Elon Musk anunció que SpaceX prevé realizar a mediados de marzo la primera prueba de vuelo del Starship V3, la versión mejorada de su colosal cohete reutilizable. El lanzamiento será clave para validar una serie de mejoras técnicas que permitirán ampliar su capacidad de carga y habilitar misiones espaciales más ambiciosas, incluida la llegada a Marte.
El V3 ha sido rediseñado con mayor potencia y volumen, especialmente para transportar los nuevos satélites Starlink de segunda generación, más grandes y capaces de transmitir datos a mayor velocidad. Además, será la primera versión equipada para acoplamientos orbitales, una funcionalidad esencial para vuelos de larga distancia, como los planeados hacia la Luna y el planeta rojo.
El desarrollo ocurre en un contexto político y económico complejo: SpaceX se prepara para una posible salida a bolsa a fines de 2026, mientras afronta presiones del gobierno de Donald Trump, que ha priorizado el regreso de astronautas estadounidenses a la superficie lunar antes del fin de su segundo mandato. Starship ha sido seleccionada por la NASA como vehículo clave para cumplir este objetivo bajo el programa Artemis.
Retrasos técnicos y competencia creciente
Pese a los avances, la evolución de Starship no ha estado exenta de obstáculos. En noviembre de 2025, una explosión durante pruebas de presión en la etapa de refuerzo del cohete destruyó un lateral completo de la estructura. La empresa no ha ofrecido detalles completos del incidente.
Esta tercera versión llega tras una V2 con resultados dispares: aunque logró alcanzar la órbita y recuperar etapas de propulsión, también sufrió explosiones durante pruebas terrestres, en parte atribuibles al enfoque iterativo y de alto riesgo de la empresa.
Al mismo tiempo, la competencia se intensifica. Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos, lanzó en 2025 su propio megacohete, New Glenn, logrando su primer aterrizaje exitoso de refuerzo y enviando una carga comercial de la NASA. Con un nuevo lanzamiento previsto para febrero y el desarrollo de una versión más grande del vehículo, la empresa busca disputar parte del liderazgo de SpaceX en el mercado global de lanzamientos.
América Latina en el mapa espacial
Aunque las pruebas de Starship se realizan en Estados Unidos, las implicancias son globales. América Latina, que mantiene acuerdos con empresas como SpaceX para el lanzamiento de satélites y proyectos de conectividad vía Starlink, podría verse beneficiada si esta nueva generación tecnológica permite reducir costos y ampliar cobertura. Países como Brasil, México, Colombia y Argentina ya figuran entre los usuarios del servicio satelital de Musk, y su expansión dependerá de la eficiencia y escalabilidad de lanzamientos como el de marzo.
El desenlace de esta fase de pruebas será clave no solo para el futuro del programa lunar estadounidense, sino para la configuración del ecosistema espacial mundial en los próximos años.