Vinculado a los canes casi desde su nacimiento, Andrés Peirano abandonó una promisoria carrera en la Fuerza Aérea luego de que sus experiencias en Congo le llevaran a volcarse por completo a su vocación por los perros.

Tal como lo relatara en diálogo con Montevideo Portal, el contacto con la violencia y la indefensión de los más débiles le llevó a concebir un proyecto único: entrenar perros callejeros como sistema de alerta temprana y protección de mujeres y niños. Estos animales podrían prestar un valioso servicio en lugares -como el mencionado país africano- donde la población civil está a menudo indefensa ante el accionar de grupos armados.

En la actualidad, Peirano ejerce como entrenador y da cursos de capacitación en la materia. También realiza tareas de apoyo emocional mediante perros entrenados, dirigidos a confortar a personas que han pasado por experiencias traumáticas, como el caso de quienes se ven afectados por inundaciones, algo tristemente frecuente en nuestro país.

En su nuevo artículo, Peirano aborda uno uso de las capacidades caninas que va más allá de los que todos conocemos.

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Se trata de una técnica de adiestramiento que está cambiando las investigaciones criminalistas en el mundo ya que nada se le escapa a la nariz de un perro.

La odorología forense es una técnica de investigación criminalista que se basa en unir a un sospechoso con una muestra de olor extraída de la escena de un crimen, esto significa que podemos situar a la persona en la escena del crimen y asegurar qué objetos tocó, como por ejemplo un arma.

Si bien hoy en día está teniendo un gran impacto a nivel internacional, no es algo nuevo. Esta disciplina comenzó a empelarse en la antigua Unión Soviética, donde se realizaron los primeros experimentos y fue la antigua República Democrática Alemana la que los continúo en los años sesenta. En 1989 se instaló el primer laboratorio de odorología en Cuba.

Actualmente se utiliza en las investigaciones criminalistas en países como Holanda, Alemania y Hungría. Más allá de su creciente incorporación como prueba válida y legal en varios países, cada uno tiene enfoques y aplicaciones diferentes dependiendo de su legislación, tratándose de una técnica en desarrollo.

El funcionamiento es el siguiente: el forense extrae muestras de olor de la escena del crimen y el hocico de un perro entrenado para tal fin asocia esa muestra con otra, extraída de un sospechoso, pudiendo diferenciar ese olor personal en un grupo de muestras diferentes extraídas de diferentes personas. Esto es una prueba con mucho peso a la hora de ubicar a una persona en la escena del crimen y, en conjunto con otros elementos probatorios, reduce el margen de error al mínimo, yo diría a cero.

En lo personal conocí esta técnica de la mano de mi amigo y profesor Marcos Fernández, un gran profesional del mundo del perro, a quien podemos ver en el video junto a su perro Teo y su equipo de ETOCAN, su escuela ubicada en Barcelona, España.

Sin lugar a dudas es una técnica que vale la pena desarrollar, y lo mejor de todo es que podemos demostrar con el perro entrenado, así como lo hace Marcos, su efectividad.

¿Hasta dónde quieren llegar con su perro? Es una pregunta que hago muy a menudo, aunque ya que sé que el límite nunca está en el perro: el límite es la imaginación.


Andrés Peirano

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