Martín Jorge tenía 14 años cuando la música entró en su vida para siempre. Más precisamente, la ópera. Recuerda ese momento con una precisión casi cinematográfica: la disposición de la sala, la forma en que se levantaba el telón, el sonido de la orquesta afinando. Fue en el Teatro Solís, adonde su abuela lo llevó a ver Carmen. Lo que pasó esa noche todavía lo emociona.
“Yo no daba crédito. La música en vivo, ver a la gente tocar, ver la historia ahí adelante... quedé totalmente impactado”, recuerda en conversación con Montevideo Portal.
La función duró cerca de cuatro horas, pero, para él, en cierto sentido, sigue durando. La memoria de esa noche permanece intacta, y puede reconstruirla sin esfuerzo. “Me acuerdo perfectamente. Si fuera pintor, te la dibujaría escena por escena. Me fui en el ómnibus con las melodías en la cabeza. Dormí con eso, me levanté con eso”, recuerda.
Al día siguiente, pasó algo que entonces parecía una intuición y con el tiempo se volvió un destino. En el liceo había una guía de carreras universitarias. Jorge la miró casi por casualidad y encontró algo que hasta ese momento ni siquiera sabía que existía.
“Escuela Universitaria de Música: Dirección Coral, Dirección Orquestal. Y dije: ‘Yo quiero hacer esto. Yo quiero ser como el señor que estaba ahí dirigiendo’”. Ese director era Federico García Vigil, quien años más tarde se convertiría en su maestro. Con el tiempo, Jorge también llegaría a dirigir numerosas orquestas hasta asumir como director general y artístico del Teatro Solís.
Martín Jorge. Foto: Gabriel Adda, cedida a Montevideo Portal
Esa experiencia, dice hoy, fue fundacional. No solo porque lo llevó a elegir un camino profesional, sino porque le mostró algo que todavía hoy considera esencial para el teatro. “Para mí, lo importante de venir a un teatro es conmoverte. A mí me cambió la vida para siempre. Y yo quiero que la gente pueda vivir eso mismo acá”, expresa.
Desde mediados de 2025 dirige el Solís y ese recuerdo funciona como una especie de brújula para pensar el teatro. Esa idea atraviesa también la temporada 2026, presentada recientemente en el marco de los 170 años del teatro. Más que una suma de espectáculos, Jorge la define como una programación que intenta dialogar con la historia del edificio, la memoria y, al mismo tiempo, abrir nuevas lecturas sobre el presente.
“Cada propuesta intenta provocar algo. Algunas van a gustar más, otras menos; algunas incluso pueden incomodar. Pero no se trata de incomodar por incomodar: son miradas distintas sobre quiénes somos”, expresa.
Pensar una temporada para el Solís implica, en realidad, pensar un ecosistema cultural complejo. Allí conviven los distintos elencos: la Comedia Nacional, la Banda Sinfónica de Montevideo y la Orquesta Filarmónica de Montevideo con producciones propias, ciclos internacionales y una programación que mantiene al teatro en actividad prácticamente todos los días. Para esta temporada, habrá más de 350 funciones y 900 artistas, con más de 200 noches de teatro.
“Si mirás teatros de estas características en Europa o en América Latina, a veces tienen dos o tres funciones por semana. Acá podemos tener casi diez entre las distintas salas. Es una inversión pública fuerte, sí, pero que genera contenidos todo el tiempo y, en la mayoría de los casos, con precios accesibles”, explica.
Foto: cedida a Montevideo Portal
Dentro de ese entramado, uno de los ejes fuertes de la temporada será el regreso de una programación lírica sostenida durante el año. Las funciones comenzarán en mayo y se extenderán hasta diciembre, recuperando una tradición histórica del Solís.
Para Jorge, la ópera tiene una particularidad que la vuelve una experiencia difícil de reemplazar. “La ópera es un espectáculo tan rico y tan complejo que no es solo lo que pasa en el escenario. El espectáculo empieza cuando cruzás la puerta del teatro. Entrás al hall, ves la sala, te sentás, todo eso forma parte del viaje. Y también importa cómo te vas”, dice.
La temporada se abrirá con Fidelio, la única ópera de Beethoven. Jorge suele resumirla con una frase que repite casi como una convicción personal: “Beethoven hace bien para la salud”.
Ambientada durante la Revolución Francesa, la obra cuenta la historia de un preso político que está a punto de ser asesinado y de la mujer que, convencida de que se encuentra en esa prisión, decide infiltrarse disfrazada de hombre para rescatarlo.
“Es una historia simple, pero muy profunda, muy dura también. Beethoven la escribió hace más de dos siglos y, sin embargo, sigue dialogando con preguntas que las sociedades se hacen hoy”, señala el director. Para él, allí aparece una de las claves del teatro lírico: la partitura permanece intacta, pero cada puesta vuelve a contar la obra desde una mirada nueva.
Foto: cedida a Montevideo Portal
“La música está escrita y nosotros no la tocamos. Pero para que la ópera exista, necesitás intérpretes y necesitás una escena. El director de escena, el director de orquesta, todos van imprimiendo una lectura. Y en esa intervención aparece algo único”, explica con un entusiasmo que mantiene durante toda la entrevista al referirse a cada propuesta artística de la temporada.
Esa idea de diálogo entre lenguajes atraviesa buena parte de la programación del año. Uno de los proyectos centrales girará en torno a La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, cuyo asesinato cumple 90 años en 2026.
El Solís decidió abordar la obra desde dos registros distintos: primero como montaje teatral de la Comedia Nacional y luego como versión operística basada en la misma historia. Ambas estarán dirigidas por Amelia Ochandiano, aunque con una consigna clara.
“Le pedimos algo muy particular: que no haga la misma obra cantada. Queremos dos lecturas distintas, dos formas de contar la misma historia para mostrar justamente cómo cambia cuando el lenguaje es el teatro o cuando es la ópera”, cuenta Jorge.
A ese repertorio se suma un tercer título muy particular: una nueva ópera de cámara basada en Él, de las tinieblas a la luz, la novela de la escritora canaria Mercedes Pinto. La autora vivió varios años en Uruguay y tuvo una participación activa en la vida cultural y política del país durante la primera mitad del siglo XX. La obra será compuesta por la española Laura Vega y dirigida escénicamente por Rita Cosentino.
Foto: cedida a Montevideo Portal
La temporada lírica se completará con El dúo de La Africana, una zarzuela de Manuel Fernández Caballero que parodia la ópera L’Africaine del compositor alemán Giacomo Meyerbeer, uno de los 11 nombres escritos en el techo del Solís. La historia sigue a una compañía que intenta montar una gran producción sin dinero, sin orquesta y casi sin escenografía. “Es una mirada muy divertida sobre el mundo teatral”, resume Jorge.
A esa dinámica se suma la presencia de la artista residente de la temporada: la bailarina contemporánea y coreógrafa Andrea Arobba, que trabajará durante todo el año desarrollando intervenciones escénicas en distintas producciones del teatro, y quien hizo recientemente su debut en la obra Madres, la primera del ciclo Ellas que está cumpliendo una década en la sala Delmira Agustini.
“La idea es que no sea solamente venir, hacer una obra e irse. La residencia permite investigar, cruzar disciplinas, participar en distintas puestas. También es una forma de que el teatro dialogue con los artistas de otra manera”, explica Jorge.
Entre las grandes producciones del año, aparecerá también Antígona, el clásico de Sófocles, en una versión de la Comedia Nacional dirigida por el director español Miguel del Arco.
Jorge describe el montaje como una de las propuestas escénicas más ambiciosas de la temporada. “Es una producción de gran formato. Hay una escenografía gigantesca que ocupa todo el escenario. Son de esas cosas que no las vas a poder ver en otro lugar”, explica.
Foto: cedida a Montevideo Portal
Pero ese mismo escenario puede transformarse completamente de un día para el otro. “Un día vas a ver ese disco gigante de Antígona ocupando todo el escenario. Al otro día volvés y esa escenografía ya no está, pero el escenario está lleno con los planetas de la Orquesta Filarmónica de Montevideo y 120 músicos en escena. Se te va a volar el pelo en ese concierto”, detalla.
Y la transformación puede continuar. “Después volvés otro día y te encontrás con Numa Moraes y Eduardo Fernández sentados solos con dos guitarras en el escenario. Y vamos a buscar que el impacto sea el mismo”, agrega. Lo mismo ocurrirá con otros artistas como Maia Castro, Mónica Navarro, Washington y Cristina Fernández, entre otros.
Para Jorge, esa capacidad de mutar constantemente forma parte del ADN del Solís. “No es solo acumulación de espectáculos: es ese diálogo entre propuestas, ese engranaje de piezas que se pueden mover. Para mí, por eso el teatro es único”, destaca con convicción.
La temporada también incluirá propuestas de algunos de los creadores escénicos uruguayos con mayor proyección internacional. Entre ellos estará el dramaturgo y director Sergio Blanco, que presentará El síndrome de Stendhal y Kassandra como parte del ciclo de otoño en la Sala Zavala Muniz. También habrá una propuesta completa y atractiva para las infancias, principalmente durante las vacaciones de julio.
Foto: cedida a Montevideo Portal
En paralelo, el Solís continuará desarrollando distintos ciclos musicales que buscan generar nuevas experiencias para el público, muchas veces en formatos más íntimos, como el ciclo de piano.
A ese programa se suma un ciclo de música de cámara en la Sala Zavala Muniz, pensado para un formato cercano, de unas 120 personas. “La música de cámara tiene algo especial: no es masiva, requiere intimidad, cierto contacto. Podés escuchar un cuarteto de cuerdas, un quinteto de maderas, un ensamble de bandoneones o un recital de canto y piano prácticamente a pocos metros”, explica el director del Solís.
También se incorporará un ciclo dedicado a la música coral, un espacio que prácticamente no tenía presencia estable en la programación local. La apertura estará a cargo del coro De Profundis, dirigido por Cristina García Banegas, y a lo largo del año se realizarán cinco conciertos en pequeño formato.
“Hay un público que busca ese tipo de experiencias. Gente que quiere venir un domingo a las seis de la tarde, escuchar música en un formato cercano, a un precio accesible. Y el teatro también tiene que poder ofrecer eso”, afirma Jorge.
Foto: cedida a Montevideo Portal
Más allá de los títulos concretos, el director insiste en que hay algo difícil de explicar únicamente con programación o números. “Hay una parte intangible: lo que académicamente se llama el capital simbólico del teatro”, expresa.
Ese peso histórico —el mismo que permitió que el edificio sobreviviera a proyectos de demolición o a crisis económicas, como en 2002— sigue presente cada noche de función. “Vos entrás acá y hay decenas de personas trabajando, con ganas de que pase algo mágico en el escenario”, dice Jorge.
Su propia experiencia —la de un adolescente descubriendo la potencia de la música en vivo— sigue siendo hoy la forma en que piensa el teatro. “Yo quiero que el público venga al Solís y salga con algo adentro que no tenía cuando entró”, concluye.