Entrevistas
Con fiebre en las alas

Conversamos con Azael Gómez Sáez de La Mujer Pájaro

“¿Dónde está lo verdaderamente especial, lo interesante que era la música, la necesidad de expresarse, de decir algo? No sé qué está pasando”.
11.10.2018 16:18
2018-10-11T16:18:00


Un par de años atrás, La Mujer Pájaro me tomó por sorpresa. Era una banda joven y nueva, sí, pero conjugaba a la perfección el oficio de la canción con un ímpetu avasallador. Montado sobre "Más fuerte que el mar", un hit de acá a Ganímedes, en La calma de las cosas quietas, su álbum debut, el grupo se floreaba en el terreno de la música pop con singular soltura melódica y cuidado de padres primerizos en los textos. Puta, tenían cosas para decir.

En dos años, La Mujer Pájaro pasó de ser un grito en el desierto a un secreto a voces, que cada vez se parece más a un murmullo de aprobación. Empezó a tocar para más público, sonó en radios, cruzó el charco y grabó otro disco. Un gran disco. Faros ciegos [Bizarro, 2018], es un título del Ascenso, como le gusta al hincha: ganando, gustando, goleando.

Es un álbum perfecto. Como la luna, enseña su cara luminosa, pero tiene su rostro oscuro y estremecedor. El grupo suena sólido y convencido, y la voz de Azael Gómez Sáez, cantante y guitarrista, con la aguja yendo de la euforia al desgano, deja dudas como única certeza.

Hay revolución, amor y entusiasmo, así como pena y desencanto. Faros ciegos es un disco rebosante de música y poesía. Eso no es poco hoy día, pero hay más.

Después de escuchar "Martillos", el primer corte del álbum, di vueltas tontamente a una idea. "Martillos golpearán, redoblarán en la pared", dice el estribillo. Cada tanto volvía en loop a mi cabeza (soy muy malo cantando, así que solo lo hago mentalmente), y algo me resultaba extraño y a la vez familiar. Claro. "Redoblar", tal vez el verbo más caro a la música popular uruguaya. La murga, el carnaval, la canción de Rumbo, la resistencia. Se me ocurre que es una estupidez, pero igual se lo comento a Azael.


—¿Tenías conciencia de eso al componer la canción?


—Sí —me dice.


Y entonces compruebo que La Mujer Pájaro nos interpela, nos moja la oreja. Y eso están muy bien.

*

¿Por qué poner "redoblarán" y no "resonarán", "golpearán" u otra palabra? ¿Te diste cuenta de que es una palabra que conecta con el pasado de la música popular uruguaya?

Sí. Fue un poco adrede. Intento pasar todo por la máquina de la metáfora, como para que no quede todo tan literal, y esto era como una revolución interna, hay un martillo. Destruyamos esto y empecemos de nuevo, llevalo para el lado que quieras. Pero sí, esa palabra sí. Es emblemática.

 

¿De dónde sale la Mujer Pájaro?

Tuve unas pérdidas personales, mis dos viejos en cuestión de un año, y estaba en el horno. En un pozo, todo mal, con un hermano chico que sacar adelante, un sueldo bajo. Y me escudé en eso. Tenía otras bandas, pero era todo mucho más surreal. Acá lo tomé como terapia. Agarré y me grabé unas canciones, maqueteé y me aferré a eso. Se lo pasé a los gurises y quedaron fascinados.

 

¿Existía la banda?

No. Le pasé las canciones a Lengua, el violero, y me dijo "Vo, esto tenemos que hacerlo". Y ese disco se grabó en casa, con una tarjeta de 150 dólares. Grabé la viola, el bajo, la bata. Era la urgencia de poder analizarme y canalizar por ese lado. Aquellos dijeron de hacer un disco. No teníamos la banda completa, éramos tres. Se sumó la novia del Lengua, Lucía, y empezamos a grabar en casa. Vimos que empezó a tomar forma y decidimos grabarle las baterías, después de haber grabado todo lo otro, al revés de como debería ser. Y nos entusiasmamos para tocarlo. Se llenó el boliche, y ahí agarramos viento en la camiseta como para seguir. Terminamos de cerrar la banda, con todos los músicos, y ahí le dimos sin parar. Muy urgente todo.

 

Está bien eso de la urgencia, pero sin embargo hay mucho trabajo en las canciones...

Sinceramente, las canciones del primer disco las escribí en dos o tres meses. Agarré algún arreglo de cosas pasadas que tenía, y no reví las letras. Pensé que iba a quedar ahí, que lo iban a escuchar tres personas. Porque fue simplemente para eso. Para que saliera alguna flor de esas piedras. Hoy en día, y no es que reniegue de eso ni mucho menos, pienso que me podía haber tomado un laburito más en la composición. Capaz que no cambiaba nada.

 

¿Y ahora no te tienta cambiar una palabra?

No. Después que salen hay que ser un poquito fiel. Era eso, una fotografía de ese momento, y tenía que salir así. Para este disco sí le busqué un poquito más la vuelta. Las escribí como escupida, pero como se demoró la grabación y eso tuve más tiempo.

Foto: La Mujer Pájaro | Difusión


¿Es un disco conceptual?

Sí. Tiene guiños del disco anterior. Intento que no se note demasiado, pero está. Porque también son problemas, sentimientos, cosas muy personales, y a veces no querés desnudarte así, tan claramente, y menos si no sentís que tenés la capacidad poética para hacerlo y clavarla en el ángulo. A veces uno no tiene la seguridad para poder hacerlo tan literal. Pero sí tengo mis códigos, cosas que sabemos yo y alguno más de la banda, donde hay ganchos entre una y otra cosa. Sí son canciones de escape, de cambios de situaciones. Y tienen un hilo. Si le buscás la vuelta lo vas a encontrar.

 

Me llama la atención que, siendo ustedes tan jóvenes, hablen, ya en la primera canción del disco, de "desacelerar"...

Es personal eso. A veces estás tan como en la rosca que descuidás otras cosas de vos, y hay que respirar, inflar los pulmones, para poder salir después a comerte el campito. No fue tanto de la banda, porque como tal intentamos ir por el lado opuesto, en dos años hicimos dos discos, laburados todos por nosotros. Teníamos oportunidades, había gente bastante grossa que se ofreció a producirnos gratis, pero en este momento sentíamos que no. Escuchábamos las cosas, y las escuchábamos frescas. Capaz que venía alguien y nos decía "estas palabras no van, o acá está bastante oscuro", y no teníamos ganas de eso. Por ahora tenemos bien el hilo como para bancar un par de discos más así.

 

Ahora que decís oscuro, a mí me parece que las canciones de La Mujer Pájaro son oscuras, pero no es una banda dark, depresiva. Son, al mismo tiempo, optimistas, pero no es un optimismo inocente. Y me sorprende, porque muchas de las bandas no están hablando de esas cosas hoy.

Sí, tal cual. Escucho la música artesanal, con sangre. Ya escucho dos líneas, y por más lindo que suene, por más que te lo haya producido San Puta, si me estás hablando de la pista de baile y del traguito, ¡Afuera! No estoy para eso. No me parece sincero, no creo que aporte. Incluso hasta contamina. Y estamos todos en el mismo lodo, entreverados. Por ese lado nos queremos separar, queremos ser sinceros. Nos pasan cosas feas, y las miramos con un lado de optimismo, que pasen por ahí, pero también queremos mostrar las cosas que nos pasan. Dejarlas reflejadas en el universo de la canción, que te provoquen. Que nos provoque a nosotros primero. Hacerla con la criollita, solo, sin letra, pero si la melodía no me conmueve, no me vibra, afuera. La canción me tiene que mover como cada canción que escucho. Si no me despierta algo, si no me dan ganas de salir, de levantar la frente, de reflexionar, no lo escucho. Y tampoco lo hago. Intentamos ser fieles a eso. A veces nos sale, y a veces no.

 


¿No se sienten medio solos?

Bastante. Somos outsiders. ¿Qué está pasando? Capaz que es la fácil no querer exponerse, estar leyendo el librito de lo políticamente correcto. No sé por qué esa necesidad de tener que ser tan tibios. Capaz que, buscando un poco más de popularidad o comercialidad, que acá no existe. Entonces queda a mitad de camino de todo. A nosotros no nos importa eso, y el proyecto no fue creado para eso. Hacemos lo que siempre tuvimos en la cabeza. Canciones fieles, con sangre. No sé si nos sale o no, pero es eso. Escuchamos todo, y mucho pelito, gel, coso, ¿Dónde está lo verdaderamente especial, lo interesante que era la música, la necesidad de expresarse, de decir algo? No sé qué está pasando.

 

¿Dónde encontraban antes eso que ahora no está?

En la música vieja, en la música de los 90. ¿Como escuchas, decís?

 

Como escuchas, como público, como copiones, porque uno siempre empieza copiando.

Y... Yo de pibe escuchaba Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Charly [García]. Después, un poquito más grande, descubrí a [Eduardo] Mateo. Me interesó su persona, su manera de vivir, también, porque hay que bancar lo que decís con lo que hacés. Ahí también se bifurca el río. Hay muchos que predican, pero no hacen. ¡El Darno! El Darno [Eduardo Darnauchans] me partió la cabeza. El Sansueña debe ser uno de los discos que más escuché en mi vida. Es un disco muy sincero, se le nota la sangre a la primera escucha. Me mató. Su poesía. Sí, tiene una depre que le sale por todos los poros, pero ¿Qué más sincero que eso? Ahí empecé a escuchar a los cantautores uruguayos, la música popular, y era pura sangre, era verdad.

Foto: Montevideo Portal | Martín de Benedetti


Bueno, a mí me pareció eso de Faros ciegos. Si bien es un disco pop, de origen digamos anglosajón, a veces más rock, a veces más funk, es profundamente uruguayo, que viene con la escarapela...

Y sí. Hijo de padres tupamaros, criado en comités de base. Vi a la gente moviéndose, intentando hacer cosas. Luchadores sociales. Viví toda mi vida en un barrio periférico, soy de Punta de Rieles, clase media baja. Me crié ahí, un pibe de barrio. Me crié rateándome al liceo para ir a tocar el tambor en la esquina. Ojo, soy un tronco tocando el tambor. Había mucha cumbia, lo "terraja", pero eso también tenía mucha realidad. Música "marginal", por decirlo de alguna forma, y mamé de eso. De costado. No soy ajeno a eso. No es la música que consumo, porque después me volaron la bocha otras cosas, pero está ahí. Me curtí con todo eso.

 

¿Para dónde va La Mujer Pájaro ahora? Vienen creciendo, tienen el reconocimiento de referentes de la música...

Es raro. No sé. Fue todo casualidad. También vamos y tenemos que lucharla para llevar 100 personas. Igual nos chupa un huevo, porque cada mensajito que te mandan, que te dicen "tal tema me parte la cabeza"... Una mina en Brasil, que no conozco, se tatuó una frase de "Martillos". El día que salió el disco me mandó el video de eso, y puede sonar una pelotudez, pero me temblaron las piernas. ¡No la conozco, no sé quién es! Cómo te tiene que calar una canción para que llegues a ese punto... Esas son las cosas que valen.


Eso quiere decir que hicieron las cosas bien de acuerdo a lo que planteabas en tanto a conmover...

Sí. A veces tenemos el apoyo de algunos medios que nos difunden, pudimos salir del microcircuito nuestro, y eso nos permite llegar a otros oídos, sin ánimo de buscar ningún tipo de rédito económico, ni nada. Simplemente eso. Hacerlo porque nos hace bien a nosotros.

 

¿Ninguno de ustedes vive de la música?

No, ni cerca. Y dudo si quiero hacerlo en algún momento. Me parece que es como todo oficio. Cuando empezás a depender económicamente de eso perdés un poco de frescura, tenés tiempos que te corren. Empezás a mirar para los costados, que es algo que nunca hago. Me parece que cuando dependés mucho de eso empezás a mezclar las cosas.

 

Cuando dependés de un hit para pagar el alquiler...

Eso mismo. Empezás a mirar para los costados, te entrás a contaminar y se te entra a ir toda la esencia a la mierda. No te digo que no me gustaría trabajar cuatro horas y poder dedicarle cuatro horas por día a esto, pero ta. Lo disfruto así.

**

La Mujer Pájaro festeja la salida de Faros Ciegos este viernes 12 de octubre en Inmigrantes [Guaná y Juan Paullier, desde las 23:00] con Garo Arakelian como artista invitado.

Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
jcostigliolo@montevideo.com.uy



%%BannerEspecial1%%