Por Pedro Dutour

La yerba mate forma parte de la vida cotidiana uruguaya, pero la planta que sostiene esa costumbre no se produce comercialmente en el país. Nuestra yerba no es nuestra estrictamente hablando, al plantarse y producirse en Brasil, aunque, eso sí, con corte uruguayo. Como nos gusta.  

De cualquier modo, en las sierras de Maldonado, un proyecto busca modificar parte de esa historia desde otro punto de partida: conservar las poblaciones nativas, estudiar su genética y desarrollar experiencias de producción a pequeña escala.

Mauricio Silvera es el impulsor de Iporá, un proyecto que comenzó a desarrollar entre 2012 y 2013 en la zona de Aiguá, con trabajos vinculados a la conservación, la reproducción de flora nativa y la educación ambiental. Con el tiempo, esa iniciativa incorporó actividades de ecoturismo, reconocimiento de especies, avistamiento de aves y programas de restauración y conservación.

El proyecto se desarrolla en Aiguá, departamento de Maldonado.

El proyecto se desarrolla en Aiguá, departamento de Maldonado.

Es así que la yerba mate adquirió un lugar propio dentro de ese trabajo. En 2017, Silvera decidió ampliar la propuesta y desarrollar el programa +Yerba, a partir de una particularidad del territorio, la de la presencia de poblaciones silvestres de yerba mate en los bosques de quebrada y serranos de Maldonado.

“En las sierras de Maldonado, Aiguá, al norte del departamento, hay poblaciones de yerba mate nativas”, dijo Silvera a Montevideo Portal. Agregó que también existen ejemplares nativos en otras zonas del país, pero la presencia de la especie en su entorno natural abrió una posibilidad concreta para investigar su reproducción y promover su conocimiento.

Primero, educación

El primer paso no apuntó a lo comercial. Silvera y su equipo detectaron una carencia de información sobre la yerba mate como especie nativa y sobre su importancia dentro de los ecosistemas. Antes de plantear una producción de mayor escala, optaron por trabajar en educación y divulgación.

Desde entonces, +Yerba organiza visitas a yerbales, actividades de secado artesanal y charlas sobre la historia y la cultura de la planta. Parte de ese conocimiento proviene del vínculo con comunidades guaraníes y de sus formas tradicionales de procesamiento.

Aiguá, Maldonado.

Aiguá, Maldonado.

“La yerba mate es una especie muy difícil de reproducir y cultivar”, sostuvo Silvera. La semilla puede demorar entre nueve meses y un año en germinar, y el cuidado posterior también requiere condiciones específicas. Por eso, en Iporá suelen referirse a ella como “la vedette del monte”.

La especie es la misma que se consume en Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay: ilex paraguariensis. La particularidad del territorio uruguayo está en su variabilidad genética. Silvera asegura que el país posee una genética local diferenciada de la existente en la franja de Misiones, el sur de Brasil y la región del Paraná.

“Tenemos lo que se llama genética local, o variabilidad genética”, afirmó. A su juicio, esa condición tiene relevancia científica porque Uruguay constituye el extremo más austral de distribución natural de la especie. Dentro del territorio nacional, además, se han identificado al menos cinco variaciones asociadas a diferencias de clima, suelo, geografía y geología.

Humedad y relieve

La conservación de esas poblaciones es, para Silvera, el punto de partida. Las plantas aparecen en sectores de quebradas y zonas con condiciones particulares de humedad y relieve, desde Aiguá y otras áreas de Maldonado hasta Lavalleja, Rocha, Tacuarembó y Rivera.

“Es conservar esos bosques, esos relictos de poblaciones de yerba mate que quedan en Uruguay, que son muy focales y muy acotados”, remarcó. La preservación de esos ejemplares nativos permitiría mantener la diversidad genética sobre la que podrían desarrollarse futuras experiencias productivas.

La producción ya forma parte de los planes de +Yerba, aunque con una lógica distinta de la explotación industrial. En una primera etapa, el material obtenido fue utilizado para investigar nuevos usos y desarrollar productos junto con una red de productores, productoras, marcas y emprendimientos.

La yerba, más allá del mate, presenta antecedentes de utilización en ámbitos alimenticios, cosméticos y medicinales. Esa diversidad de aplicaciones llevó al proyecto a explorar alternativas que no dependieran exclusivamente de la infusión tradicional.

Una labor en las sierras.

Una labor en las sierras.

En los últimos años comenzaron también algunos módulos de plantación con el objetivo específico de producir yerba para el consumo. La escala sigue siendo reducida y la propuesta mantiene su vínculo con la conservación y la producción familiar.

“Queremos promover una forma de producción más familiar, a pequeña escala, algo que pueda hacer cualquier persona, no algo industrial”, mencionó Silvera.

Con antecedentes

La iniciativa conlleva al mismo tiempo una historia de esfuerzos anteriores. Silvera se refirió entre sus referentes a José Puigdevall, Raúl Nin y la organización Pindó Azul de Quebrada de los Cuervos, vinculados durante décadas a la reproducción y producción de yerba mate en Uruguay. Nin, fallecido recientemente, representa uno de los productores que trabajó con reproducción de plantas en vivero.

El desarrollo de la yerba mate uruguaya enfrenta así dos desafíos simultáneos. Uno es técnico, por la dificultad de reproducir la especie. El otro es ambiental, porque cualquier proyecto productivo depende de conservar las poblaciones silvestres que constituyen su principal patrimonio genético.

La yerba mate.

La yerba mate.

Silvera llegó a Aiguá desde Montevideo hace algunas décadas y su vínculo con la zona estuvo asociado al paisaje serrano, y a la posibilidad de trabajar en proyectos relacionados con la naturaleza. Su formación, cuenta, no siguió un camino académico específico en estas disciplinas: se define como emprendedor y también como músico y cocinero.

“Cuando los hobbies y las pasiones se transforman en tu principal trabajo, para mí, en mente y espíritu, es un logro sustancial”, afirmó.