candidato y no nos fue nada mal.

¿Cuál es el origen de las tensiones y broncas? Se han creado situaciones políticas muy diferentes que no se ven reflejadas en las actuales estructuras. Tensiones entre los partidos y grupos que en definitiva expresan a todos los electores en determinados momentos. Aunque no son los dueños de los votos, tienen un peso muy importante en el FA que no siempre se refleja en la estructura. Tensiones con el pueblo frenteamplista que se expresa de las más diversas maneras. A través de las encuestas, es decir de la intención de voto en un determinado momento, a través de las redes que no forman parte de la estructura.

No podemos congratularnos con la gente que hizo un gran aporte extra orgánico a la campaña electoral, al ramblazo, el banderazo, etc., etc., y luego decirles que vuelvan tranquila y silenciosamente a sus casas. No sucederá, ya son actores políticos que hay que considerar. Otra cosa muy diferente es que alguien se considere el depositario de la voluntad del pueblo frenteamplista y que sus propuestas de por sí ya gozan de la divinidad popular. Son extremos, pero que si no se consideran en su complejidad generarán nuevas y fuertes tensiones.

Es imposible que ahora en medio de la enésima campaña electoral podamos abordar con seriedad y profundidad los cambios estructurales que reclama el Frente Amplio. No se puede hacer en medio de la discusión de candidatos, pero no puede esperar mucho más. Esta vez nos paramos al borde del barranco, pero las heridas quedaron y por eso hay que comenzar a trabajar con seriedad en esos cambios.

No podemos iniciar ahora ese debate porque tenemos que concentrarnos en los aspectos programáticos de la campaña, de los que estamos muy mal enterados y tenemos que hacernos oír sobre nuestros reclamos, propuestas y también críticas. No me gusta mucho la frase que los tres compañeros pronunciaron en alguna oportunidad “tenemos que lograr que los montevideanos se enamoren nuevamente de Montevideo”.

Yo – y creo que la mayoría de los vecinos de la “muy reconquistadora” la amamos y estamos orgullosos de esta ciudad y sus posibilidades, lo que tenemos es que darle un impulso muy fuerte, muy renovador y con una mirada muy ambiciosa y de medio y lago plazo, pero resolviendo con eficiencia y calidad los problemas concretos y diarios de la ciudad.

Otra cosa que siempre fracasará son las simplificaciones, las visiones conspirativas que quiere dividir y agrupar a la izquierda uruguaya de acuerdo a esquemas muy cómodos pero insuficientes. En el FA todo es siempre mucho más complejo.

La estructura tiene una de las llaves del cambio y se sabe que las estructuras tienen una natural tendencia a preservar su poder y sus funciones, pero la inmensa mayoría de las fuerzas del Frente Amplio tienen claro que estamos caminando por una cornisa. Y que no es una cornisa peligrosa a la hora de designar candidatos solamente, sino a la hora de acompañar la labor política del gobierno desde la fuerza política, de pensar y elaborar para el futuro, de renovar figuras e ideas.

No quiero agregarle una pizca de demagogia quiero: si cualquiera de las componentes de la ecuación política que forman el Frente Amplio hoy quiere imponerse a los demás seguramente verá fracasar sus objetivos y pondrá en peligro los objetivos de todos. Como decía León Felipe, el asunto no es llegar sólo y primero, sino todos juntos y a tiempo.