Según un informe de la BBC, Finlandia es el país más feliz del mundo, con “una alta puntuación en apoyo social y baja percepción de corrupción”, además de que “sus habitantes suelen destacar la red de seguridad social que genera bienestar”. Pero además de eso, cuenta con paisajes increíbles que enamoran a cualquiera; el 75% de su superficie está cubierta de bosques, tiene el mayor archipiélago del mundo y el distrito de lagos de mayor extensión de Europa.

Todo eso, más sus impresionantes auroras boreales que iluminan el cielo por las noches, contribuye a que en este país nórdico se viva de forma espectacular.

Y, como siempre, hay un uruguayo para contar cómo es esta nación. En este caso, y por primera vez en “Los caminos de la vida”, es una uruguaya. Ella es Paulina Blanco, la protagonista de la historia de hoy.

“Desde que tengo memoria, juego al fútbol”, dijo a FútbolUy esta arquera de 21 años oriunda de Empalme Olmos, departamento de Canelones.

“Al principio era complicado porque los niños en la escuela no querían, pero me fui ganando un lugar. Mi madre tenía el miedo de que los varones me pudieran lastimar, pero mi abuelo le dijo que me llevara a jugar”, recordó.

Fue a La Unión de Empalme Olmos, en el que no había femenino, pero el técnico no quiso que ella estuviera: “En el momento fue frustrante porque no entendía el porqué, porque somos todos niños y es un deporte; va más allá de si somos niños o niñas”.

“Fue un chip, diciendo ‘¿quién es esta persona para decir si puedo jugar o no?’. Era una niña y era lo que quería hacer”, contó.

En ese momento, se estaba armando el equipo femenino de Atlanta Junior de Pando, por lo que comenzó a jugar ahí. “Como la historia de todo arquero”, inició en otra posición, pero un día no había quien atajara y la única que se animó fue ella.

Estuvo dos años y luego volvió a su ciudad natal para, ahora sí, jugar en La Unión, que creó femenino: “Ahí ya no pensaba en el momento frustrante que había pasado porque ya estaba haciendo lo que me gustaba”.

“Ahora, por suerte, es distinto. Mi prima, por ejemplo, jugaba con varones y después pasó al femenino”, comentó.

En 2018 la llamó San Jacinto Rentistas, que jugaba en su misma liga, pero, además, en AUF. Pasó de cancha de siete a cancha de 11 y “al principio la diferencia fue gigantesca, porque ya los arcos daban un poquito de impresión”.

Un año más tarde, la ficharon para jugar en AUF, en 2020 debutó en Primera y se mantuvo en el equipo hasta 2021, cuando pasó a Montevideo City Torque, que en ese momento estaba en la segunda categoría.

Fueron campeonas de todo y ascendieron. Además, estuvo entrenando con la selección uruguaya sub-20.

“Siempre me lo tomé en serio: faltaba a cumpleaños, juntadas con amigos, vacaciones. Lo priorizaba desde chica. E ir a AUF fue un cambio como ‘se está volviendo más serio’”, señaló.

“En San Jacinto entrenábamos dos veces por semana, como se podía y en los espacios que teníamos. Era mucha garra de los padres y los técnicos. Lo que teníamos no era ‘wow’, pero era suficiente para motivarnos para competir”, destacó.

En cambio, “Torque fue un cambio grande porque teníamos el mismo gimnasio que usa la primera del masculino, frutas y yogur, sanidad, fisios, ropa nueva con todo lo que pedís, y un viático”.

Además, en 2024 comenzó a jugar al fútbol sala en Nacional, en sub-20. Hizo ambas cosas en simultáneo: “Fue medio que un tetris ir de acá para allá. La prioridad era el fútbol 11; iba a entrenar una vez sola por semana al fútbol sala y todos los días con Torque. Jugaba sábado y domingo, pero alguna vez tuve que correr de una cancha a otra”.

En 2025 fue citada a la selección sub-20 de fútbol sala para disputar el Sudamericano en Paraguay y, luego de esa experiencia, le llegó la oportunidad de irse del país, más específicamente a Finlandia, para jugar en el FC Hertta de la Tercera División.

Al frío extremo

“El requisito indispensable era tener pasaporte, y yo tenía el italiano, así que mandé un video con recortes y ellos la oferta. Fue todo inesperado, en una semana. Justo estaba hablando con mi representante para salir de Torque el año siguiente, y se dio que cuadró todo de esa manera”, relató.

“Siempre logré transmitirle a mi familia y amigos que quería jugar al fútbol y, cuando lo hablé, todos decían ‘se te dio por lo que tanto trabajaste’, ‘mandale’. Mi madre nunca me ató y mi hermano me dijo ‘te ayudo a armar la valija’”, mencionó.

Su llegada al país nórdico fue más fácil de lo esperado: “Un matrimonio muy amigo de mi familia estaba viviendo en España y Andrea, la mujer, se vino conmigo la primera semana. La llegada fue más amistosa”.

“Llegué al aeropuerto de Helsinki, donde me estaba esperando el presidente, y salimos en tren, que eso ya es distinto porque en Uruguay no tenemos. Son cinco o seis horas hasta esta ciudad”, ahondó.

“Era invierno, hacía frío y había nieve. A las nueve de la mañana era de noche y a las cuatro de la tarde ya era de noche de vuelta”, dijo sobre su llegada, pero también destacó que “en verano hubo semanas de 29 grados, pero un calor lindo, no sofocante”.

En cuanto a la adaptación, dijo: “La comida es más o menos similar, eso no fue complicado. Pero lo cultural sí fue un choque porque es muy distinta la forma de relacionarse; nosotros somos muy de llegar y saludar, dar la mano, un beso, un abrazo, pero acá no hay contacto, decís ‘hola’ nomás”.

“Tenía un inglés muy básico. Ir a comprar al supermercado era complicado porque estaba todo en finlandés y en las tiendas no todos hablan inglés”, comentó, y siguió: “En finlandés ahora entiendo de lo que hablan y digo alguna que otra frase, pero no lo manejo todavía porque es muy complicado”.

La liga en la que juega “no es profesional”, pero su club tiene un proyecto “a largo plazo de darle oportunidades a sus juveniles y reforzarlas con jugadoras de afuera con otra experiencia”.

“El nivel de la liga es más o menos como el que hay en Primera en Uruguay”, aseguró, y continuó: “Primera, en su mayoría, son profesionales, pero algunos no, aunque tienen viáticos. Se transmiten todos los partidos y en el informativo ves las cosas del femenino”.

Las instalaciones para entrenar no son del club, sino de la ciudad, pero las reservan solo para ellos con canchas, gimnasio y materiales. Además, “en Tercera División es el único club que tiene jugadoras a tiempo completo y uno de los pocos que paga algo”.

“Me dan el apartamento con luz y agua, el chip para el celular, una comida por día de lunes a viernes en un restaurante que es sponsor del club, la comida del día de partido, gimnasio y un sueldo. Vivo cómoda”, afirmó.

Paulina contó cómo es su día a día en Finlandia: “Tengo gimnasio cuatro veces por semana de mañana, una vez por semana en cancha de mañana y después de tarde en cancha. Después voy a comer, duermo una siesta y me voy a entrenar a las arqueras sub-15”.

“Al futsal no puedo jugar porque no me dejan, pero estoy entrenando a las arqueras”, indicó.

Con respecto a su futuro, mencionó: “Mi idea es quedarme [en Europa] lo más que pueda. Siento que puedo crecer acá y el proyecto del club me convence, así que por ahora el plan es quedarme, pero siempre buscando crecer, entonces, si hay ofertas mejores, las voy a agarrar”.

Jugar en la selección “es lo más lindo y un sentimiento inexplicable”. “Siempre estoy creciendo y tratando de llegar en algún momento, pero hay arqueras muy buenas que merecen estar ahí”, aseveró.

Ante la consulta de cómo ve el nivel del fútbol femenino en Uruguay, expresó: “Va creciendo de a poco, pero tiene muchas trabas. Hay situaciones que se viven todos los años, como que no se sabe cuándo empieza el campeonato, las condiciones, las trasmisiones de los partidos. Desde el lado de las jugadoras se hacen muchas cosas, se intenta crecer, pero parece que es la gente de arriba que tranca y no quiere que se desarrolle”.

“Se lucha por condiciones básicas: tener una cancha en condiciones para entrenar, tener ropa que no sea cinco talles más grandes y 10 años de usada, tener pelotas dignas, jugar en canchas que llamen al público, no jugar en un complejo que esté lejos y no pueda ir nadie, la difusión… Potencial hay, falta apoyo”, ahondó.

Sí recomendaría a colegas uruguayas jugar en Finlandia: “Primero que nada, es la oportunidad de vivir de lo que te gusta, solo enfocándote en eso, algo que en Uruguay no pasa. Si bien el nivel no es un salto tan grande, las condiciones hacen la diferencia”.

Y cerró con una reflexión: “No es fácil estar lejos de la familia, pero el poder vivir tu sueño te llena. Trabajen y luchen sin importar lo que digan los demás ni las adversidades que pueda haber”.