"La posdata es el suspiro final de una confesión que nos habilita a recuperar de nuestra memoria algo que quisimos decir y se nos pasó de largo. Es la chance que se nos abre al terminar una carta para sumarle todo aquello que se escapó de nuestra concentración"
El artista que ha hecho de su vida una permanente y profunda investigación, y que ha dejado la mayor parte de su obra diseminada por los caminos que recorrió uniendo su pasión por la pintura y su pasión por los viajes, decidió a sus ochenta y ocho años escribir la posdata de su vida.
Como una obligación que se impuso a sí mismo, mientras recorrió el mundo pintando murales, filmando o haciendo exposiciones, fue reflejando en el papel sus impresiones. Revisó este cúmulo de anotaciones y las llevó a las páginas de este libro, donde queda reflejada su particular forma de ver el mundo.
No recular nunca, no dejarse vencer por las contrariedades, responder con una sonrisa a las ofensas, enfrentar con optimismo los contrastes, desvestirse de arrogancia, optar por el camino de la humildad, actuar sin aspirar a la medalla, son algunas de las fórmulas que Páez Vilaró ha puesto en práctica y que deja ver a lo largo de estas páginas.
"La vida no es otra cosa que una excusa para encontrar la manera de vivirla. Por eso, al llegar a mis ochenta y ocho años recargo las pilas y avanzo hacia el misterio."
El autor
Nació en Montevideo (Uruguay) el primero de noviembre de 1923. En su juventud partió hacia Buenos Aires (Argentina), donde se vinculó a las artes gráficas como aprendiz de cajista de imprenta. De regreso en Uruguay, motivado por el candombe y vinculado con la vida del conventillo Mediomundo, pintó sus motivos, compuso para comparsas lubolas, decoró tambores, y buscó imponer ese ritmo dentro de la vida cultural uruguaya.
Pintó también lavanderas, velorios, navidades, mercados y bailes a la luz de la luna. Agotado el tema, partió hacia Brasil, desde donde inició un largo viaje a través de todos aquellos países en los que la negritud tenía una fuerte presencia: Senegal, Liberia, Congo, República Dominicana, Haití, Camerún, Nigeria...
A lo largo de ese recorrido, pintó centenares de obras, realizó múltiples exposiciones y dejó su sello en monumentales murales. Se volcó a la pintura, a la escultura, a la cerámica y al cine. Conoció a Picasso, Dalí, De Chirico y Calder en sus talleres y vivió con el doctor Albert Schweitzer en el leprosario de Lambaréné.
Integrando la expedición francesa "Dahlia", realizó en África el filme Batouk, elegido para clausurar el Festival de Cannes de 1967. Dos años más tarde volvió a presentar allí su nuevo filme Pulsation, con música compuesta especialmente por Astor Piazzolla.
Radicado finalmente en Punta Ballena, tiene su taller en la cúpula mayor de su Casapueblo, su "escultura habitable", modelada con sus propias manos sobre los acantilados que dan al mar.