Tabaré Leyton subirá al escenario de la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre, el próximo 6 de mayo, a las 21:00, para presentar Vivo por el tango (Bizarro), su trabajo discográfico de próxima aparición.

El disco, grabado en vivo en Buenos Aires y bajo la producción de Max Masri, es un compendio de tangos, milongas y tonadas camperas que Leyton paseó por tablas de Finlandia, Noruega, Dinamarca, Suecia, Francia, España y Argentina.

Tabaré Leyton estará acompañado por el dúo Los Fabricantes, integrado por Eduardo Vila en guitarrón y Carlos Gómez en guitarra, y las localidades ya están a la venta a través de Tickantel, tiendas Antel, Abitab, Redpagos, Tienda Inglesa y la boletería del Auditorio.

Antes de su show, le pedimos a Leyton que respondiera nuestra Metralleta de preguntas sobe opiniones, gustos e influencias, y el resultado puede leerse a continuación.

*


Tabaré Leyton, ¿Cantor o cantante?


Cantor.

 

¿Cuál es el concepto de Vivo por el tango?


Vivo por el tango es un disco unplugged que rescata el sonido que tenemos en vivo, el sonido que hemos llevado por diferentes lugares del mundo y que ha ido creciendo con nosotros en esta tarea de llevar la cultura y repartirla por diferentes pueblos para que sepan cómo somos y cómo sentimos.

 


¿Hay diferencias entre los públicos del Río de la Plata y de Europa? ¿Cuáles?


Sí, hay notorias diferencias entre el público del Río de La Plata y el europeo. El público europeo está muy interesado y ve a esta música un poco como étnica, y se siente realmente muy interesado de ver lo que pasa en el escenario, aunque no entienda las letras la mayor parte de veces. De alguna manera sienten la energía de nuestra cultura y les agrada. No hemos tenido jamás públicos hostiles en Europa ni nada que se parezca. La diferencia con el público de acá es que el público del Río de La Plata es sumamente entusiasta y expresivo, entonces lo que uno recibe en el escenario es absolutamente más estimulante que cuando se toca en Europa. Ambos públicos son interesantes y a ambos queremos llegar.

 


¿Cuál fue el mayor aprendizaje que tuviste en tu gira europea?


Creo que el mayor desafío en las giras es la convivencia, y el aprendizaje de estos años rodando por el mundo es que cualquier problema chiquito de convivencia, si uno le da una trascendencia mayor que la que tiene y redobla la apuesta, indefectiblemente se va a transformar en un problema grande y va a afectar a la música, por tanto siempre se apela al momento de silencio, a esperar a que el otro se calme, a calmarse uno mismo y retomar la tarea con entusiasmo sabiendo que cualquier problemita es inverosímil al lado de la tarea mayor que es la difusión del arte.

 


¿Qué anécdota recordás especialmente?


Una anécdota que recuerdo con cariño fue en Copenhague, ya que en esa ciudad empezamos bien de abajo y fuimos creciendo a lo largo de los años. En los primeros viajes que hicimos a Dinamarca, trabajamos en parrilladas argentinas y uruguayas, cantando a mediodía y en las cenas, haciendo unas zafritas unos días y luego nos íbamos después para Suecia y otros lugares. Pero en el tercer viaje logramos tocar en un teatro super importante -el Teatro Global de Copenhague- con carteles en las calles, en la vía pública, una cosa muy impresionante para nosotros. La radio local había difundido mucho algunos de los temas de mi segundo disco, entonces cuando nos pusimos a tocar el tema que acá hemos tocado muy poco, pero ahí sí tocamos, que es "Charrúa", los daneses gritaban en la sala coreando "Charrúla". ¡impresionante! No tiene precio.



¿Recordás cuál fue el primer disco que te compraste?


El primer disco que me compré en mi vida fue el álbum doble del Festival de Woodstock. Lo compré porque había visto en televisión la actuación de Joan Báez que me había dado una impresión grande, y la de Crosby, Stills & Nash. En el lado A había lo de Joan Báez y en el lado B lo de Crosby, Stills & Nash, así que me lo compré y en casa me llevé la gran sorpresa de conocer la actuación maravillosa y recordada de Joe Cocker en este festival de 1969. Fue una alegría muy grande.

 

¿Y el último?


El último disco que me compré fue uno que salió en formato tipo pirata, pero estaba en las disquerías - eran en vivos de Elvis Presley de los años 1954-1956, de la época con Scotty Moore que me gusta mucho. El disco trae una versión muy animada de "Blue Moon of Kentucky". Fui y me lo compré de una sin pensarlo.

 

¿Recordás cuál fue la primera canción (o disco) que te emocionó?


La primera canción que emocionó de niño fue "El titiritero" de Joan Manuel Serrat que encontré en mi casa en un vinilo que pertenecía a mi padre.

 


¿Y la última?


Últimamente estuve escuchando y me emocionó mucho "El Paraná en Una Zamba" en la interpretación de Amalia de la Vega. Este tema tiene muchas versiones, pero esta, en particular, realmente me hace erizar la piel.

 


Nombrá cinco autores que te gusten especialmente, y elegí una canción de cada uno.


Alfredo Zitarrosa, "La Coyunda"
Eduardo Darnauchans y Washington Benavídez, "El Nudo Desatado"
Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, "Arrabal Amargo"
Charly García, "Cómo mata el viento norte"
Jorge Luis Borges y Ástor Piazzolla, "A Don Nicanor Paredes".


Si pudieras elegir tres artistas (aunque ya no estén vivos) para compartir cartel, ¿Cuáles serían?


Me encantaría compartir el escenario con Amalia de la Vega, con Agustín Magaldi y con Joan Manuel Serrat, quien por suerte sigue vivo.


¿Qué libro estás leyendo?


En este momento estoy leyendo una biografía de Charlie Chaplin.

 

¿Qué artista nuevo no hay que perderse?


Leonel Gasso.

 

¿A qué artista no hay que dejar de escuchar jamás?


Nunca hay que dejar de escuchar a The Beatles.

 


¿Para qué sirven las canciones?

Las canciones sirven para disfrutar de un arte comprimido en tres minutos que pueda modificar nuestro estado de ánimo y generar un momento de reflexión y disfrute. Son unas de las mejores cosas que existen. ¡Y tienen sólo cien años! Porque su creación, su nacimiento dependió de la limitación que nos dejó la invención del fonógrafo. Antes, todas las obras eran más largas. El fonógrafo y sus tres minutos nos obligaron a los compositores a comprimir el arte y a darle forma en este corto tiempo.