Contenido creado por Manuel Serra
Cultura

Poner la sangre en la sal

Entre el balneario y el butiá, Nicolás Molina reivindica la “nostalgia” de la querencia

El músico castillense, que vive a caballo entre Montevideo y el Paso del Bañado, vuelve a los escenario añorando “lo que fue y ya no será".

24.09.2019 10:37

Lectura: 17'

2019-09-24T10:37:00-03:00
Compartir en

Por Manuel Serra

El de Nicolás Molina es un hecho curioso: nacido en Rocha, criado en Castillos, también vivió muchos años en España y es un asiduo de Estados Unidos. Puede estar trabajando en una panadería de pueblo del interior o en un estudio de grabación en Tucson. O puede estar también tocando en un festival multitudinario en Brasil como para ocho personas en un bar de la plaza de Castillos. Y todo con la misma naturalidad: son como las diferentes capas de un camaleón que se va adaptando a diferentes ambientes. O en realidad no: porque es claro con eso, no deja nunca de ser él mismo.

"El problema, creo, es cuando las personas se cambian dependiendo el lugar dónde están", explica el músico, que hoy vive a caballo - literal y figuradamente - entre su casa de familia en el barrio de Pocitos y el Paso del Bañado, ese paraje hermoso a las afueras de Castillos y al que se llega por el mítico Camino del Indio, donde trabaja el campo.

A casi cuatro años de la salida de El Folk de la Frontera (2016), su último disco con Molina y los Cósmicos, el grupo con el que saltó a la fama y logró reconocimientos coronados por los premios Graffiti de 2016 - y no en folklore, como suele pasar con los conjuntos del interior -, lanzó su esperado disco como solista, al que fermentó como una buena caña con butiá en un home studio en su casa en campaña. Con tiempo, pero de forma artesanal.

El resultado fue Querencia (2019), un trabajo que mantiene la línea "cósmica", por decirle de alguna manera, pero profundiza en ese sentimiento de nostalgia que atraviesa toda su obra. "Una nostalgia por algo que fue y ya no será", dice Nicolás, a la vez que no deja pasar la oportunidad de aclarar que, más allá de todo, está viviendo un buen momento. Y que, a diferencia de otros momentos, hoy sí le importa vivir. Y mucho.

Es que este salto solista - que dice una y otra vez que se dio "naturalmente" - se vio acompañado también de grandes cambios en su propia vida. Su mudanza parcial a Montevideo, la conformación de su familia y el nacimiento de su hija, que le movió la estantería. Y todo eso se siente en su música y en su propia vida, que muchas veces pueden ser dos caras de la misma moneda.

El 19 de octubre presenta Querencia en La Trastienda (Av. Daniel Fernández Crespo 1763), pero antes, en una mesa de De la ciudad, esa pizzería de culto que tiene Avenida Brasil y Brito del Pino, hablamos largo y tendido de todo este proceso que lo llevó a dejar atrás Molina y los Cósmicos, su salto solista, el fallecimiento de su padre, el poder del pueblo en su música, los estigmas con que carga y las dificultades que puede tener un músico del interior a causa de ese mal endémico que tiene este país, el centralismo.

*

Hace casi tres años y medio desde El folk de la frontera (2016), tu último disco con Molina y los Cósmicos. ¿Cómo viviste el proceso de separación de la banda? ¿Fue algo difícil?

En realidad, nunca lo viví como de dejar, sino como poner un stop. Quizá en el comienzo sí lo sentía como que estaba dejando atrás, y ahora, viéndolo hacia el pasado, con más distancia, me doy cuenta que no fue como dejar, sino como empezar otro momento.

Pero fue un proceso que se dio desde Molina y los Cósmicos y empezó mucho antes que esa época; fue en el 2015, cuando nosotros estábamos tocando demasiado para lo que puede tocar un músico amateur, que se toma la música con seriedad, pero sin vivir de ella profesionalmente. Entonces, nos pasó de tener un momento muy bueno, en el que fuimos a tocar a Estados Unidos, hicimos una gira por Sao Paulo con siete fechas por centros culturales, tocamos en Belén en el Amazonas, en Niceto en Buenos Aires, tocamos por todos lados... Y todo eso pasó en un año y medio, estábamos mucho tiempo afuera y cuando nos quisimos dar cuenta a muchos de nosotros se nos estaba complicando para cumplir con nuestros verdaderos trabajos.

¿Y qué pasó? En el 2016 siguieron llamando y los músicos no podían ir porque tenían que ir a sus trabajos. Porque con eso que contaba que ser amateurs y no profesionales, lo que ganábamos no era lo suficiente para vivir de tocar. Se fueron complicando los jugadores y tuve que empezar a ir solo.

Ese proceso me ayudó a darme cuenta que el camino era tener algún tipo de modificación y poder presentar el proyecto estando yo solo. Tocando yo en lugares o con bandas locales, que es una cosa que se hace. Entonces fue un proceso natural...

Además de la conversión a solista, tu vida también vivió cambios considerables, como el nacimiento de tu hija o tu mudanza parcial a Montevideo. ¿Eso pensás que también influyó en este paso que diste?

Mira, cuando presenté el disco El folk de la frontera (2016) en La Trastienda ya sabía que era el último show o de los últimos. Y todo eso fue antes que naciera Julia, entonces creo que era parte de un proceso muy naturalmente. De hecho, tengo tremenda relación con todos y parte de los Cósmicos han tocado en Querencia (2019) y yo los ayudo en otros. Ahora, por ejemplo, Martín Méndez, el guitarrista, está preparando un disco solista y le voy a dar una mano con la grabación y producción. Por tanto, repito, fue muy natural esto y lo agradezco, porque son mis amigos.

Ya solista entonces, te mimetizaste naturalmente en el nuevo rol y sacaste "Querencia", un disco, que, de cierta forma, reivindica los orígenes. Incluso desde el nombre. ¿Sentís que tuviste la necesidad de dar ese mensaje a la gente o que en realidad era un mensaje que necesitabas para vos mismo?

Sí. Y también pesó eso de venirme a Montevideo. Uno cuando está lejos ve con otra óptica el lugar de donde es y siente de otra manera la necesidad de volver. Entonces, puede ser que todo eso haya ayudado a que el nombre del disco, por ejemplo, fuera ese. Pero más allá de eso, creo que, como era solista, también era una necesidad mía...

De hecho, el disco podría haber sido como Molina y los Cósmicos. Hubiese sido más fácil, ya que tenía otro ruedo y habría sido el tercer disco. Lo levantábamos más fácil. Pero eso: me parecía que era tan personal que necesitaba firmarlo con el nombre de mi cédula.

Además viviste lamentablemente el fallecimiento de tu padre, ¿cómo creés que te influyó?

En la vida me hizo mierda, era algo que no me esperaba. Y en el disco, creo que si lo escuchas, te das cuenta por sí solo, todo lo que me influyó a la hora de escribir...

También te iba a decir que, al escucharlo, da la impresión de que si bien sigue la línea de lo que era tu música, en este disco se da un exacerbamiento de la nostalgia. Se la siente más presente en todas sus atmósferas. Sin embargo, tampoco lo veo como un disco trágico. ¿Cómo le sentís vos?

Mira, cuando empecé a hacer el disco... primero que para mí no es un disco trágico. Creo que estás en lo correcto. Jamás me pondría en una postura de víctima. Aunque no deja de estar la tragedia presente, no es trágico, es un disco nostálgico. Esa es la definición. Hay una nostalgia por un momento, por algo que fue y ya no será.

Y también eso viene acompañado de todo: yo vivía solo en Aguas Dulces hace tres años y ahora no... ahora tengo que estar vivo porque quiero que mi hija tenga un padre. Cuando fui a mezclar "Querencia", nos volvíamos de Tucson y fui la primera vez que me agarró una turbulencia siendo padre y la sentí diferente a todas las otras que había vivido. En otro momento era ‘no te caigas, por favor' y ahora era ‘no te caigas, que quiero ver crecer a mi hija'.

Entonces, el disco es todo eso de la nostalgia de lo que fue y nunca volverá, pero eso no quiere decir que este momento no sea genial. Y "Querencia" es un disco que convive con eso: no solamente es el proceso de dejar la banda y dejar de estar tan presente en el lugar de donde soy, sino también una pérdida como la de mi padre y una pérdida quizá de mi vida como libre albedrío en la que si un día aparecía muerto en una favela del Chuy, estaba todo bien y no tenía tanto que perder. Y ahora no quiero que pase eso.

Tu música en cierta forma es como tu persona: viviste en diferentes ambientes, te movés en diferentes ambientes. Tenés diferentes capas. En este sentido, ¿cuánto pensás que tiene de pueblo, por Castillos, cuanto de balneario y cuánto de ciudad?

De pueblo tiene todo. De balneario también tiene todo, pero de balneario en invierno, que no es lo mismo que en verano. Y de ciudad tiene todo lo que necesito tener. Y con eso me refiero a que siempre tuve el control de cuánto tiempo quiero estar en una ciudad y cuánto en el lugar de mi querencia. Eso es una cosa que a la gente de la capital le cuesta un poco más entender, sobre todo los que no se mueven tanto en el interior, de lo bueno que es tener el control de cuándo querer rock o acción o de cuándo querer tranquilidad. La gente de pronto dice ‘pah, qué embole vivir en el interior' y yo agarro y digo ‘pah, qué embole vivir enchufado todo el tiempo acá'. Sin embargo, estando afuera, como dicen acá, cuando tienes ganas de enchufarte en esos 220, si obviamente tienes la posibilidad, está bueno poder hacerlo.

También por las circunstancias, estás frecuentando mucho el Paso del Bañado, otro ambiente, si se quiere, como es la campaña. ¿Pensás que es otro ambiente que se sumó a tu paleta de colores?

Bueno, yo grabé todo el disco en el Paso del Bañado, que era dónde vivía mi viejo. Lo grabé ahí, en su casa, después de que falleció. Entonces con eso te lo estoy diciendo todo...

¿Cómo fue esa experiencia de grabar caseramente y en campaña? Si bien siempre tuviste esa forma de grabar, te debe generar dificultades...

La ventaja es poder grabar a la hora que tú quieras, en el momento que tú quieras. Y no tener, como dicen, ese taxi, que van cayendo las fichas y sabes que cada hora es un determinado dinero. Pero hay una desventaja muy grande: cuando estás en tu casa te das cuenta que debes pintar una pared, salir a caballo a hacer un trabajo al campo o ir a Castillos a hacer un pago... o de repente un día tienes una lluvia de ruidos de grillo y entran por todos lados. Y entonces, eso que te parece tan fácil de grabar en un home studio está bueno, pero es complicado. Tiene sus ventajas y sus desventajas. Hoy si me preguntas te diría que el próximo disco me gustaría grabarlo en tremendo estudio (se ríe).

Igual, de cualquier forma, va también en consonancia con esto de "querencia". No puede haber una querencia más grande que grabar en esas circunstancias y en tu propio lugar...

Es así, pero sentí la necesidad de que el último proceso del disco, que es la mezcla... si bien ese es el mastering, pero creo que el último proceso super artístico de un disco es mezclarlo, que es la coexistencia de cada una de las pistas grabadas en volúmenes, ecualización y todo...

Sentí que debía mezclarlo lo más lejos posible. Para que cuando lo estuviese haciendo, me viniera ese sentimiento de "saudade", que dicen los brasileros y que es una palabra tan difícil de expresar en español. No es nostalgia, es otra cosa. Entonces, quería sentir esa "saudade" por mi querencia. Y necesitaba estar a 12000 kilómetros con un tipo que no hablaba mi idioma y tratando de sacarle lustre a eso, recordando cada momento.

Recordar cuando tuve que enchufar un cable al equipo de guitarra y llevarle tres metros para afuera de la casa y clavar una jabalina porque no tenía tierra y me metía ruido... o todo ese tipo de cosas que son difíciles de contar y te pasan a ti solo.

En Montevideo lograste un éxito considerable, pero siempre siendo reconocido como un artista rochense, sobre todo, castillense. Y, de hecho, hacés culto de ese origen. Pero ¿qué piensan en Castillos de ese éxito? Pienso en eso de que nadie es profeta en su tierra, ¿es tu caso?

Tú conoces gente de Castillos, deberías preguntarle a ellos cómo me ven (se ríe). En realidad, en Castillos lo que me pasa es que, por ejemplo, sale una nota, se comparte y te felicitan. Por ejemplo, cuando los Grafittis, que uno de los premios fue "mejor solista del año", recuerdo que ese día me tuve que volver porque tenía la panadería en esa época. Y al otro día estaba repartiendo pan por los supermercados. Me acuerdo una mujer que me dijo ‘qué bueno, ¿cuándo tocas?'. Todo el mundo me estaba felicitando. Esa semana de los Graffiti fue todo el mundo felicitándome en la calle. Era como si hubieses ganado el Uruguayo de fútbol (se ríe).

Pero otras veces he hecho conciertos y han ido ocho personas. Entonces, es todo un tema.
Igual, este año cambió un poco la cosa porque hicimos un toque en Bocha's Bar (N. de R: llamado también "La Cantina", un bar que está en la plaza de Castillos, abajo del Club Unión) y se llenó. Estuvo genial.

No sé entonces, porque como en todo pueblo chico está muy polarizado: hay gente que te quiere y hay gente que no te quiere. Pero, por suerte, yo me siento super querido en Castillos. Me siento super bien con todo eso.

¿Cómo llevás esa relación con el pueblo y cuánto te pesa la imagen distorsionada que tiene el país de lo que es? ¿Te hace enojar? ¿Es algo que ya tenés asumido? Hablo de ese estigma con el que a veces carga.

Me requemo. Hay todo un tema, porque hace poco salió una nota totalmente nefasta, que sacaron personas opinando y decían que los suicidios radicaban en una piedra magnética, que los perros no ladraban en la noche... Loco, si sos un medio medianamente serio, no puedes sacar eso. O sea, ¿de qué estamos hablando? Porque la gente lee y después sale a repetir.

Entonces esas cosas me queman, pero, a su vez, nosotros también jodemos con eso. Es como: no te metas con esto, pero nosotros también jugamos. Pero somos nosotros, somos de acá. Vivimos acá.

Es que en un momento, cuando dejaste los Cósmicos, hubo un atisbo de llamarse Molina y los Suicidas...

De hecho, se iba a llamar así y no se llamó así porque amigos míos me dijeron que le podía caer mal a la gente. Pero yo en particular, que he tenido varios casos en mi familia, hoy por hoy le pondría. Porque no era de un punto de vista peyorativo, sino como tomarle el pelo a la gente que tenía esa imagen de Castillos, pero, a su vez, teniendo presente que hay esa carga en el lugar.

Hay una cosa que digo que siempre cuando me preguntan que es el mejor resumen: me dicen ‘fui a Castillos y es un embole, está todo cerrado'. Pero para un poquito, ¿cuándo vas a Castillos tú? ¿El 6 de enero y cuando estás en Cabo Polonio? En esa época, le gente está trabajando o está en la playa. Entonces, invito a cualquier persona - de donde sea, de Lisboa, de Tel Aviv, de Munich - a que venga a Montevideo un viernes santo y lo saco a pasear. Y me van a decir ‘qué está pasando aquí, es una ciudad zombie' ‘Es Detroit en Uruguay'... Y claro, la gente conoce Castillos cuando hay menos gente, pero vas ahora y ruge de noche. Ojalá estuviera ahí ahora (se ríe).

La gente no lo sabe, pero Castillos tiene una escena musical muy desarrollada, con bandas como la Vaca del Fondo que tiene más de un disco grabado - y de la que incluso formaste parte - o el "Pindingo" Pereira...

Sí. Y La Vaca del Fondo, por ejemplo, que hay pocas bandas que suenen como ellos suenan en vivo, para empezar a hablar. Y hay pocos compositores e intérpretes como Nelson "Pindingo" Pereira. Está Hugo Araldi o el Dúo De tal palo también. Hay gente muy grosa... Y no solo esto, los gurises se mueven. Hay mucha cosa, mucha movida.

¿Pensás que hay mucho potencial en el interior que se pierde por el centralismo de este país?

Yo no me vine a Montevideo por una cuestión musical. A mí me benefició ser de Castillos. Siempre digo que si Molina y los Cósmicos con El Desencanto (2014) como banda de Palermo no le hubiese prestado atención absolutamente nadie. Creo que decir que era de Castillos fue una carta que siempre me jugó a favor.

Pero yo porque me moví de cierta manera. Siento que sí hay mucha falta y mucho centralismo. Tú ves los ciclos que hay de música y festivales y casi no tienen música del interior. Así como hay una problemática de las pocas mujeres que hay en los festivales, hay otra que es que Montevideo, con recursos estatales además, acapara. Por suerte hay gente como Lucas Sugo, Carlos Malo o el Chacho Ramos que se mueven, pero ta. Hay eso. Viste que en el ambiente del rock hay pocos...

Siento que es muy difícil para los músicos del interior, a nosotros nos jugó a favor pero somos un caso y supimos jugar las cartas. Pero eso: creo que es un huevo y que toda la industria de la música pasa por acá.

Te la hago más fácil: todos los festivales del interior se producen en Montevideo. Llevemos a un ejemplo concreto: la Semana de Rocha, que es nuestro festival más importante, se produce toda por una productora de Montevideo. Paysandú y muchos departamentos más lo mismo. Es como un poco loco eso.

Ya para terminar, ¿cuál es el próximo paso de Molina? ¿Dónde te ves en los próximos años?

El próximo paso que siento que necesito dar es empezar a tocar "Querencia". Es un disco que fue hecho para presentarse en diferentes lugares y formatos, entonces me es difícil ver más allá de lo que es la presentación en La Trastienda. Pero ya tengo confirmado cosas el año que viene: que vamos a estar en Austin, también el Festival Música de Rua en Brasil...

Pero también me veo como próximo paso, volviendo a recuperar todo lo que habíamos logrado con Molina y los Cósmicos

Y quiero verme con salud, siendo un buen padre y haciendo canciones y grabando discos. Y nada, eso: estando con los amigos, estando en Castillos, en Tucson mezclando de nuevo. Y de repente andando a caballo en el Paso del Bañado o en Aguas Dulces comprando una torta frita un día que llovió a mares. Eso para mí sería el ideal.

***

Fecha: 19/10

Hora: 21:00

Lugar: La Trastienda (Daniel Fernández Crespo 1763)

Por entradas, click aquí

Por Manuel Serra