Mario Sabah y sus dos hijos, Matías e Ismael, se encuentran recorriendo el mundo a bordo de una Mehari (que ellos llaman "La Poderosa") desde hace tres años y medio y ya planean el regreso, previsto para los primeros meses de 2011.
En junio hicieron una parada obligada en Sudáfrica, para alentar a la selección durante el Mundial, y terminada la competencia futbolística, se les presentó la oportunidad de impulsar un negocio y dejar una huella charrúa en el país que fue escenario del renacer de la celeste.
Terminado el Mundial, los tres uruguayos comenzaron a pensar en el retorno, pero los trámites de importación de la camioneta hacia Sudamérica, la necesidad de hacer dinero para completar la última etapa del viaje y el trazado de la hoja de ruta los hizo recalar unos cuantos días en Rustenburgo, la ciudad en que la selección enfrentó a México.
Allí se hicieron amigos de Johan, un sudafricano que tenía en carpeta numerosos emprendimientos turísticos, de montar safaris, hostales y comercios en algunos puntos de la ciudad, pero que luchaba contra los tiempos y algunas trabas burocráticas propias del territorio sudafricano.
"Johan estaba luchando para que le firmen varios contratos para poder comenzar a trabajar, aquí en Rustenbugo la mayoría de las tierras son de antiguas y distintas tribus, gobernadas por reyes, por lo tanto son ellos los que firman los contratos de explotación de esas tierras. Son personajes muy poderosos y propietarios de las tierras donde se ubican el 70 % de las minas de platino del mundo. Las tierras donde Johan quiere levantar los hostales son hectáreas y hectáreas de tierra sin valor comparado a aquellas que tienen las millonarias minas de platino. Por lo tanto, esos contratos no son prioridad para los reyes tanto como los son para Johan, que hace tres años está luchando para que le otorguen esos contratos", contó a Montevideo Portal Matías Sabah.
Finalmente, le otorgaron permiso para la instalación de un cyber café en un centro de información turística de la ciudad, pero lo hicieron cuando el Mundial ya estaba terminado. "No logró los ingresos que esperaba y no tenía ni tiempo ni ganas de pensar en qué hacer con este negocio", comentó Matías.
Al conocer el terreno otorgado para instalar el cyber café, los uruguayos comenzaron a ayudar a Johan en la proyección de un negocio rentable y que explotara las bondades del predio.
"Nos encontramos con un parque con muchos árboles y mucha vida, pájaros de varios tipos, lagartijas de colores y diferentes tipos de árboles. En el terreno hay varias edificaciones con techo de quincho, separadas unas de otras. Cuenta con estacionamiento para 30 autos y el primer edificio es el centro de información turística de Rustenburgo, dentro hay bibliotecas con mapas e información turística, dos empleados municipales que trabajan para atender al público y se exhiben diferentes obras de arte de artistas locales. El local es bastante grande y está hecho a nuevo, cuenta con una cocina donde está ubicada una especie de cantina, totalmente equipada para un restaurante, pero inexplicablemente sin uso", relató.
Allí surgió la idea de "Resto Café", un local de comidas que ofreciera un servicio diferencial en lo que es el común de la oferta gastronómica local. "Nos dimos cuenta de que el servicio de los restaurantes no era muy bueno y que los tiempos de África no son los mismos que los de otros continentes. Concretamente aquí en Rustenburgo las cadenas de comidas rápidas se podrían comparar con el más lento servicio que se pueda encontrar en Uruguay. Decidimos hacer comidas nuestras y dar un servicio rápido", apuntó Matías.
El menú del restaurante incluyó algunos guiños locales y vinculados a la vida y experiencias de estos uruguayos. "Por ejemplo, mi abuela Coqui es un sándwich, varios amigos nuestros bautizan algunos otros platos, mi madre es una pasta y decidimos dejar reservado un tostado con mucho huevo para que recuerden la salvada de Suárez en el partido contra Ghana".
"Al principio no agradó la idea pero le dimos la opción a nuestros clientes sudafricanos de comerse a Suárez y hoy es el plato que más sale", comentó.
"Decidimos mantener los nombres a la uruguaya, por lo tanto las milanesas se llaman milangas y las papas fritas, se llaman fritas. Es muy divertido escuchar las órdenes cuando llegan a la cocina, como por ejemplo una "milanga with fritas" o una "milanga on the horse" (a caballo). Sudáfrica cuenta con todos los ingredientes necesarios para poder realizar nuestras comidas, por suerte no se siente la falta de nada", acotó.
A los lugareños les cuesta un poco entender que la persona que está cocinado los platos hace tres años y medio que está viajando "en ese auto azul con matrícula de Uruguay que está estacionado en la puerta", y que quien atiende las mesas es el hermano, que "el veterano de barba" es el padre y con ese mismo auto de fibra de vidrio han recorrido más de 40 países. "Los clientes que vienen, vuelven y nos felicitan por las comidas, muchas veces hay que explicar qué es cada cosa porque no logran entender los nombres, pero es muy divertido. Estamos aprendiendo la cultura sudafricana desde una cocina y es una experiencia inolvidable", expresó Matías.
La idea de los uruguayos es recalar unos meses en esa zona, hacer que el restaurante funcione y juntar dinero para volver al continente americano. "La Poderosa" ingresaría por barco a Argentina, y la travesía tendrá un último capítulo antes del regreso.
"Desde Buenos Aires la idea es recorrer toda la costa Atlántida hacia al sur, luego entrar en Chile y desde ahí cruzar hacia Antártida. Estamos buscando la posibilidad de conocer la base militar uruguaya, estamos trabajando en eso para poder hacerlo posible. Por lo tanto el plan es estar ingresando a Uruguay a fines de febrero por Salto o Paysandú. Luego recorrer los 18 departamentos para agradecer todo el apoyo que recibimos desde el interior. Por último finalizar nuestra larga travesía en nuestra capital y llegar a casa", señaló.
Con tres años y medio de viaje y un cuenta kilómetros abultado, los tres uruguayos se enfrentan al momento del retorno.
"Es un sentimiento extraño volver, es real que el cansancio y los deseos de llegar a casa son grandes pero por otro lado este viaje nos ha regalado innumerables experiencias y enseñazas. Un crecimiento interior incomparable. Seguramente vamos a extrañar ese vaivén tan particular que nos regala La Poderosa y sobre todas las cosas creo que vamos a extrañar tener tiempo, tiempo para conocer, tiempo para conversar, tiempo para querer entender este mundo en donde habitamos", reflexionó Matías.
"Nos vamos como muchas ideas en la cabeza y tenemos que saber controlar la ansiedad, porque viajamos a 60 km/h y desde Sudáfrica a casa nos separan varios kilómetros", concluyó.