Juan Matías Loiseau, el dibujante conocido como Tute, acaba de editar su primera novela gráfica: "Dios, el hombre, el amor y dos o tres cosas más", que explora lo absurdo de la existencia. En La Nación habló acerca de su oficio.
"Puedo prescindir de dibujar, pero jamás de contar historias, ya sea un poema, en una película, en una canción, o en una historieta. Necesito hacer algo con lo que observo, con los lugares insólitos donde me detengo, ya que uno empieza siempre por el mismo lugar: como observador".
Hijo de Caloi, su vocación fue heredada. "Siempre supe que iba a ser dibujante. Me encantaba lo que hacía mi viejo. Para mí, trabajar era dibujar, y yo veía el éxito que él tenía: todo el mundo le pedía un dibujo, todos lo querían".
"Él fue muy piola, nunca me enseño a dibujar, nunca dijo: 'esto está mal, se hace así'. Daba muchas libertades y arengaba: 'dale para adelante'. Y facilitaba las herramientas. Me forjó en un pensamiento positivo; todo era posible. Ése es hoy mi gran capital y así me muevo".
Agregó: "la inspiración puede asomar en cinco minutos, o podés estar peleando todo un día con una idea torpe. Pero el humor gráfico termina siendo mitad arte y mitad oficio. Si tenés que publicar en un diario, muchas veces tenés que apelar al oficio más que a la inspiración".
Cita a Borges y Freud como influencias. "La técnica del psicoanálisis está muy emparentada con el humor: dónde pone el ojo el observador, ese moverse en la periferia de lo que se dice... El humor juega con esos disfraces, también con la poesía y con la síntesis".
"Me encanta trabajar solo, pero necesito del contacto social. Tengo una parte volada con mucho arrojo y otra que pide tierra firme y seguridad. Y eso se repite en mi trabajo. Hay un Tute pensante, que necesita del silencio, como en las tiras diarias, y hay otro Tute lanzado al vacío, el de la novela y de los cuadros dominicales, que trabaja con el inconsciente, el gran motor del humor. Utilizo lo que los psicoanalistas llaman 'atención flotante': lo que se supone que hace el analista mientras el paciente habla, no presta atención a lo que se dice, sino a las asociaciones".