“Me desperté un día y no podía orinar” dijo la londinense Elle Adams, quien no tenía en ese momento ninguna otra molestia de salud..

“Me desperté un día y no podía orinar” dijo la londinense Elle Adams, quien no tenía en ese momento ninguna otra molestia de salud.

Una mujer pasó sin orinar nada menos que un año, algo que le produjo incontables molestias. A raíz de la imposibilidad de satisfacer tan elemental necesidad fisiológica, decidió acudir a un hospital de Londres, y tras investigaciones descubrió que padecía un síndrome raro.

Los problemas para Elle Adams comenzaron en octubre de 2020, cuando se despertó y descubrió que no podría “ir al baño” por más líquido que bebiera.

La mujer, que tenía entonces 30 años, decidió acudir al Hospital St. Thomas de Londres, donde los médicos descubrieron que tenía un litro de orina retenido en la vejiga.

Para solucionar el problema, los profesionales decidieron utilizar un catéter para drenar el líquido. Eso permitió aliviar la situación, pero no resolvió la situación de fondo.

Ante la falta de soluciones definitivas, los médicos le enseñaron a la paciente cómo autocateterizarse y la enviaron a casa, pero fue solo el comienzo de sus problemas de vejiga.

Después de un período de 14 meses en los que no pudo orinar normalmente y muchas pruebas, a Adams finalmente se le diagnosticó el síndrome de Fowler, una incapacidad para orinar normalmente.

El síndrome de Fowler es una condición que causa dificultad para orinar y retención urinaria, que se presenta principalmente en mujeres jóvenes de entre 20 y 30 años. Se desconocen las causas y los tratamientos para la afección son limitados.

El diagnóstico significa que Adams tendrá que orinar usando un catéter por el resto de su vida.

“Estaba extremadamente saludable. No tuve otros problemas”, explica la mujer sobre su estado de salud antes de que comenzaran los problemas urinarios

“Me desperté un día y no podía orinar. Estaba muy preocupado por no poder completar una tarea simple como ir al baño”, agrego en declaraciones recogidas por Yahoo Life UK.

La mujer asegura que no poder ir al baño había “cambiado por completo” su vida.

Para descubrir qué estaba causando sus problemas de vejiga, se sometió a una prueba de urodinámica, un procedimiento que analiza qué tan bien funcionan las partes del tracto urinario inferior para almacenar y liberar orina, en el Guy’s Hospital de Londres.

“Me dijeron que era probable que sufriera Fowler”, explica. “Me hablaron sobre las opciones de tratamiento que eran mínimas: probamos con medicamentos, pero no hizo ninguna diferencia. La única opción para mí era someterme a una estimulación del nervio sacro que actúa como un marcapasos para la vejiga”.

La estimulación del nervio sacro envía impulsos eléctricos suaves a través de una sonda, un cable delgado, que se coloca cerca del nervio sacro (en la pelvis). Funciona de modo similar a un marcapasos, pero en lugar de estimular los latidos del corazón, estimula los músculos responsables de la micción para que funcionen normalmente.

En enero de este año, Adams se sometió a una operación para colocar el mecanismo.

“No me cambió la vida, pero ayuda”, resume. “Me cateterizo mucho menos, más o menos la mitad que antes”, detalla la joven.

Después de dos años de lo que ella describe como un “infierno”, Adams dice que el procedimiento le ha facilitado la vida.

“No podría haberme imaginado continuar de la forma en que vivía antes. Fue muy agotador y me arruinó  la vida”, asegura.

“Se estaba volviendo difícil imaginar que esa habría sido mi vida para siempre. Ahora puedo orinar por mi cuenta, he reducido mucho mi autocateterismo”, describe.

“Todavía es difícil, pero es mucho mejor de lo que era antes”, concluye.

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