El arte de perder.

Psicóloga española advierte sobre la conveniencia de dejarse o no ganar en los juegos con los niños, y sobre la conducta de los niños que se irritan al perder.

Muchos padres comienzan ilusionados con sus hijos de corta edad a jugar a sencillos juegos. Celebran ver cómo los pequeños saben lo que tienen que hacer y logran la victoria. Es más, lo habitual es que se dejen ganar para ver la amplia sonrisa de sus hijos. Pero cuidado: esta forma de actuar puede tener sus consecuencias negativas si se mantiene en el tiempo.

Si un niño está acostumbrado a ganar, en el momento en que tenga que enfrentarse a la derrota, lo más seguro es que no se resigne y tenga una gran rabieta e, incluso, se manifieste algo violento y tire al suelo el juego en cuestión

La violencia no debe admitirse en ningún caso. Según Susana Cruylles, psicóloga clínica y terapeuta de familia del madrileño Hospital Universitario Príncipe de Asturias, este tipo de reacciones deben ser corregidas de inmediato. La tolerancia a la frustración debe ser aprendida desde el primer momento. "No obstante, el niño tendrá este comportamiento si ve en su entorno que los padres, o profesores, solucionan una situación similar dando un golpe con el puño en la mesa, una patada a la silla... Es decir, los padres son un modelo a seguir y si ellos actúan así, los niños le imitarán", explica en declaraciones citadas por ABC.

Cruylles recomienda a los padres que expliquen a sus pequeños que cada vez que participan en un juego tienen que saber que unas veces se gana y otras se pierde. En el caso de que pierda, el adulto debe decirle "sé que te sientes triste y enfadado por perder. Entiendo que te sientas así porque es más divertido y satisfactorio ganar, pero no pasa nada, hay que seguir adelante y probablemente la próxima vez podrás ganar". Es decir, se trata de ayudar "a que el niño identifique sus sentimientos -el enfado- para que pueda aprender a controlarlo. Es la base de la salud mental -puntualiza Susana Cruylles-. Es muy importante que sepan aceptar la frustración porque si no lo hacen de pequeños, tendrán muchas rabietas y sufrirán mucho. Más tarde, con 10 años no aceptarán perder un partido; con 20, que los deje su novia o con 25 no encontrar un trabajo. . ."

También señala la importancia de ofrecerle juegos adecuados a su edad. "Hay muchísimos padres que, por ejemplo, les facilitan videojuegos con contenidos violentos o para más mayores por lo que no los comprenden y es difícil que puedan ganar y se sentirán frustrados porque no saben hacerlo".

Otra buena táctica, cuando no son capaces de aceptar la derrota consiste en que juegue dentro de un equipo, de esta manera la pérdida será común y -por aquello del "mal de muchos", más llevadera.

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