En el pasado marzo, con el inicio de la pandemia por COVID-19 en el mundo occidental, los supermercados fueron escenario de situaciones inéditas. Miles de personas se abocaron a acopiar productos de primera necesidad como si tuvieran por delante una situación apocalíptica propia de una película de zombis. Curiosamente, uno de los productos más demandados fue el papel higiénico.
Días atrás dábamos cuenta del caso de un ciudadano australiano que intentó aprovechar la situación para especular. El sujeto se apresuró a comprar miles de rollos de papel higiénico y cientos de litros de alcohol en gel. Sin embargo, el tiro le salió por la culata, dado que las plataformas de compraventa online donde intentó comercializar su mercadería le dieron de baja a su cuenta.
Desesperado, el hombre intentó devolver los productos al supermercado donde los había comprado, pero allí le dijeron que regresara por donde había venido.
Ahora, también en Australia, el acaparamiento de papel higiénico vuelve a ser noticia. En este caso, según la prensa local, no se trató de una situación de especulación sino de acumulación para uso familiar. En concreto, la desesperación le jugó una mala pasada a una mujer de Queensland, quien compró cientos de rollos de papel higiénico. Luego, más calmada, se dio cuenta de que semejante stock era una verdadera locura.
En su publicación, la mujer ofrecía 378 rollos de papel marca Quilton en paquetes cerrados de 18 unidades, a la mitad del precio de venta en supermercados. Además, se atajaba de eventuales ataques, señalando que su excesiva compra tenía como fin asegurar que ella y su familia estuvieran preparadas para la pandemia.
Sin embargo, esa advertencia no la libró de ser blanco de numerosas críticas y agresiones en la red, por parte de quienes la criticaban por haber impedido en aquel entonces que otras personas consiguieran papel. Por ello, le sugirieron que "cargara su cruz" conservara el papel higiénico y le diera su uso habitual.
Además del acopio de productos de limpieza, la pandemia ha generado otras curiosas conductas de consumo. Según informa el medio digital La Nueva España, en ese país europeo tuvo lugar un fenómeno singular. Pasados los primeros días de alarma, comenzaron a agotarse productos usualmente no tan demandados, como la harina y la levadura ¿La explicación? El confinamiento hizo que a muchos les surgiera la inspiración repostera y pastelera, y las redes sociales se llenaron de tortas y bizcochuelos caseros.
Asimismo, se experimentó un notorio repunte en la venta de snacks de todo tipo, algo que puede ser un indicio de un aflojamiento en el cuidado de la salud alimentaria.
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