El avance de la movilidad eléctrica a nivel global está fuertemente impulsado por China, que desde hace años apuesta de forma decidida por esta tecnología, independientemente de las políticas que adopten otros países.
En ese contexto, uno de los principales focos de desarrollo es la reducción de los tiempos de recarga, un factor clave para la adopción masiva de los vehículos eléctricos. En las últimas semanas, las principales compañías del sector han presentado avances significativos en este aspecto.
Empresas chinas como CATL y BYD lideran la competencia por mejorar el rendimiento de las baterías. En marzo, BYD anunció una nueva generación de su batería Blade junto a un sistema de carga capaz de llevar el nivel de batería del 10% al 70% en aproximadamente cinco minutos y del 10% al 97% en nueve minutos, acercando los tiempos de recarga a los de un repostaje tradicional.
Sin embargo, pocos días después, CATL presentó una mejora aún más significativa. Su nueva batería Shenxing permite cargar del 10% al 98% en 6 minutos y 27 segundos. Según consigna la web especializada Movilidad Eléctrica, este logro posiciona al dispositivo como como la solución de carga más rápida disponible actualmente.
Este avance se basa en una evolución de las baterías de litio-ferrofosfato (LFP), que, si bien históricamente ofrecían menor densidad energética y tiempos de carga más largos que otras tecnologías, destacan por su menor costo, mayor seguridad y durabilidad. Según la compañía, el uso de un electrolito de alta conductividad y un rediseño de los electrodos permite acelerar el movimiento de los iones de litio y superar esas limitaciones.
Además de la velocidad, la batería mostró un desempeño destacado en condiciones extremas. Durante las pruebas, logró cargarse del 20% al 98% en nueve minutos a temperaturas de hasta -30 °C, un aspecto relevante para mercados con climas fríos.
Pese a estos avances, la adopción masiva de esta tecnología enfrenta un desafío en la infraestructura. Para aprovechar estos tiempos de carga, se requieren estaciones de ultra-alta potencia —superiores a 400 o 600 kW—, mientras que la mayoría de los puntos actuales operan en torno a los 150 kW.
Se prevé que China sea el primer mercado en implementar estas soluciones a gran escala, con una expansión progresiva hacia otras regiones. Aunque la tecnología ya permite tiempos de recarga comparables a los de los combustibles fósiles, su despliegue dependerá de las inversiones en infraestructura por parte de gobiernos y fabricantes.