Luana Machado, de 23 años, recorre cada día los pasillos del Hospital Infantil y Materno Infantil de Vila Velha, en el estado brasileño de Espírito Santo.  Esa rutina es nueva en su vida, y se cumple desde que ingresó a trabajar como pasante en la farmacia de ese centro de salud.

Sin embargo, no es la primera vez que su vida está ligada a ese edificio: allí fue llevada 14 horas después de nacer, cuando estuvo a punto de perder la vida apenas al comienzo.

Luana nació prematuramente a los seis meses de gestación en la localidad São Mateus, al norte de Espírito Santo, y fue trasladada a Vila Velha debido a su delicado estado. En sus primeros días de vida requirió ventilación mecánica y monitoreo intensivo por parte del equipo médico.

Ahora, desde “el otro lado del mostrador”, la joven no oculta la emoción que le produce su nueva tarea. "Es una experiencia muy emotiva trabajar junto a quienes tanto me ayudaron", dijo la joven en declaraciones al programa Bom Dia Espírito Santo, del canal local TV Gazeta.

Vanusa Guasti, actual subdirectora de la maternidad del hospital, ya trabajaba allí cuando la niña ingresó. Recuerda que la atención debía ser rápida y minuciosa desde el momento de su llegada.

Según Vanusa, Luana sufrió un paro cardiorrespiratorio durante su hospitalización. "Gracias a Dios logramos sacarla de aquí sana y salva", dijo la doctora al citado programa.

Tras recibir el alta del hospital, Luana fue acogida en un hogar de acogida, ya que su familia biológica no podía hacerse cargo de ella en ese momento.

Fue en el albergue donde conoció a Luci Machado de Oliveira, una empleada de la institución que más tarde se convertiría en su madre adoptiva.

Luci siempre recuerda que la conexión entre ambas surgió desde los primeros encuentros. "Me dedicó una pequeña sonrisa y su mirada parecía decirme algo", dijo.

Con el paso del tiempo, Luci inició el proceso de adopción. Según ella, la decisión surgió de la certeza de que quería construir una vida junto a la niña.

"Mi hija es un regalo de Dios. Y estoy segura de que ella es un regalo de Dios para mí, y yo para ella", dijo.

Hoy, ya adulta, Luana sigue de cerca la rutina hospitalaria desde el departamento de farmacia, y considera que el sanatorio es para ella “un lugar de memoria y trabajo a la vez”.

Asimismo, destaca la importancia de su madre adoptiva en su vida.

“Si no fuera por su fortaleza como mujer, como madre, no estaría aquí. Ella fue mi pilar”, aseguró.