Si bien el gramajo surgió en Buenos Aires a mediados de la década de 1930 -luego de una anécdota inaugural en París- desembarcó en Montevideo a fines de los 60, gracias a una charla casual entre Gustavo Ibarra, entonces planchero del bar Luzón, y el periodista Ramón Mérica.

Tiempo después, Ibarra se convirtió en propietario del restaurante El Lobizón, una leyenda de la vida nocturna montevideana durante décadas. Sin embargo, años más tarde sus negocios y su salud empeoraron, y una de sus últimas ocupaciones fue nuevamente detrás del mostrador del Luzón, restaurante que tuvo una reciente y breve reapertura.

Ibarra falleció el sábado, y fue despedido con tristeza por varias figuras de la cultura

Recordamos la entrevista que le hiciéramos el año pasado, cuando volvió a preparar su especialidad en las hornallas del establecimiento donde debutara.