A mediados del siglo pasado, el brasileño Jorge Amado ya era un escritor famoso. Algunas de sus obras, como Cacao, Sudor, o Mar Muerto, se traducían y leían en todo el mundo.

Perseguido por su militancia comunista, en la década de 1940 se vio obligado a abandonar su país y exiliarse. Residió en Argentina y también en Uruguay, para luego marcharse a Europa, donde pasó algún tiempo en Francia y luego se radicó en Checoslovaquia.

El episodio que nos ocupa, y del que están a punto de cumplirse 73 años, ocurrió en la noche del 13 de febrero de 1953, cuando Amado se encontraba en medio de un periplo europeo y aterrizó en Lisboa, Portugal.

Lo de “aterrizar” puede tomarse al pie de la letra, ya que por entonces gobernaba el país luso el dictador fascista Oliveira Salazar. A la sazón, la obra de Jorge Amado estaba prohibida en Portugal, y esa restricción era extensiva al autor, quien solo fue admitido como visitante trece años más tarde, en 1966.

Ante el arribo del escritor, el régimen de Salazar admitió que aterrizara el avión en el que viajaba en el aeropuerto de Portela, pero se le prohibió salir de la terminal aérea.

Sabedores de la llegada del célebre escritor, un grupo de intelectuales portugueses hicieron un plan para homenajearlo y a su vez descargar una bofetada de guante blanco sobre el rostro de la dictadura: si Mahoma no iba a la montaña, la montaña iría a Mahoma, y se organizó así una cena de reconocimiento dentro del aeropuerto.

En redes sociales, el profesor lisboeta Paulo Marques recuerda que del ágape participaron algunos de los nombres más destacados de las letras lusitanas de aquel momento:  Francisco Lyon de Castro, Maria Lamas, Alves Redol, Cardoso Pires, Mário Dionísio, Carlos de Oliveira, Ferreira de Castro, João José Cochofel, Roberto Nobre y Fernando Piteira Santos.

El plan de los escritores llegó a los oídos de la PIDE, la “Gestapo portuguesa”, de triste memoria en el país, responsable de torturas y asesinatos durante la dictadura, y también de las únicas cuatro muertes que se produjeron en la incruenta revolución del 25 de abril de 1974, que puso fin al régimen.

Imagen de archivo / Gerardo Carrasco

Imagen de archivo / Gerardo Carrasco

En una de las fotografías del evento, que quedó para la posteridad, se puede ver a varios agentes de la PIDE en mesas del restaurante del aeropuerto, cerca de aquella en la que se producía el agasajo.

Tras la inusual cena, alrededor de las nueve de la noche, Jorge Amado abordó un avión con destino a Río de Janeiro. Sin embargo, sus colegas portugueses se quedaron hasta tarde tomando café, fumando y charlando, bajo la atenta vigilancia de la PIDE.

Cuando, ya cansados y somnolientos, los escritores decidieron salir del restaurante del aeropuerto, la intervención que se temían se produjo a mitad de las escaleras: los agentes los identificaron uno por uno. Sin embargo, no encontraron mérito para detener a ninguno, y se les permitió irse a casa libremente.

Sin embargo, la tarea de los agentes no terminó allí: tuvieron que regresar a sus oficinas a redactar un extenso informe sobre una simple cena.

Dicho reporte estuvo disponible para todo el mundo en el año 2012, cuando la Biblioteca Nacional de Portugal instaló la muestra “Jorge Amado en Portugal”, y de la que también formaban parte algunas fotografías de la “cena subversiva”.

RTP

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El meticuloso reporte incluía un croquis de la disposición de los asientos en la mesa y la descripción: “[...] Este individuo, que permaneció solo una hora en el aeropuerto de esta ciudad, fue recibido por un conocido grupo de intelectuales portugueses de extrema izquierda [...]. Jorge Amado conversó con todos sus invitados, especialmente con los reconocidos escritores Ferreira de Castro y Maria Lamas”.

Caprichos del destino

Para ironía de la historia, uno de los agentes fotografiados en el restaurante era el siniestro inspector António Rosa Casaco, fotógrafo de Salazar y jefe de la brigada que asesinó a Humberto Delgado, oficial de la fuerza aérea que se opuso al dictador y fue conocido como “el general sin miedo”.

En el colmo de la simetría histórica, Delgado fue asesinado también un 13 de febrero, pero de 1965.

En 2016, el aeropuerto de Portela, donde tuvo lugar la cena en cuestión, fue rebautizado como Humberto Delgado.