Entrevistas
The Breakfast Club

Conversamos con Desayuno Continental, que este sábado se presenta en Sala Camacuá

La banda compartirá escenario con Monkelis en “Cancionísima”, un homenaje a los programas de concursos de canto de la TV italiana.
18.10.2018 15:20
2018-10-18T15:20:00


Todas las mentiras que querías escuchar,
el disco debut de Desayuno Continental, es una pieza extraña. A primera escucha parece un álbum de música pop rock, con guiños al punk y a la década del 80. DEVO, Blondie, Smiths y los Blockheads. Rascando un poco más, tras el cuidado amateurismo que respiran, las canciones son pequeños himnos para perdedores.

Con mucho humor y abundantes dosis de cinismo, Desayuno Continental es la banda de sonido para el que perdió el bondi, el que llegó tarde, el que no consiguió el aumento, el que pierde siempre el mismo examen, el peinado y sin fiesta. En Todas las mentiras que querías escuchar, sin embargo, no hay lugar para la autocompasión.

"Nunca fue una banda optimista", dice Santiago Pepe, cantante, tecladista y autor de las letras del grupo, y Laura Uriarte, vocalista y tecladista, apunta que "hay un sentido del humor compartido" por todos los integrantes.

La banda prepara lo que será su segundo disco, que, adelantan, será más oscuro y cuidado en la producción. Tranquilos, perdedores: la lírica irá por el mismo lado, y la venganza es un plato que se sirve frío.

*

Desayuno Continental me llama la atención desde el nombre...

S.P.: El nombre se le ocurrió al bajista nuestro hace como diez años, cuando teníamos otra banda. Y a todo el mundo le encanta el nombre...

 

Porque habla de esa cosa opulenta y variada, de distintos ingredientes, de distintos lugares.

S.P.: Sí. Y además es un nombre como agrandadito. No es un desayuno normal. Siempre me gustó jugar con el tema del humor, y la comida, en particular, me parece algo gracioso.


¿En qué sentido?

¡Yo qué sé! Como cuando jodés con el asado, y el medio tanque, una cosa contundente también tiene algo grosero, que a todos nos hace un cacho de gracia. Va por ahí. Igual, para mí, una vez que está el nombre y está bueno, hay que agarrarlo y mantenerlo. Siempre me costó mucho ponerle nombre a las cosas, así que una vez que apareció este nombre fue como "ya está".


¿A las canciones también?

Tampoco me parecen nombres muy... Las letras sí, las re defiendo y me encantan, pero los nombres, en realidad, no me parecen grandes nombres. No es de esas bandas que les los nombres y ves uno que está de más. Eso para mí está bueno.

Foto: Montevideo Portal | Martín de Benedetti

¿Qué bandas?

S.P.: Y, bandas como más punkies, con títulos con más gancho. Estas se llaman "El mago", "Comprar cigarros", yo qué sé... No son nombres que me atraparían a simple vista.

L.U.: "Comprar cigarros" está buenísimo. La primera vez que me mandaste el tema me "compró" más desde el nombre. Me hizo acordar a Los Simpson, a Nelson y el padre, que salió a comprar cigarros y no volvió.

 

He leído comentarios sobre Desayuno Continental en los que se los define como "mesuradamente optimistas", y no estoy de acuerdo. Para mí son canciones de fracasados que vuelven con el sol en la nuca, como de fin de fiesta.

S.P.: Para mí, nunca fue optimista.

L.U.: Me parece que la música tiene tintes optimistas, y hay muchos riffs gancheros, y músicas que te hacen mover el pie, pero la letra es completamente opuesta. Esa mezcla me interesa bastante.

S.P.: Siempre me gustó eso, que tiene por ejemplo Pulp. Canciones bailables pero que dicen cosas contrarias a la diversión en las letras. Me gusta el contraste. Si hacés una canción musicalmente alegre y la letra también es como redundante. Lo mismo si es al revés. "Perfect day", de Lou Reed, que sé que se puede interpretar como irónica, tiene una música que es un bajón, pero la letra no. Me gusta eso. Y también las canciones se van deformando con el tiempo. "El mago", que fue la primera, que es como re para arriba, yo la tocaba en el piano y era puro cinismo y rencor, y terminó siendo una canción para bailar.

 

¿Hay mucha venganza, mucho rencor en las canciones, no?

S.P.: Sale así. Es como lo que todos llevamos adentro. Muchas de las letras las escribo pensando en algo que sea aceptado por ellos.

L.U.: Y hay un sentido del humor compartido. Todos nos reímos más o menos del mismo tipo de situaciones y cosas. Es como más fácil encontrarnos todos en las letras.

 

No abundan las bandas con sentido del humor, en general.

S.P.: No sé. Yo odio las letras que son como nada. Un montón de palabras. Lo que pasa es que accedí a la música con bandas que jugaban con muchos tipos de emociones. Cuando era chico escuchaba al Cuarteto de Nos. Se pasaban para el otro lado. De niño escuchaba eso, me cagaba de risa. Estaba buenísimo. Y después encontrás humor en algunas frases, capaz que no son letras para leerlas y reírse.


Claro, "Comprar cigarros" tiene un aire levreriano, por ejemplo.

S.P.: Bueno, eso me gusta también en la literatura. Un libro que no me hace reír en ningún momento es difícil que me termine gustando. No es que busque el humor en los libros, pero es casi imposible que sea bueno si no tiene algo de humor. Bukowski, por ejemplo. Tiene cuentos con los que te cagás de risa, pero en todos, en algún momento, te despierta algo. Dostoievski tiene novelas que no son para reírse, pero en algún momento te reís, te lleva a eso. Y la música demasiado seria, demasiado solemne, no me interesa.

 

Y en la música de Desayuno Continental se aprecia cierta negación a que sea perfecta, tiene un aire amateur deliberado. Como que si los agarrara un productor los volvería algo que no son...

S.P.: Sí, obvio. Creo que nuestro primer disco fue muy nuestro porque no hubo preproducción. Fue nuestra. Los temas fueron como los veníamos ensayando, y después de que los grabamos, recién en la mezcla hubo una cabeza externa, que fue la de Orlando Fernández. Él puso lo suyo. Pero los arreglos, la forma de los temas eran nuestros, y entramos con muchos vicios que tienen las canciones, que si estás adentro no los ves. Ahora nos dimos cuenta. Por ejemplo, veo que estoy cantando todo el tiempo. O cuando canta Laura canta todo el tiempo, sin pausa en ningún momento del disco. Y es algo que estamos cambiando ahora.


No está mal eso...

S.P.: No, está buenísimo, pero ahora me emboló un cacho. Ahora, para el disco que estamos preparando ahora, hay momentos más instrumentales. Y ella canta más canciones.

L.U.: Está más pensado.

 

¡Se vendieron!

L.U.: [Risas] Nos organizamos.

S.P.: En realidad, si te ponés a pensar, nos vendimos pero al revés, porque lo nuevo es menos pop. Mucho menos.

Foto: Montevideo Portal | Martín de Benedetti

¿Para qué lado tira?

S.P.: Es más oscurito. Introducciones largas a lo Joy Division.

L.U.: Pero sigue teniendo la huella de las letras de Santiago.


¿Son exploradores musicales? Porque yo les encuentro cosas del pop español, desde los 80 hasta Hazte Lapón, cosas de DEVO, Lords of the New Church.

S.P.: Matías e Inti escuchan mucho rock español. Yo escuché en su momento Nacha Pop, me encanta pero no es una de mis influencias. Pero estoy escuchando música nueva siempre. Es imposible para mí hablar de influencias. Voy a lo que me gustaba cuando tenía 20 años, esa edad en la que estás con cosas más puntuales. Ahora, realmente, no me identifico con nada. Es imposible para mí.


¿Eso que te identificaba a los 20 años permanece?

S.P.: Permanece, pero ponele The Clash, Pulp, hace dos años que no los escucho.

L.U.: También ese tipo de bandas, como más grandes, son los puntos donde nos encontramos los cinco. Si te ponés a indagar, las influencias que tenemos son bastante distintas, pero hay algunas bandas o músicos que seguro nos gustan a todos. Pulp, Joy Division, Jonathan Richman. Es el idioma en el que podemos hablar y entendernos seguro.

 

¿Para qué Desayuno Continental? Es una banda under pero distinta por ahí a la enorme lista de bandas indies, ¿Se lo toman con despreocupacion?

S.P.: No, para nada. Laura se lo toma muy en serio...

L.U.: [Risas] Creo que hay diferentes intereses en el grupo. Yo tengo un vínculo con la música desde que soy muy niña, entonces para mí nunca fue un hobby. Tengo otros proyectos también. Lo hago, obviamente, con cierto grado de diversión, pero no es un hobby. Tengo 30 años, no estaría haciendo esto para divertirme. Lo hago porque no sé hacer otra cosa, y no tengo muchas ganas de hacer otra cosa.

 

No lo planteaba en términos de hobby o divertimento, sino en cuanto a una experiencia comercial. Seguramente si fueran una banda tributo a los Redondos les iría mejor...

L.U.: La verdad que sí, pero no podría dormir de noche. Crecimos en Uruguay, sabemos que vivir de la música es una utopía, entonces para nosotros no existe esa ilusión de hacer plata ni nada. Sí queremos tratar de hacer las cosas lo mejor posible, dentro de las herramientas que tenemos. En sentido me lo tomo muy en serio. Hacerlo para que salga bien. No como cuando tenía 18 años y tenía mi banda de punk con mis amigas, y nos juntábamos para tomar vino. Ya es distinto.

 

¿Son todas desdeñables esas experiencias?

L.U.: Son experiencias muy distintas, y con intenciones muy distintas. Tomamos vino, pero no en los ensayos. Quizá también porque, por la edad que tenemos, tenemos que empezar a optimizar el tiempo. Tomar decisiones más inteligentes.

S.P.: Tampoco quiero llenar Velódromos. No hay que fantasear con que la música que hacemos va a ser mainstream, nunca. Pero quiero que llegue a la mayor cantidad de personas posible a la que le pueda interesar. 3.000, 5.000, 10.000 personas, o lo que sea. La idea es hacer lo que a mí me haga feliz y moverme para que llegue a quien le pueda interesar. Ojalá algún día pudiera vivir de esto, pero no creo que sea posible. Y en mi mundo ideal, en un sentido más práctico, también me gustaría tener una carrera académica, o lo que sea, part time, combinada con la de músico. Si hay algo que me divierte es hacer canciones, más que tocarlas. Nunca quiero dejar de hacerlo. Haría canciones para otros, igual. Y si solo me dedicara a hacer eso sería como inflarme el ego, y estar todo el día hablando de mí mismo. Porque hacer canciones es también como hablar de uno mismo, o del entorno.

Foto: Montevideo Portal | Martín de Benedetti

Azael Gómez, de La Mujer Pájaro, planteaba que también le gustaría dedicar media jornada a las canciones, pero que no viviría de eso porque no querría depender del hit para pagar el alquiler...

S.P.: Obvio.

L.U.: Claro, ahí tenés una presión a la hora de sentarte a componer.

S.P.: No tenemos ninguna expectativa económica, más que financiar el disco.

 

Bueno, pero las canciones de Desayuno Continental tienen potencial pop, no son Suicide...

S.P.: Sí, pero ¿Cuántas canciones pop han surgido en Uruguay, en los últimos años, que digas que puede haber representado una diferencia económica para el artista?

 

En plata no, pero "Jordan" es una gran canción.

S.P.: Eso para mí sería como un techo. Me encanta ese tema. Pero es una excepción. Un tema que me encanta, que tiene un video que está bueno, que fue exitoso. Es un caso particular. No sé si puedo escuchar muchos otros que me gusten y hayan sido exitosos.

 

¿Y entonces cuál es la expectativa de Desayuno Continental?

S.P.: Estamos pensando en el segundo disco. No me proyecto más allá de eso. Seguramente sigamos existiendo como banda, pero para mí es difícil hacer proyectos a largo plazo. Quiero que el próximo disco sea diferente al primero, con el que nos identifiquemos aún más. Que sea un reflejo de lo que sentimos ahora.

L.U.: Va a ser más nuestro todavía, por el hecho de que lo venimos trabajando mucho en preproducción. Eso nos faltó en Todas las mentiras...


¿Ya no se sienten representados por ese disco?

L.U.: Sí, sí. Pero no pudimos trabajar los detalles, los arreglos. Salió de la sala de ensayo al estudio, de una. Ahora tenemos más idea de lo que estamos haciendo, y más herramientas para hacerlo mejor.

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Desayuno Continental y Monkelis presentan Cancionísima, este sábado 20 de octubre, desde las 21, en Sala Camacuá.

Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
jcostigliolo@montevideo.com.uy