Los “tacheros” de la vieja escuela lo repiten siempre: el taxi es una suerte de confesionario o diván de psicólogo, en el cual los pasajeros pueden despacharse con las conversaciones más diversas. O al menos lo era en los viejos tiempos, cuando la mampara no obstruía el diálogo, ni los celulares mantenían a cada persona dentro de su burbuja individual.
Además, en su andariega profesión, los obreros del volante se ven expuestos a todo tipo de situaciones y deben responder y resolver de inmediato.
Eso fue precisamente lo que le pasó a Miguel Eiroa, conductor del móvil 2648 del servicio 141. En las últimas horas, el trabajador fue involuntario protagonista de una situación límite.
Según sus declaraciones, publicadas en las redes sociales de la empresa, los hechos ocurrieron en la noche del sábado, y pusieron a prueba sus reflejos y capacidad de reacción.
“Fue alrededor de las ocho de la noche. Me hicieron señas por la calle Mercedes, el cliente sube y me indica que lo lleve a la emergencia del SMI”, contó Eiroa.
En el momento de subir al auto, el pasajero “venía hablando por teléfono, avisándole a un familiar que se había sentido mal. Yo le pregunté si estaba bien y me comentó que había sentido un dolor fuerte en el pecho y en el brazo y que se había asustado un poco, por lo que iba a consultar. Le dije que se quedara tranquilo, que en breve llegábamos y apuré la marcha”, recordó.
Sin embargo, el cuerpo del pasajero no esperó y hubo que cambiar de planes.
“De repente, me dice: ‘Ahí me vino otra vez’ y se desvaneció hacia un costado, no me contestó nada más. Ahí empecé con luces y bocinazos para tratar de llegar lo antes posible a la emergencia más cercana, porque recordé que en estos casos cada minuto cuenta”, señaló.
Por ello, en lugar de seguir rumbo al SMI, se dirigió a un centro de salud que estaba más a mano.
“Llegamos a la Médica Uruguaya y empecé a gritar llamando a un doctor, en seguida vino una doctora a chequearle los signos vitales y avisó a los enfermeros que vinieron a cargarlo e ingresarlo”, relató.
“La verdad, fue un susto tremendo, y por suerte llegué a tiempo. Nunca en mis años de taximetrista me había pasado algo así. Pienso que hice lo que cualquier persona hubiera hecho en una situación así”, concluyó.
El pasajero, llamado Miguel, literalmente vivió para contarlo. En comunicación con la mencionada empresa, dijo que fue intervenido quirúrgicamente y que ahora se recupera satisfactoriamente. Una vez fuera de peligro, procuró ponerse en contacto con el taxista para expresarle su gratitud.
En redes sociales, la publicación acumuló miles de interacciones y comentarios, la gran mayoría de ellos con encomios hacia el trabajador.
“Felicitaciones al chofer, en esos casos un minuto vale una vida”. “Felicitaciones al taxista. Qué suerte que tuvo el hombre de haberse subido a su taxi. Nunca perdió la cabeza y razonó bien, cada minuto cuenta en un ataque”. “Juzgamos a los tacheros, muchas veces por sus comportamientos en el tránsito, ese es otro tema, pero en cuanto a la empatía con el cliente, la gran mayoría son cracks”, fueron algunos de los comentarios.