Nada es eterno, ni siquiera el universo. Durante mucho tiempo, los cosmólogos creyeron que el cosmos era una fábrica inagotable de estrellas. Sin embargo, nuevas observaciones han mostrado que la formación estelar alcanzó su punto máximo hace miles de millones de años y desde entonces ha ido disminuyendo de manera sostenida. No habrá un apagón repentino, sino un declive lento en el nacimiento de nuevas estrellas y en el brillo del universo.
Telescopios en órbita y observatorios terrestres, como el Hubble y el James Webb, aportaron evidencia de este enfriamiento irreversible. Midiendo la tasa de formación estelar en galaxias lejanas, los astrónomos detectaron un descenso claro y constante. Los resultados coinciden con simulaciones cosmológicas que incluyen materia y energía oscura, mostrando que el fenómeno no es local, sino universal.
Cómo nacen y mueren las estrellas
Las estrellas nacen en nebulosas, enormes nubes de gas y polvo. La gravedad comprime el material hasta formar una protoestrella, y cuando su núcleo alcanza millones de grados, comienza la fusión nuclear: el hidrógeno se convierte en helio y se libera energía en forma de luz y calor. Así entra en la fase más estable de su vida, conocida como secuencia principal.
Según los astrónomos, alrededor del 90% de las estrellas del universo, incluido el Sol, se encuentra en esta etapa. Pero ninguna es eterna. Las estrellas pequeñas, como nuestro Sol, se apagan lentamente durante miles de millones de años. Las más masivas, con al menos ocho veces la masa solar, mueren de manera violenta en explosiones llamadas supernovas. Basados en la teoría de radiación de Stephen Hawking, los astrofísicos también plantean que enanas blancas y estrellas de neutrones perderían masa de manera cuántica, un oscurecimiento progresivo que ya estaría en marcha.
Un universo dominado por estrellas viejas
El pico de formación estelar ocurrió hace unos 10.000 millones de años, durante el llamado Mediodía Cósmico. Desde entonces, el ritmo de nacimiento de nuevas estrellas ha ido disminuyendo. “Vivimos en un universo dominado por estrellas viejas”, afirma David Sobral, autor principal de un estudio internacional citado por la BBC.
Galaxias espirales como la Vía Láctea reflejan esta transición: sus brazos, antes llenos de cúmulos jóvenes y brillantes, muestran ahora poblaciones envejecidas. Estudios espectroscópicos revelan que la tasa de creación estelar actual es varias veces menor que en el pasado, una tendencia compartida por la mayoría de las galaxias cercanas.
Factores que frenan la formación estelar
La expansión acelerada del universo ha jugado un papel decisivo. Al alejarse las galaxias, el gas interestelar pierde densidad y capacidad de enfriamiento, impidiendo que la gravedad condense el material suficiente para formar nuevas estrellas. La energía oscura, hipotética pero ampliamente estudiada, acelera esta expansión, aislando regiones que antes compartían gas y reduciendo las fusiones galácticas, procesos que en el pasado impulsaban la formación estelar.
Además, la retroalimentación estelar contribuye a frenar la creación de estrellas. Las estrellas masivas emiten radiación intensa y vientos poderosos que calientan el gas circundante; cuando explotan como supernovas, expulsan energía que desalojan material de las zonas activas. Las galaxias elípticas muestran este efecto al extremo: consumieron la mayor parte de su gas en fases tempranas, y hoy solo albergan estrellas antiguas y rojizas.
Menos supernovas significa menor producción de elementos pesados, como hierro, silicio y oxígeno, esenciales para formar planetas rocosos. Nuestro Sistema Solar se formó cuando la “fábrica química” del universo aún estaba activa; en un cosmos más envejecido, la creación de mundos sólidos será cada vez más rara.
El destino final del cosmos
Con menos estrellas activas, la energía disponible para calentar el entorno disminuye, acercando al universo a un estado frío y uniforme, conocido como muerte térmica o Gran Helada. Este proceso no ocurre de golpe, sino como un apagado gradual de la energía cósmica. Sin embargo, algunas galaxias enanas todavía conservan gas suficiente para formar estrellas de manera intermitente, y regiones activas de la Vía Láctea, como la nebulosa de Orión, siguen generando astros, aunque a un ritmo menor.
Esto no significa que todas las luces del universo vayan a extinguirse. Según las estimaciones, existen al menos 10²4 estrellas, un número con 24 ceros. Con 13.800 millones de años de historia, el cosmos encendió sus astros más antiguos poco después del Big Bang, y desde entonces, esa “fábrica” estelar ha ido reduciendo su ritmo de producción.
El universo no se apaga por falta de materia, sino porque sus reglas físicas evolucionan. La reducción de nuevos nacimientos estelares marca el paso hacia una era dominada por restos antiguos y expansión acelerada. Comprender este proceso sitúa a la humanidad dentro de una historia cósmica más amplia, donde incluso la luz tiene su propio calendario.